La inquietante Ruta de la Seda

China trata de calmar la inquietud producida por su Iniciativa Cinturón y Ruta de la Seda. El proyecto preocupa, pero no hay mala intención. El problema es que abarca demasiado.

silk road
Algunos trabajadores chinos ayudan a construir una nueva estación de tren en Beliatta, Sri Lanka. / Getty Images

Los ingenieros chinos avanzan perforando las verdes colinas de Laos y abren así camino para el ferrocarril que un día puede atravesar el sudeste de Asia. Cada vez que acaban un túnel –en ocasiones, hasta tres al mes–, organizan una pequeña ceremonia en la que agitan banderas chinas ante las cámaras. No solo celebran la obra de ingeniería, sino también la evidencia de que la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda, el proyecto global de construcción de infraestructuras chino (Belt and Road Initiative, también conocido como BRI, por sus siglas inglesas), progresa adecuadamente. Aún queda mucho para que toda la línea férrea esté terminada. En Tailandia, el próximo eslabón, la obra acaba de empezar. Pero la sección de Laos debería estar en funcionamiento en 2021.

Entonces vendrá la prueba de lo que muchos consideran el gran riesgo económico de la BRI: que va a llenar a países pobres de deudas inmanejables. China insiste en que las decenas de miles de millones de dólares que ha destinado a préstamos e inversiones fomentan la prosperidad global, un mensaje que no dudó en repetir ante los líderes extranjeros que asistieron al segundo Foro del Cinturón y la Ruta, celebrado del 25 al 27 de abril de 2019 en Pekín. 

Pero la inquietud relativa al coste de la BRI, un proyecto estrechamente ligado a la política exterior del presidente Xi Jinping, se ha generalizado. Malasia, Pakistán y Sierra Leona se encuentran en una lista cada vez más larga de países que han retrasado o echado a perder proyectos dirigidos por China. Entre las consecuencias financieras de la BRI, destacan tres preocupaciones fundamentales. La principal es que el proyecto implica lo que, de forma concisa y certera, ha sido descrito como “diplomacia de la deuda trampa”. De acuerdo con este enfoque, China está cargando deliberadamente de préstamos a países débiles; luego, cuando quiebran, se hace con sus activos y puede ejercer sobre ellos una influencia política. Esta idea ha despuntado en discursos de varios miembros del Gobierno norteamericano –entre ellos, el vicepresidente Mike Pence–, que ven la BRI como un intento de minar la influencia global de Estados Unidos.

Malasia, Pakistán y Sierra Leona se encuentran en una lista cada vez más larga de países que han retrasado o echado a perder proyectos dirigidos por China

Sin embargo, las inversiones financiadas con dinero chino no se encuentran en China, por lo que la capacidad de este país para apropiarse de activos extranjeros, cuando los gobiernos no pueden pagar, es limitada. Y es posible que, si presiona demasiado, lo único que consiga es generar antipatía. En su lugar, la respuesta china suele consistir en una reducción de la suma que los deudores tienen que devolver. Es lo que hacen a menudo otros países con una largo historial de préstamos a países pobres: en 1956, se creó el Club de París de acreedores para encontrar fórmulas que permitieran reducir el peso de la deuda de países morosos. El Centro para el Desarrollo Global, un think-tank con sede en Washington, ha contado más de 80 casos en los que, entre 2000 y 2017, China ha concedido un respiro a sus deudores extranjeros.

Un ejemplo que se cita a menudo de las prácticas supuestamente predatorias chinas es el de Hambantota, un puerto de Sri Lanka que fracasó comercialmente. En 2017, Sri Lanka traspasó el control del puerto a una compañía estatal china con un contrato de 99 años de duración. Pero Deborah Bräutigam, de la Universidad Johns Hopkins, dice que, de los más de 3.000 proyectos financiados por China que ella y otros colegas suyos han estudiado, Hambantota es el único que se usa para apoyar la teoría de la deuda trampa. Es la excepción, no es la regla.

La capacidad de China para apropiarse de activos extranjeros cuando los gobiernos no pueden pagar es limitada: las inversiones financiadas con dinero chino no se encuentran allí

silk road
La Ruta de la Seda conecta la estación alemana de Duisburg y otras europeas con las con las ciudades chinas de Congqing y Yiwu. / GETTY IMAGES

Todo lo que la BRI no tiene de mala intención lo compensa ampliamente con torpeza. Esta es la segunda inquietud: que China está concediendo préstamos a Estados vulnerables sin la debida prudencia. Es lo que ocurre, por ejemplo, con un grupo de 37 países pobres vigilados por el Fondo Monetario Internacional. A lo largo de la última década, el capital de los créditos bilaterales concedidos por prestadores clásicos, como Estados Unidos o Japón, ha descendido del 7 % al 2 % del PIB del país prestatario En el caso de China, sin embargo, ha sucedido todo lo contrario: la suma prestada ha pasado de prácticamente nada al 4 %.

Es muy loable que China apoye a naciones en dificultades, pero su entusiasmo se traduce en temeridad. David Dollar, de la Institución Brookings de Washington, considera que, en los préstamos al sector de la construcción, China se muestra indiferente a los riesgos políticos y económicos. El Centro para el Desarrollo Global ha identificado ocho países que se están ahogando en números rojos y que pueden quedar aún más anegados por los proyectos de la BRI.

En diciembre de 2018, un informe de la Universidad de Pekín establecía un ranking de 94 países con proyectos de la BRI basándose en indicadores como la calidad de su regulación financiera y su apertura comercial. Pakistán quedó en penúltimo lugar, lo que para China resulta embarazoso: Pakistán puede recibir hasta 60.000 millones de dólares en préstamos de la BRI, lo que lo convertiría en el mayor receptor de todos. 

Pakistán, siendo el mayor receptor de todos, es el penúltimo en el ranking de países con proyectos de la BRI elaborado por la Universidad de Pekín

El argumento de que los créditos de la BRI pueden ser ruinosamente caros tiene mucho de verdad. Tomemos el préstamo del Exim Bank chino a Kenia para la construcción de la línea de ferrocarril de Nairobi a Mombasa. De acuerdo con informes locales, la mitad de los 3.600 millones de dólares del préstamo se financiaron a un interés que estaba 3,6 puntos por encima del tipo variable del mercado, lo cual es muy alto para un país pobre. Y este es solo uno de los muchos préstamos del Exim Bank, que informó de que su crédito BRI estrella superaba el trillón de yuanes, casi 150.000 millones de dólares. El éxito de la BRI dependerá de que las entidades financieras chinas sean capaces de mejorar sus procedimientos de valoración de solvencia y, a la vez, puedan ofrecer créditos más asequibles. Uno de los objetivos del foro celebrado el año pasado en Pekín era justamente insistir en la necesidad de que las deudas ligadas a la BRI fueran sostenibles. En el caso del ferrocarril de Laos, la cautela con que se está procediendo es ya evidente. El proyecto supone un préstamo chino de 6.000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente la tercera parte del PIB de Laos. Por eso se ha creado una empresa conjunta que obtiene el 70 % del capital de China y el 30 % de Laos.

El éxito de la BRI dependerá de que las entidades financieras chinas sean capaces de mejorar sus procedimientos de valoración de solvencia y de ofrecer créditos más asequibles

Para financiar su parte, Laos suscribió un préstamo de 465 millones de dólares con el Exim Bank. Según informaciones locales, las condiciones fueron generosas: plazo de amortización de 35 años y tipo de interés del 2,3 %, bastante por debajo del precio de mercado para una deuda de estas características. Además, se incluye una carencia de cinco años, lo que supone que, hasta transcurrido ese período, Laos no tendrá que empezar a devolver el dinero. Este es el tipo de concesión que podría haber obtenido del Banco Mundial.

Es posible que en el futuro China ofrezca términos tan generosos con más frecuencia. En 2018, el gigante asiático inauguró una agencia para supervisar la ayuda exterior, en parte para convertir la BRI en un programa de desarrollo más coordinado.

Pero esto apunta a otro problema con el que China tendrá más dificultades para lidiar, puesto que está relacionado con la misma naturaleza de la BRI: su enorme ambición. Los beneficios potenciales parecen impresionantes. Un estudio reciente del Banco Mundial concluyó que los proyectos de transporte de la BRI podrían aumentar en un 3% el PIB global, lo que supera los beneficios que habitualmente generan los acuerdos de libre comercio.

Las condiciones con que Laos suscribió un préstamo con el Exim Bank fueron ya sorprendentemente novedosas

Tal crecimiento podría servir para confirmar la idea china de que lo único que quiere Occidente –con la excepción de Donald Trump– es bajar los aranceles, mientras que China está intentado construir las infraestructuras que permiten que el intercambio comercial se produzca.

Es aquí, sin embargo, donde aparecen los riesgos. El optimista análisis del Banco Mundial da por sentado que los proyectos de la Ruta de la Seda llegarán a buen puerto y funcionarán de forma eficiente. Pero las dimensiones de la empresa suponen un desafío inmenso y este tipo de obras actúan como un imán para los chanchullos. Por lo pronto, se están gastando enormes sumas de dinero, con gran rapidez, en sitios muy mal gestionados.

El ferrocarril de Laos debería hacer más accesible un país sin salida al mar. Para que resulte efectivo, sin embargo, se necesita mucho más: mejores carreteras que lo unan al transporte ya existente, nuevos centros urbanos alrededor de las estaciones y un comercio más libre con otro países.

China no solo pide a los demás países que suscriban su plan de infraestructuras, sino también que respalden la visión del mundo de Xi Jinping

China no puede conseguir esto en solitario, pero su actitud, a menudo arrogante, ha alienado a sus posibles socios. Estados Unidos, la India y Japón quieren tener poco que ver con el asunto, y una de las razones es que China no solo pide a los demás que suscriban su plan de infraestructuras, sino también que respalden la visión del mundo de Xi Jinping. El hecho de que China dé tan poca información sobre sus préstamos y de que los contratos vayan a parar sobre todo a empresas chinas no es de mucha ayuda.

Algunos analistas chinos han empezado a mostrar su inquietud. En un artículo publicado en 2018, un grupo de economistas de la Academia China de Ciencias Sociales –el mayor think tank de Asia– defendieron que el gobierno debía persuadir a otros países para que apoyaran los proyectos de la BRI con el objetivo de compartir los riesgos. De lo contrario, China podría encontrarse atrapada.

Según estimaciones conservadoras, China gastará un billón de dólares en la próxima década en este plan monumental, casi tanto como lo que hay actualmente invertido en bonos del gobierno americano. El presidente Jinping haría bien en no dejar que tamaña inversión se echara a perder.

 

© 2019 The Economist Newspaper Limited. Todos los derechos reservados. Perteneciente a Economist.com, traducido por Rodrigo Brunori, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, se puede encontrar en www.economist.com

 * Este artículo salió publicado en Muy Negocios & Economía 2.

Continúa leyendo