Luces y sombras del coche eléctrico

La preocupación por el medio ambiente ha impulsado la electrificación del parque móvil. Los coches de batería ofrecen evidentes ventajas pero también inconvenientes.

Coche eléctrico
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El coche eléctrico es el futuro de la automoción, que se encuentra inmersa en una transformación hacia un modelo más sostenible dejando atrás las energías fósiles. El transporte es uno de los elementos que más emisiones de gases contaminantes genera y reducir sus emisiones anuales es clave en la lucha contra el cambio climático.

El petróleo, esa sustancia mágica que ha permitido almacenar parte de la energía proveniente del sol en este planeta durante muchos millones de años, ese líquido parduzco que ha permitido elevar el nivel de vida medio de los seres humanos hasta niveles desconocidos en la historia, parece que finalmente nos ha envenenado.

La principal cualidad del petróleo para el transporte es su elevada densidad. Con solo unos kilogramos de petróleo, podemos hacer que un coche recorra muchos cientos de kilómetros, con algunas toneladas de petróleo podemos hacer que un gran barco vaya de un continente a otro y que un avión vuele los océanos a elevadísimas velocidades. Toda esta maravilla, desconocida para nuestros antepasados, es posible gracias a la densidad energética del petróleo. Gracias a ella, hemos podido producir electricidad en casi cualquier lugar, calentar casi cualquier casa y generar riqueza en cualquier lugar al que llegara.

El petróleo, esa energía limpia del sol pero cuya combustión calienta el planeta, se ha convertido también en nuestro veneno

Ventas coche eléctrico España
Statista

Sin petróleo, esa sustancia creada por la energía limpia del sol pero cuya combustión calienta el planeta, no podríamos haber construido las enormes presas que nos permiten generar electricidad mediante saltos de agua, ni construir y transportar los molinos de viento que generan energía eólica, ni los puentes por los que pasan, ni los altos edificios que permiten las grandes aglomeraciones urbanas. ¿Cuántos hombres y cuántos animales hacían falta hace solo 300 años para cargar y mover 100 metros, 20 toneladas de ladrillos, una operación que hoy en día con un camión y un toro, que no se cansan, no requiere ni diez minutos?

Durante 200 años la humanidad ha dilapidado el ahorro del planeta como si fuera infinito, con una eficiencia baja y unos fines discutibles. Ahora, esa sustancia que nos ha permitido vivir con tantas comodidades y riquezas en casi todos los rincones del mundo, se ha convertido también en nuestro veneno. La lucha contra el cambio climático se ha hecho finalmente un lugar prominente en la agenda política. En las grandes urbes del mundo desarrollado hay cada vez más consenso entre la ciudadanía y la política de que la salud de la gente corre un serio peligro por culpa de las altas emisiones que provienen, fundamentalmente, de los coches de combustión. De ahí que muchas ciudades hayan puesto en marcha planes para favorecer el uso del coche eléctrico en detrimento de los vehículos con motor de combustión y, en particular, los motores diésel.

Las ventas de coches propulsados por baterías están aumentando en toda Europa, si bien todavía representan una porción muy baja del parque móvil, con menos del 5 % en la mayoría de los países, incluyendo España, y con la excepción de los estados escandinavos. Las principales ventajas del coche eléctrico son bastante obvias, sobre todo respecto a la contaminación de aire y acústica. Sin embargo, hay que tener en cuenta los inconvenientes. La fabricación de este tipo de vehículos es mucho más contaminante que los coches de combustión. Y los compradores deben tener en cuenta su autonomía limitada.

Un coche eléctrico medio consume 15 KWH cada 100 Km

Pros del coche eléctrico

Conducir coches eléctricos es un placer. Los motivos fundamentales son tres: no hacen ruido, no vibran y no contaminan el aire de los lugares por los que circulan. Además, son especialmente agradables para conducir por las ciudades porque los motores eléctricos tienen mucha más fuerza que los motores de combustión a baja velocidad. Al acelerar en ciudad, la respuesta a la solicitud del conductor es inmediata y permite una conducción fácil y fluida. A diferencia de los coches con motores de combustión, a bajas velocidades no son necesarios motores eléctricos muy potentes para conseguir grandes aceleraciones, por lo que los pequeños coches eléctricos son increíblemente satisfactorios para circular por las calles de las ciudades.

Además del placer de conducir, que quizá sea menos obvio y por eso lo mencionamos al principio, la principal causa para moverse en coche eléctrico es el beneficio que supone para el aire y la contaminación acústica de las ciudades. Por otra parte, los coches eléctricos también ocupan espacio y en eso no se diferencian de los coches de combustible fósil. Esa contaminación del espacio no se soluciona con el automóvil eléctrico y hay muchas personas que reclaman más espacio público para las personas y menos para los coches. Para esa contaminación, el coche eléctrico no aporta ninguna ventaja, pero para las otras dos sí.

El coche eléctrico es anterior al coche de combustión. Un modelo fue presentado en la Exposición Mundial de París en 1867 y en las primeras décadas del siglo XX los eléctricos tuvieron más éxito que los coches de combustión interna para sustituir a los coches de caballos en diferentes países del mundo. En aquella época había pocas carreteras. Los coches de caballos se utilizaban eminentemente para uso urbano y un coche eléctrico, que no hacía deposiciones en la calzada y que no hacía ruido, era una buena alternativa.

El coste del KWH se sitúa entre 0,1 y 0,5 euros en función de si es hora valle, hora punta y si se ha usa un cargador ultrarrápido

Los primeros coches de combustión interna eran muy ruidosos (es difícil de imaginar el ruido de los tubos de escape sin silenciador) y muy incómodos, porque era necesario utilizar una caja de cambios tosca y, además, había que arrancarlos con manivela, con un esfuerzo considerable.

El único problema de los coches eléctricos hace más o menos un siglo era la escasa autonomía que proporcionaban sus baterías. Y ahora, 100 años después, el principal problema de los eléctricos sigue siendo el mismo: la autonomía que proporcionan sus baterías y el coste de las mismas.

Cuando hace 100 años evolucionó el coche con motor de combustión y Henry Ford implantó la producción en cadena con su conocida reducción de costes, el coche eléctrico desapareció del mapa. Empezaron a construirse carreteras y por ellas los coches eléctricos naufragaban, porque dentro de las ciudades podían competir pero, a mayor velocidad, su autonomía era ridícula.

Al igual que hace 100 años, el coche eléctrico actual es limpio y muy útil en la ciudad. Pero el coste de adquisición solo puede amortizarse si se recorren diariamente entre 60 y 120 km, en función de cada coche, de la alternativa con la que se compare y del coste de la electricidad. Por otro lado, un coche eléctrico puede ser muy eficiente, si se carga con tarifas de electricidad baratas.

Además, las revisiones de los eléctricos son menos costosas y frecuentes que con los motores de combustión porque no hay que sustituir el aceite del motor periódicamente y los frenos se desgastan poco, debido a que buena parte de las frenadas se realizan con el mismo motor que impulsa el coche, que en algunos casos aprovecha esa energía para recargar las baterías.

El coche eléctrico es una opción magnífica, pero de momento solo para un reducido número de personas. Para disfrutar del vehículo hay que poder cargarlo en casa cada noche, realizar un mínimo de kilómetros diario para amortizar el impacto de su coste inicial y no tener necesidades esporádicas que requieran largos desplazamientos.

Contras del coche eléctrico

El principal problema de los coches eléctricos reside en la dificultad para almacenar energía suficiente como para mover el coche durante un periodo prolongado de tiempo. La principal ventaja del petróleo y sus derivados es que en unos pocos litros se almacena una gran cantidad de energía y que incluso con motores poco eficientes, como son los de combustión, 50 litros de gasolina o de gasóleo permiten recorrer entre 600 y 800 kilómetros. En cambio en un coche equivalente de tamaño, para recorrer 300 kilómetros es necesaria una batería de unos 700 kilogramos de peso. Con un inconveniente añadido: estas baterías, pesadas y voluminosas, además son caras y lentas de recargar.

Para completar el círculo, además de baterías pesadas, caras, con poca autonomía y lentas de recargar, la infraestructura de recarga está poco desarrollada en España. Viajar con un coche eléctrico supone retroceder varias décadas. Antes de salir hay que planificar el viaje, conocer los puntos de carga que hay en el camino, asegurarse de que funcionan bien, viajar a velocidades moderadas para conservar la autonomía y asegurar que se llega al punto de carga con capacidad suficiente ante cualquier imprevisto. Luego hay que esperar que no haya otro coche eléctrico ocupando el punto de carga, lo que puede suponer una espera de varias horas. Por último, es preciso comprobar que el punto de carga y el coche son compatibles, porque en algunas ocasiones funcionan bien para algunos modelos, pero para otros no.

La diferencia de precio de adquisición entre un coche eléctrico y un coche de combustible ronda los 10.000 euros

Con todos estos factores, lo ideal sería disponer de coches eléctricos a buen precio para moverse por entornos urbanos, con un punto de carga doméstico. Pero los coches eléctricos de precio más competitivo en comparación con sus competidores de combustión son los modelos del segmento alto, porque el coste de las baterías, que es muy elevado, no supone un porcentaje tan alto sobre el total en un coche de 70.000 euros que en caso de un coche de 10.000.

Este es el motivo por el que muchos fabricantes apuestan por coches eléctricos lujosos, de baterías grandes, por tanto muy pesados y de alto consumo. Estos coches, que suelen encajar por precio, ya que sus propietarios tienen un poder adquisitivo alto, luego pueden decepcionar en carretera cuando obligan a detenerse una hora o más cada 250 kilómetros para recargar las baterías.

Hay otros tres factores que generan dudas sobre los beneficios de los coches eléctricos. El primero de ellos es el coste energético y la enorme cantidad de emisiones de CO2 que se lanzan a la atmósfera durante el proceso de fabricación de las baterías, que va desde la minería, hasta el transporte, el tratamiento de las materias primas y la fabricación propiamente dicha. Según datos recogidos por la Agencia Europea del Medioambiente, la producción de un coche eléctrico, por término medio, supone una emisión de cuatro toneladas más de CO2 a la atmósfera, con relación a la fabricación de un coche con motor de combustión interna equivalente.

La producción de un coche eléctrico supone una emisión de cuatro toneladas más de CO2 a la atmósfera, según la Agencia Europea del Medioambiente

Para compensar este exceso de emisiones de CO2, un coche eléctrico que se moviera con energía eléctrica procedente totalmente de energía renovable, debería recorrer por término medio unos 33.000 kilómetros para empatar en las emisiones de CO2. A partir de este punto empezaría a ser neutro respecto al efecto invernadero.

La gasolina y los motores de combustión interna pueden ser más eficientes en términos medioambientales si los vehículos eléctricos se nutren de la energía producida por una central térmica sucia. En algunos países, como Polonia, India e incluso China, donde la producción de electricidad se realiza en gran medida en centrales de carbón, cada kilómetro recorrido por un eléctrico emite más CO2 a la atmósfera que los kilómetros recorridos con motores de combustión interna.

Por último, está el problema de la minería y los minerales raros que se emplean para la fabricación de baterías. Este trabajo de minería es muy contaminante, según defiende la plataforma Salvemos la Montaña de Cáceres, ante la amenaza que supone para ellos una mina a cielo abierto para la extracción de litio, componente fundamental de las baterías.

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