La inseguridad económica aumenta la obesidad

Obesidad
Spukkato, iSTOCK

Vivir en una economía más desarrollada, en un país más rico, en un Estado que cuente con un gran sistema sanitario, no siempre es un sinónimo de vivir mejor. La inseguridad económica provoca un estrés que tiene muchos efectos negativos sobre la salud de las personas. Según un estudio un estudio británico publicado en la revista Economics and Human Biology, una de las consecuencias de una mala situación económica personal es que aumentan la propensión a la obesidad.

El estudio fue dirigido por el profesor de historia económica israelí Avner Offer, que apunta directamente a la gestión de los Gobiernos. Para el profesor de Oxford, el fallo es que las medidas gubernamentales para luchar contra la obesidad suelen "focalizarse en alentar a las personas a cuidarse a sí mismas" pero, según lo que descubrieron, "la obesidad tiene causas sociales más amplias". El experto no duda en señalar que la llamada libertad económica se olvida con frecuencia del "costo en lo referente a la salud pública y personal que rara vez se tiene en cuenta".

Según una encuesta de la empresa IPSOS en 2018, un 33% de los encuestados a nivel mundial dijeron que la obesidad era el principal problema de salud de su país. Estos números la convierten en la segunda enfermedad que más preocupa solo superada por el cáncer.

Durante el estudio, el equipo inglés comparó cuatro países de habla inglesa con una economía de libre mercado (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia) con siete naciones europeas de primer orden que tradicionalmente cuentan con una protección social mayor (Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Noruega, España y Suecia). El resultado fue muy revelador: en los países anglosajones había un tercio más de obesidad, ligada a la inseguridad económica.

Otra reveladora conclusión del estudio dirigido por Offer, es que el inicio del aumento de los problemas de obesidad en estos países se produce en la década de de 1980, cuando se empiezan a recortar ciertos servicios públicos y liberalizar más las cuatro economías anglo parlantes.

Para descartar otros factores, el equipo de investigadores midió también el impacto de la disponibilidad de alimentos de alto contenido calórico, así como las cadenas de fast food y supermercados. Sus conclusiones indican que "la prevalencia de la obesidad" se ve más afectada por "la inseguridad económica" que por "la disponibilidad de comida rápida".

Una enfermedad para el sistema sanitario

En 2015, se puso en marcha el Día Mundial de la Obesidad, que se celebra cada año desde entonces el 11 de octubre y su objetivo es el apoyo y estimulo de acciones prácticas que ayudan a las personas a conseguir y mantener un peso saludable y revertir la crisis de obesidad que asola el mundo, sobre todo los países más desarrollados. En 2019, en un intento de concienciación general, la OCDE publicó un estudio en el que evaluaba el coste de la obesidad en los distintos sistemas sanitarios nacionales.

Las personas obesas tienden a requerir el uso de los sistemas de salud con mayor asiduidad que el resto de la población. Tienen un mayor ratio de asistencia a especialistas, más tiempo de hospitalización y necesidades quirúrgicas. Todo ello supone un aumento de los costes sanitarios, lo que en muchos países además supone un aumento de los costes de vida del paciente.

La obesidad es la causa del 70% del coste de los tratamientos para la diabetes, el 23% de los costes de los tratamientos para enfermedades cardiovasculares y el 9% de los cánceres. De media, el coste de tratar patologías provocadas por el exceso de peso supone un 8,4% del gasto sanitario de los países de la OCDE.

Teniendo en cuenta ambos estudios, no sorprende que sea EE UU el país que más gasta en su lucha contra la báscula. Se espera que, entre 2020 y 2050, la obesidad se lleve un 14 por ciento del gasto sanitario de la primera potencia mundial, frente al 5 por ciento del presupuesto sanitario francés destinado a las enfermedades derivadas del sobrepeso. 

Continúa leyendo