¿Sabías que estás pagando impuestos en tu factura de la luz aunque no consumas?

Los impuestos son fijos y no tienen nada que ver con la cantidad de electricidad que se consume.

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El pasado 1 de junio entró en vigor en España la nueva facturación del consumo de electricidad. La principal novedad es que ahora el precio de la luz quedará fijado en función de la demanda energética, es decir, cuanta más demanda haya más pagaremos por lo que consumimos.

A raíz de esta nueva metodología de cobro, se han establecido tres tramos horarios donde la electricidad será más cara o más barata, ya que dependerá exclusivamente de cuánta energía se está demandando en ese momento. Por eso, es lógico que en el tramo que abarca las horas de madrugada el precio sea el más bajo, mientras que el pico se encuentra en las horas centrales del día.

Dos impuestos

Además de la energía que hemos consumido, en nuestra factura de la luz aparecen reflejados dos impuestos: el primero es el Impuesto sobre la Electricidad, una tasa especial, similar a la que grava productos como el combustible o el alcohol, y que supone más del 5% del total de nuestro recibo, independientemente de la electricidad que gastemos.

Este impuesto fue creado hace más de 20 años, y nació como un coste específico asignado a la extracción minera del carbón. En 2021, la electricidad que se produce mediante el carbón es absolutamente residual, sin embargo el Gobierno continúa manteniendo este impuesto que engorda la factura de la luz.

El otro, por supuesto, es el Impuesto sobre el Valor Añadido (el IVA), que en España se encuentra en el 21%, uno de los más altos de toda la Unión Europea, donde el promedio de IVA para el consumo de electricidad ronda el 10% (con excepciones como las de Grecia o Francia, donde apenas llega al 6%).

Con respecto a esto, cabe destacar que el Gobierno ha anunciado que, hasta fin de año y con carácter temporal, rebajará el IVA de la luz al 10%. Únicamente como medida extraordinaria y con fecha de caducidad, con lo que pretende aliviar el importe del recibo que deben pagar los ciudadanos.

Pagar aunque no haya consumo

Tanto el Impuesto sobre la Electricidad como el IVA son fijos y los consumidores los pagan aunque no gasten nada de luz, únicamente por tener el suministro contratado. Solo con el Impuesto Eléctrico, el Estado y las eléctricas se embolsan casi 2.000 millones de euros.

Parece bastante improbable que vaya a haber modificaciones en esta tasa, ya que está presente en nuestra factura de una manera bastante estratégica. Este impuesto afecta a los dos elementos fundamentales de la misma: la potencia que tenemos contratada y la energía que se nos suministra. Esto es lo que ocasiona que, aunque no encendamos ni una sola luz en nuestra casa, tengamos que pagar por la electricidad aunque, por supuesto, la cuantía será variable.

Otro servicio cuyo pago es ineludible es el del alquiler del contador. Hay que recordar que, aunque estén dentro de nuestra casa, los contadores pertenecen a la empresa eléctrica, y es imposible comprárselos o adquirirlos por fuera. El monopolio de los contadores pertenece a las energéticas y además nos cobran por el alquiler. Además, a la cuantía que se nos cobra por el alquiler de dichos contadores también hay que aplicarle el 21% de IVA.

En total, entre pagar el Impuesto Eléctrico y el IVA, se nos va más del 20% del total de nuestra factura. El resto, en torno al 40%, son los llamados costes regulados, que incluyen el transporte de la electricidad, la distribución de la misma, el déficit tarifario, etc. Y más del 35% es lo que realmente cuesta la energía que consumimos.

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