La gran victoria de Boris Johnson

El Partido Conservador ha ganado las elecciones de Reino Unido, pero el líder de los 'tories' tiene por delante los duros retos del Brexit y mucho más.

Boris Johnson
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El distrito británico de Grimsby fue este jueves 12 de diciembre el resumen de una noche inolvidable para los conservadores y de pesadilla para los laboristas. Aunque el escaño correspondiente a Great Grimsby llevaba 74 años en manos demócratas, a primera hora de la tarde simpatizantes de todos los partidos admitían en los pubs que en esa circunscripción habían ganado los tories. Incluso antes de enterarse de que había perdido –recibió la noticia a las 03:39 horas de la madrugada–, la actual ocupante del escaño, la laborista Melanie Onn, decía que quería tomarse un respiro de la política; o, al menos, un fin de semana libre.

Para entonces, la historia de la noche estaba clara. Boris Johnson había presionado para que hubiera unas elecciones anticipadas que permitieran acabar con el pretendido punto muerto en que se encuentra el Parlamento y Llevar a cabo el Brexit -Get Brexit Done-. Y los votantes de todo el país estuvieron de acuerdo: transcurridos ya tres años y medio de peleas desde el referéndum de salida de la Unión Europea en junio de 2016, eligieron apoyar a Johnson. A primera hora del 13 de diciembre, los sondeos apuntaban a que los tories se alzarían con una mayoría de alrededor de 80 escaños. La estrategia de confiarlo todo a ese eslogan simple y a un programa cauteloso y eminentemente olvidable, además de a evitar –en la medida de lo posible– entrevistas de prensa o televisión potencialmente embarazosas, quedó completamente reivindicada.

Muchos liberales demócratas decididos a impedir una victoria tory con sabor a Brexit optaron por darles el voto a los laboristas.

Este eslogan demostró también una gran astucia táctica, sobre todo porque permitió a Johnson unir tras el Partido Conservador a los partidarios de la salida de la UE. El momento más importante de la campaña se produjo probablemente cuando Nigel Farage, líder del Partido del Brexit, decidió no presentar candidatos allí donde los escaños estuvieran en manos conservadoras. Esto envió a los partidarios más intransigentes del Brexit la señal de que, en su lugar, podían votar a los tories. La subida de los conservadores en intención de voto durante la campaña reflejó con exactitud, como en un espejo, el hundimiento en los sondeos del Partido del Brexit. Los conservadores obtuvieron algunos escaños que poseían los laboristas en localidades donde el Partido del Brexit presentó candidatos. Farage se llevó votos laboristas de gente que no se sentía capaz de apoyar a los tories.

Por el contrario, el voto de la permanencia en la UE quedó dividido entre el Partido Laborista y el Liberal Demócrata. La líder de estos últimos, Jo Swinson, que apoyó la convocatoria de elecciones anticipadas, tuvo una noche atroz. Los liberales demócratas consiguieron algunos escaños en Londres y el sureste del país, pero encajaron una aplastante derrota en todos los demás sitios. Muchos liberales demócratas decididos a impedir una victoria tory con sabor a Brexit optaron por darles el voto a los laboristas. La misma Swinson perdió su escaño por Escocia a favor del Partido Nacionalista Escocés.

Si bien el deseo de culminar el Brexit es sin duda una razón muy importante del éxito de los 'tories', no es la única causa de los infortunios de los laboristas.

La decepción del laborismo no fue menos devastadora. Desde primera hora del viernes, se vio que el partido iba camino de conseguir solo 200 escaños, el peor resultado desde 1935. Una vez más, había acabado prácticamente barrido en Escocia. Pero aún más humillante fue lo sucedido a lo largo del muro rojo, una serie de escaños que van del norte de Gales a Yorkshire, la mayoría de los cuales estaban en su poder desde hacía décadas. Desde Wrexham, en Gales, pasando por Wolverhampton (Midlands occidentales) y Ashfield (Midlands orientales) hasta llegar a Grimsby, el rojo fue convirtiéndose en azul a medida que transcurría la noche y los tories iban acumulando escaños con los que, en el pasado, nunca se habrían atrevido a soñar.

Destacadas figuras del laborismo echaron la culpa al Brexit y, por extensión, a la ambigüedad de su propio partido sobre si aceptarlo o intentar dar marcha atrás. Sin embargo, si bien el deseo de culminar el Brexit es sin duda una razón muy importante del éxito de los tories, no es la única causa de los infortunios de los laboristas. A lo largo del propio muro rojo, muchos candidatos laboristas informaron de que votantes anteriormente fieles se sentían consternados por el liderazgo de Jeremy Corbyn. No porque hubiese presentado un programa de extrema izquierda, que también, sino, sobre todo, porque los votantes laboristas tradicionales desaprobaban su debilidad hacia terroristas y dictadores extranjeros, así como por el antisemitismo.

The Economist elecciones Reino Unido
Evolución del reparto de escaños entre Laboristas y Conservadores durante el último siglo. The Economist.

Aunque la noche significó el triunfo tory y la catástrofe laborista y liberal demócrata, no todo quedó al gusto de Johnson. La subida del Partido Nacionalista Escocés no augura nada bueno para su deseo de cortar de raíz cualquier debate sobre otro posible referéndum de independencia. Los primeros resultados de Irlanda del Norte también apuntan a un descenso de los antiguos aliados de los tories, el Partido Unionista Democrático. Y, si bien los conservadores aumentaron sus apoyos en las Midlands y el norte de Inglaterra, fracasaron en la búsqueda de nuevos votos en Londres y alrededores, lo que indica que la capital y las áreas vecinas sienten poca simpatía por la postura cada vez más favorable al Brexit de los tories.

Lo cierto es que la división del electorado que arrojan estos datos podría no resultar tan ventajosa para los conservadores en el futuro. Entre los electores de mayor edad, el apoyo es sólido como una roca, pero los menores de treinta años se muestran igualmente constantes en su respaldo al laborismo. Las mujeres votan laborista en mayor proporción que los hombres. Las viejas líneas divisorias de clase y nivel educativo también han sufrido un cambio notable. En el pasado, la clase media y los votantes con estudios universitarios tendían a apoyar a los conservadores. Ahora ese respaldo va a los laboristas en una proporción similar. La contrapartida es que los tories han hecho grandes progresos entre los no universitarios y la clase trabajadora, cuyo apoyo al Partido Conservador es mayor que nunca.

Este realineamiento ha sido crucial para la gran victoria de Johnson. Pero se trata de una recomposición frágil, basada sobre todo en el Brexit y en el visceral rechazo que inspira Corbyn. Supongamos que el Brexit se lleva a término y que, tras perder cuatro elecciones seguidas, los laboristas sustituyen a sus líderes. Es posible que, en las próximas elecciones, los votantes de las Midlands y el norte de Inglaterra que esta vez han apoyado a Johnson y al Partido del Brexit se encuentren entonces sufriendo los efectos colaterales de la salida de la Unión Europea. Si esto es así, podrían volver fácilmente al laborismo. Y este riesgo puede limitar la libertad de acción de Johnson como primer ministro, especialmente en relación a la próxima ronda de negociaciones del Brexit.

A menos que Johnson esté dispuesto a pedir una prórroga, el riesgo de que el Reino Unido acabe abandonando la UE a finales del año que viene sin acuerdo comercial de ninguna clase es considerable.

Tras su triunfo, Johnson puede confiar en que el acuerdo de salida que renegoció con la UE sea aprobado por el Parlamento con tiempo suficiente para que esta se produzca formalmente antes de la fecha límite, fijada para el próximo 31 de enero. Pero el país entrará en un período de transición durante el cual sus derechos y obligaciones como miembro seguirán vigentes. Y, aunque hay quien piensa que esta gran mayoría permitirá a Johnson relajar los términos de un futuro acuerdo comercial con la UE y abrazar un programa más liberal y más partidario del libre comercio, otros señalan que la necesidad de conservar a sus nuevos votantes pro–Brexit le conducirá inevitablemente hacia un mayor proteccionismo y una menor simpatía por la inmigración.

A Johnson le será también difícil no incumplir su promesa electoral de no extender más allá de la fecha límite de diciembre de 2020 el fin del período de transición. Todos los expertos en relaciones comerciales señalan que es imposible que un acuerdo integral con la UE del tipo del que persigue el primer ministro se negocie y apruebe en un período tan corto de tiempo. Normalmente, los acuerdos comerciales tardan varios años, no varios meses. Por tanto, a menos que Johnson esté dispuesto a pedir una prórroga, el riesgo de que el Reino Unido acabe abandonando la UE a finales del año que viene sin acuerdo comercial de ninguna clase es considerable. El resultado serían muchas trabas a las exportaciones y severos trastornos en el comercio.

Tanto las empresas como los mercados financieros han acogido con agrado la mayoría obtenida por Boris Johnson la semana pasada, en gran medida porque esto pone fin al fantasma de un gobierno de extrema izquierda dirigido por Corbyn. Pero pueden acabar descubriendo que un año con el exultante Johnson a cargo de las negociaciones con la UE tampoco es la situación más cómoda de todas.

 

© 2019 The Economist Newspaper Limited. Todos los derechos reservados. Perteneciente a Economist.com, traducido por Rodrigo Brunori, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, se puede encontrar en www.economist.com