De estadios olímpicos a aeropuertos fantasma: Los megaproyectos más infructuosos del mundo

Fueron increíblemente caros y siempre estuvieron rodeados de polémica.

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Las obras faraónicas casi siempre van acompañadas de mucho ruido mediático y de rumores de mala praxis política y empresarial. Los gobiernos, alrededor de todo el mundo, quieren darle a su pueblo las construcciones más grandes, más modernas, más impresionantes y más memorables, y además buscan asombrar al mundo y atraer a cuantos más turistas sea posible.

Sin embargo, en muchas ocasiones estas megaobras solo responden a la egolatría y el complejo de inferioridad de unos gobernantes concretos, y pasado un tiempo se descubre que aquello que iba a impresionar a millones de personas tan solo es una construcción carísima e infrautilizada, un pozo de deudas que acaba afectando negativamente a toda la sociedad. Aquí te contamos la historia de algunos de los megaproyectos más infructuosos del mundo:

Aeropuerto de Ciudad Real

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Promocionado como el gran aeropuerto que descongestionaría el ajetreo de Barajas, el aeropuerto de Ciudad Real se construyó para albergar hasta 10 millones de pasajeros al año. Abrió en 2008 pero atrajo solo a tres aerolíneas de bajo coste y solo a unos pocos miles de viajeros en los primeros 12 meses. En 2012, el propietario del aeropuerto quebró y cesaron todas las operaciones. El sitio finalmente se vendió en 2015 a un consorcio de inversores chinos por unos miserables 10.000 euros. Hoy, el gran aeropuerto solo es un aparcamiento de aviones en mitad de la llanura manchega.

Oleoducto EEUU-Canadá

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La propuesta de extensión del Sistema de Oleoductos Keystone siempre ha sido un tema delicado para los EEUU y su vecina Canadá. El presidente Biden ha revocado hace poco el permiso para las obras, que ha estado transportando petróleo desde Alberta a Illinois y Texas desde el año 2010. La principal pega es el enorme impacto ambiental que supone, lo que ha provocado que la comunidad ecologista se haya manifestado en contra del proyecto en numerosas ocasiones. El problema es que ahora la empresa constructora le reclama 15.000 millones de euros al Gobierno en concepto de compensaciones, ya que el Gobierno de Trump había dado luz verde para su construcción.

Estadio olímpico de Montreal

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El estadio olímpico Big O de Montreal fue rápidamente rebautizado como Big Owe (la gran deuda) debido a que el edificio superaba 13 veces el coste estimado original. Hubo una lucha frenética para terminarlo a tiempo para los Juegos de 1976, con hasta 3.000 obreros trabajando las 24 horas del día en los últimos meses, e incluso así no logró acabarse a tiempo. Según los informes, los trabajadores de la construcción que aún estaban acabando el complejo interrumpieron el camino de los primeros atletas que llegaron al estadio para la ceremonia de apertura.

Túnel ferroviario en Suecia

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La construcción del túnel ferroviario Hallandsås, de casi 10 km, comenzó en 1992 y se esperaba que estuviera completamente terminado en 1995. Casi desde el principio, el agua subterránea comenzó a filtrarse en el túnel, provocando un gravísimo problema estructural para los ingenieros que trabajaban en el megaproyecto. Pero las desgracias nunca vienen solas, así que, pocos días después de empezar, el taladro perforador se rompió, la empresa contratista fue a la quiebra y el megaproyecto cambió de empresa, que utilizó una sustancia tóxica para sellar grietas en la roca que terminaron envenenando a los peces y al ganado de los alrededores. Las obras se detuvieron en 1997 y no se terminaron hasta 2015, con 23 años de retraso y con unos sobrecostes astronómicos.

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