¿Puede acabar el cambio climático con la energía hidroeléctrica?

Así afecta el clima extremo a esta fuente de energía.

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Durante muchos años la opinión en torno al uso de la hidroeléctrica como una fuente de energía limpia ha sido que una vez construida, una planta puede generar electricidad de manera constante y segura en cualquier momento. De hecho, desde 2019, más de la mitad de la electricidad renovable del mundo se generó a partir de la energía hidroeléctrica.

Pero a medida que avanza el cambio climático, también lo hace el potencial de esta fuente de energía impulsada por el agua. Durante este 2021, las sequías, más frecuentes y severas debido al aumento de las temperaturas, han provocado las mayores caídas en la generación de energía hidroeléctrica registradas en décadas.

Decadencia sin retorno de la hidroeléctrica

En varios lagos de Estados Unidos, donde la energía hidroeléctrica es puntera, el nivel de reservas de agua apenas llega al 30%, lo que afecta directamente a casi 140 millones de personas de todo el país. Algo similar ocurre en España, donde la sequía y la falta de lluvias compromete seriamente las reservas hidrográficas de gran parte del territorio, sobre todo de la mitad sur peninsular, ocasionando problemas de abastecimiento para el consumo humano y los regadíos.

A lo largo y ancho del planeta nos encontramos con situaciones muy parecidas. En América del Sur, por ejemplo, el río Paraná, que atraviesa Brasil, Paraguay y Argentina, está alcanzando niveles de reserva de agua extremadamente bajos. El sur de Brasil, donde nace el Paraná, está sufriendo una severa sequía durante los últimos tres años.

Según informes locales, los niveles en los embalses del centro y sur de Brasil se han reducido, de media, en más de la mitad durante los últimos 20 años y actualmente se encuentran en poco menos de un tercio de su capacidad. Dado que Brasil genera alrededor del 60% de su electricidad a partir de energía hidroeléctrica, los bajos niveles de represas podrían provocar apagones y escasez de suministro.

Los combustibles fósiles vuelven al horizonte

Para evitar que eso suceda, las autoridades de varios países del mundo han comenzado a reactivar las centrales eléctricas que funcionan a base de gas natural y de la quema directa del carbón, lo que está provocando que suban tanto los precios de la electricidad como las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Sin embargo, no es solo la sequía lo que puede paralizar la generación de energía hidroeléctrica. Las fuertes lluvias e inundaciones también pueden plantear problemas importantes. En marzo de 2019, las graves inundaciones que siguieron al ciclón Idai, que azotó África occidental, dañaron dos importantes plantas en Malawi y cortaron el suministro eléctrico en grandes partes del país durante varios días.

Mientras tanto, muchas centrales hidroeléctricas que ya están en funcionamiento en todo el mundo se enfrentan a otro problema: el envejecimiento. Según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, las presas llegan al final de su vida útil entre 50 y 100 años después de su construcción. Cuanto más se intenta prolongar la vida de estas estructuras, más probable es que se produzcan fallos en las presas.

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