¿Pueden el fútbol y su negocio sobrevivir al Covid–19 sin espectadores?

Hacer que las competiciones deportivas sean seguras es posible; conseguir que sean rentables ya es más difícil.

Fútbol postcoronavirus
El Borussia de Dortmund celebra su primer gol postcoronavirus / GETTY

Cuando el pasado fin de semana volvieron a disputarse las dos principales ligas de fútbol alemanas, el Borussia Dortmund tuvo que medirse con el Schalke, el equipo rival de la región del Ruhr, sin uno de sus principales apoyos: el gelbe Wand. Normalmente, los visitantes deben enfrentarse al ensordecedor “muro amarillo”: los 25.000 hinchas del Dortmund que llenan las gradas de uno de los estadios más grandes de Europa. Pero, el sábado 16, los ruidos más altos que pudieron oírse fueron los del silbato del árbitro y las voces de los jugadores y los entrenadores. El público tuvo que quedarse fuera para impedir la propagación del Covid–19. Igual que muchas la mayoría de las competiciones profesionales del mundo, la Bundesliga ha estado parada durante meses. Ahora otras organizaciones observan la reapertura de la liga alemana, así como la reanudación de unos cuantos eventos deportivos en todo el mundo, para ver cómo funciona eso de los partidos a puerta cerrada

Si al final la vuelta a la competición resulta posible, quienes contemplen el espectáculo desde sus hogares notarán una gran diferencia. Está claro que no todos los deportes requieren una multitud enfervorecida para crear ambiente (pensemos en el golf o en el billar), pero es difícil imaginar la pista central de Wimbledon sin que el árbitro tenga que exigir silencio ni el estadio de cricket Wankhede de Bombay sin el rugido de la masa cuando un jugador se apunta seis carreras.

En Asia Oriental, donde los confinamientos se han relajado antes que en Occidente y los partidos se están jugando a puerta cerrada, los organizadores hacen experimentos para suplir la ausencia del público. La liga de fútbol de Corea del Sur ha probado a transmitir el ruido de la afición por los altavoces. La liga del béisbol de Taiwán ha llenado las gradas de figuras que representan a los espectadores (ver foto inferior) y cobra a los hinchas por pegar fotos con sus caras. Lo mismo hace el Borussia Mönchengladbach, otro equipo de la Bundesliga, que dona los ingresos así obtenidos a organizaciones benéficas. En el Reino Unido, la cadena Sky Sports está planteándose proyectar sobre las gradas imágenes de espectadores generadas por ordenador (algo parecido a la innovación técnica que introdujo la película Gladiator). 

Baseball en Taiwan
Estadio de baseball en Taiwan tras la pandemia de covid-19 /GETTY

Incluso sin público, la práctica del deporte profesional en plena pandemia no está en absoluto exenta de riesgos. Los jugadores de los 36 equipos de la Bundesliga se someten a las pruebas del coronavirus varias veces por semana. A 4 de mayo, 10 de las 1.700 personas que suman entre jugadores y equipos técnicos habían dado positivo. Los entrenamientos se han restringido a grupos de cinco. Y otros deportes están considerando adoptar precauciones aún más extremas. Los criquetistas ingleses se enfrentan a semanas de cuarentena antes, durante y después de los seis test matches de cinco días programados para este verano contra Pakistán y la Indias Occidentales –el test match de criquet es la modalidad de críquet de mayor duración–. Y, aun en los encuentros sin espectadores, se juntan multitud de personas potencialmente transmisoras del virus. Según World Rugby, la institución que gobierna las federaciones nacionales de este deporte, para la organización de un partido profesional de rugby se requieren al menos 174 personas, entre las que se incluyen los jugadores, los aguadores y los equipos de televisión.

 

¿Serán comercialmente viables los encuentros a puerta cerrada?

Estadio de criquet
Final del mundial femenino de críquet a principios de marzo de 2020 en Australia / GETTY

Los principales acontecimientos deportivos se apoyan hoy mayoritariamente en tres fuentes de ingresos: las ventas del día del partido, los derechos de retransmisión y los patrocinadores. Las tres se verán seriamente mermadas. El vaciamiento de las gradas acabará con los ingresos del día del encuentro, ya que no habrá espectadores que paguen por la entrada ni que compren productos de merchandising, cerveza o bocadillos. Para las grandes ligas, estas pérdidas serán tolerables. Según la consultora Deloitte, en la temporada 2017–2018, solo el 14% de los ingresos de los equipos de la Premier League inglesa –la que más dinero mueve en el mundo– se obtuvieron en los días en los que se jugaban los encuentros. Pero las ligas más pequeñas, que no cuentan con audiencias masivas de televisión, tendrán dificultades. Los clubes de la Scottish Premiership –la primera división de la liga escocesa–, por ejemplo, recaudaron el 45% de sus ingresos en los días de partido (datos de la temporada 2017–2018). 

El futuro de los derechos de retransmisión, de donde procede la mayor parte de la facturación de los grandes acontecimientos deportivos, está bastante menos claro. Dada la incertidumbre sobre cuándo se reanudarán los encuentros, los medios de comunicación son reacios a pagar. Las compañías Sky, DAZN e IMG ya han retenido 220 millones de euros de la Serie A, la primera liga italiana. La Premier League perderá 837 millones de euros en derechos de retransmisión si la liga sigue suspendida e, incluso si se reanuda, sufrirá una merma de 335 millones porque los emisores habrán perdido sus franjas horarias favoritas. También es posible que los partidos no cumplan con las expectativas de los medios en otros aspectos. Stefan Kürten, director de Eurovision Sport, la división de retransmisiones deportivas de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), ha dejado claro que el precio de los encuentros estará determinado por la participación de deportistas de primer nivel. Y cuando a Nick Kyrgios, la estrella del tenis australiano, le preguntaron si jugaría en un Grand Slam sin público, respondió: “100%, no”. 

Nick Kyrgios, la estrella del tenis australiano, le preguntaron si jugaría en un Grand Slam sin público, respondió: “100%, no”.

Pese a todas estas dudas, los medios se han lanzado a aprovechar los pocos acontecimientos deportivos que están teniendo lugar en el mundo. El béisbol taiwanés se retransmite online con comentarios en inglés para aquellos americanos que no pueden vivir sin unos cuantos home runs. Hace unas pocas semanas, la BBC retransmitió en directo para el Reino Unido el primer encuentro de la liga de fútbol surcoreana. El nuevo interés por las ligas pequeñas, sin embargo, puede resultar demasiado efímero para que las nuevas audiencias conseguidas por estas competiciones de menor relevancia pública se consoliden. 

Los ingresos de los patrocinadores, en cambio, parecen más seguros. Muchos de ellos aceptan firmar contratos por varios años con deportistas y equipos y confían en que las audiencias que asisten desde casa a los partidos compensen la falta de espectadores en los estadios. Pero las señales de que hay turbulencias ya se aprecian con claridad. Según la consultora GlobalData, el número de acuerdos de patrocinio correspondiente a los primeros tres meses de 2020 cayó un 26% en relación al del año anterior. La cadena de productos para el hogar Gifi anunció que no seguiría financiando al Sporting Union Agen, equipo de rugby de la liga francesa, debido a las perturbaciones ocasionadas por el coronavirus (la temporada se suspendió oficialmente el mes pasado). 

Posibles soluciones, potenciales conflictos con los patrocinadores

Si los encuentros volvieran a disputarse pronto, los equipos podrían encontrar nuevas fórmulas para transmitir los mensajes de los patrocinadores, como anuncios virtuales en las gradas que normalmente ocupa el público, dice Simon Wardle, principal estratega de la agencia de márketing deportivo Octagon. Aun así, la posibilidad de que surjan conflictos es muy grande. Muchos acuerdos económicos se establecen en función del rendimiento, y los equipos que no obtengan buenos resultados pueden argumentar que los partidos a puerta cerrada no les permiten desarrollar todo su potencial. Los encuentros disputados en sedes neutrales –propuestos para mejorar la seguridad de los jugadores y evitar aglomeraciones de hinchas alrededor de los estadios– son otro posible motivo de disputa. Los patrocinadores pueden estar en desacuerdo con la adjudicación de las vallas publicitarias e incluso con el nombre de los estadios. Las compañías que han pagado por añadir su marca a la sede oficial del equipo querrán tener la misma visibilidad si varía el lugar del encuentro.

La celebración de partidos en estadios vacíos aliviará las dificultades financieras por las que atraviesan los principales deportes, pero aun así la caída de ingresos va a ser acusada. Según Andrea Sartori, de la consultora KPMG, si la reanudación del juego no se produce pronto, las cinco mayores ligas de fútbol europeas perderán 4.000 millones de euros, el equivalente a una cuarta parte de los ingresos de la temporada 2017–18. Una recuperación rápida de las competiciones a puerta cerrada reduciría el quebranto hasta el entorno del 5–8%. El problema es que para muchos deportes que operan con márgenes pequeños, como el rugby, estas pérdidas pueden ser igualmente devastadoras. 

Una situación que no beneficia a nadie

Pero ¿qué ocurrirá en el terreno de juego? Posiblemente un regreso apresurado sería malo para los deportistas, incluso si están deseando volver a competir. En 2011, la Liga Nacional de Fútbol Americano se suspendió durante 18 semanas debido a una disputa económica entre los jugadores y los propietarios de los clubes. Según pudo verse en investigaciones posteriores, cuando los jugadores volvieron al campo, habiendo podido entrenar solo unos pocos días, el porcentaje de lesiones fue mucho más alto que en otras temporadas.

El rendimiento de los deportistas también se verá afectado por la ausencia de público. Jugar en casa contando con la ovación de los aficionados y los continuos silbidos al contrario es una ventaja. Incluso sin la afición –ha declarado a Sky Sports Dan Ashworth, director técnico del Brighton Futbol Club–, la familiaridad con el terreno de juego, e incluso con los vestuarios, ayuda a que los jugadores den lo mejor de sí. Por eso no es de extrañar que los clubes que se encuentran en la parte baja de la tabla de la Premier League no hayan querido acabar la temporada en sedes neutrales. 

El pasado sábado 16, la derrota del Schalke –muy por debajo de los anfitriones en la clasificación–, no fue exactamente una sorpresa. El equipo había sufrido ya algunos traumas en Dortmund (uno bastante singular en 1969, cuando un perro policía llamado Rex mordió a uno de los jugadores en el culo; si bien, para ser justos con Rex, hay que aclarar que trataba de impedir una invasión del campo). Pero la evolución reciente del equipo permitía abrigar esperanzas. Llevaba sin perder en el Signal Iduna Park desde 2015, y en 2017 protagonizó una épica remontada desde un 4–0 hasta un empate 4–4. En este último encuentro, sin embargo, ese 4–0 evitado in extremis hace tres años se hizo realidad. Y eso que, en esta ocasión, no tenían enfrente al gelbe Wand

© 2020 The Economist Newspaper Limited. Todos los derechos reservados. Perteneciente a Economist.com, traducido por Rodrigo Brunori, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, se puede encontrar en www.economist.com.

Continúa leyendo