‘Big Data’ sin sorpresas

Junto con las nuevas tecnologías han proliferado términos que han llegado para quedarse, explicamos qué es el ‘Big Data’

Photo by Carlos Muza on Unsplash

Durante los últimos años han aparecido nuevos términos en nuestro vocabulario. Los medios, la publicidad, las marcas y sus gurús, etc. nos han saturado sobre la importancia del Big Data, el internet de las cosas (Internet of Things, IoT) y la inteligencia artificial (IA).  Prueba de ello es que realizando una simple búsqueda del término “Big Data” en Google Trends, la herramienta de Google que permite analizar la evolución en la búsqueda de términos en su buscador, vemos como esta tecnología está lejos de ser una moda y ha llegado para quedarse con nosotros durante mucho tiempo. Pero la realidad es que pocas veces nadie se ha detenido a contar qué son exactamente y qué van a significar en nuestra vida.

El surgimiento de estas tecnologías junto con un contexto social y económico adecuado ha provocado “la tormenta perfecta”. Las hemos recibido con los brazos abiertos, ávidos de incorporar innovaciones en nuestro día a día, en nuestros hogares, con la ilusión de emular a las novelas de Philip K. Dick que durante décadas nos mostraron un futuro distópico cyberpunk como en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) y su aclamada adaptación cinematográfica Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott. Queremos novedades y las queremos ya. Así, mientras que el televisor en España tardó más de tres décadas en estar presente en los hogares de forma masiva, el smartphone ha saturado el mercado en apenas una década.

Ahora disponemos de smartphones, smart tv, smartwatch y multitud de dispositivos más, que utilizando el prefijo de smart o inteligente, nos ofrecen la dulce promesa de hacer que nuestra ajetreada vida sea más sencilla y llevadera.

Cada vez que entramos en una página web, a través de cookies o sistemas análogos, compartimos una pequeña parte de nosotros: desde donde accedemos y en qué momento, qué nos interesa más, que compramos, etc. En este intercambio de información se basan las ofertas de publicidad que recibimos, las propuestas que nos aparecen en nuestras pantallas y que nos hacen la vida más fácil. Alguien parece saber qué necesitamos en cada momento, y todo está al alcance de nuestras manos. Pero cuando profundizamos en el conocimiento que tenemos sobre estas tecnologías y sistemas, descubrimos con sorpresa que están fuera de nuestro control. Son para nosotros unos grandes desconocidos, apenas comprendemos sus entresijos, sus luces y sus sombras, dificultando un consumo responsable y su valoración crítica.

Así en marzo de 2018 asistimos con horror, como meros espectadores, al escándalo que abrió el averno de la manipulación y control de nuestros datos. Cambridge Analytica, una empresa dedicada a la minería y análisis de datos había estado explotando información personal de usuarios de Facebook y otras plataformas con finalidades políticas durante las elecciones presidenciales de en Estados Unidos y con anterioridad en el referéndum del Brexit.

Cuando profundizamos en el conocimiento que tenemos sobre estas tecnologías y sistemas, descubrimos con sorpresa que están fuera de nuestro control

De protagonistas a producto

Vislumbramos de lejos una realidad paralela. Por primera comprendimos, aunque fuese en una pequeña parte, el auténtico poder del Big Data, del internet de las cosas o la inteligencia artificial. Como en la maravillosa película Matrix (1999), escrita y dirigida por los hermanos Wachowski, nosotros pasábamos de ser los “protagonistas” a ser el “producto”. Nosotros mismos, nuestros datos, pasaban a ser el recurso más valioso del mundo, como se apresuró a afirmar The Economist en 2017.

En esa nueva realidad, somos, o deberíamos ser, más conscientes de que la información personal recolectada como fruto de nuestra actividad, tanto en los sitios web como en nuestros dispositivos inteligentes es utilizada con fines principalmente comerciales.

En la mayoría de los casos, mediante buenas prácticas y de forma anonimizada, dicha información se utiliza para ofrecernos una experiencia personalizada basada en nuestras preferencias y teniendo como finalidad el incremento de nuestra satisfacción como consumidores y, en consecuencia, una mayor fidelidad a la marca.  Sin embargo, en otros casos, también puede utilizarse en contra de nuestros deseos para fines ilegítimos.

Nosotros mismos, nuestros datos, pasaban a ser el recurso más valioso del mundo, como se apresuró a afirmar 'The Economist' en 2017

Cuanto más conozcamos sobre las nuevas tecnologías, de las que ya disfrutamos ahora mismo y las que están por llegar, más capacitados estaremos a la hora de realizar un consumo responsable y crítico de las mismas, obteniendo su mayor rendimiento y ganando al mismo tiempo el poder de elección y de sanción sobre las empresas. Parafraseando al historiador Melvin Kranzberg, el Big Data, no es bueno ni malo, pero tampoco es neutro. Como toda herramienta, necesita un marco de aplicación.

Estamos ante la oportunidad de establecerlo de forma responsable o arriesgarnos a vivir en una sociedad donde, como se ha visto en las recientes revueltas de Hong Kong, quién controla la tecnología nos puede convertir no en ciudadanos sino en meros súbditos.

María Teresa Ballestar

María Teresa Ballestar

Profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC e Investigadora en ESIC

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