Del español al otomano: Estos son los imperios más poderosos de la Historia

Colonizaron territorios y obtuvieron enormes riquezas.

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Las superpotencias económicas que se extendieron por continentes enteros durante muchos siglos lograron convertirse en los imperios más poderosos del mundo. Acumularon una fabulosa riqueza durante sus años de mayor esplendor, y obtuvieron una cantidad enorme de beneficios, no solo económicos, a expensas de las naciones que colonizaron.

En los libros de Historia siempre aparen los grandes imperios como ejemplo de progreso, desarrollo y evolución, y sus aristas van desde lo político hasta lo económico, pasando por las transformaciones sociales o tecnológicas. Aquí hacemos un repaso de los imperios más poderosos de toda la Historia:

Imperio español

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El primer imperio verdaderamente global, la España imperial, controló grandes extensiones de la actual América Latina, Filipinas, partes de África y territorios en Europa desde los Países Bajos hasta Sicilia en varios puntos durante finales del siglo XV y principios del XIX. Las riquezas de los imperios azteca e inca conquistados fueron saqueadas durante el siglo XVI y grandes cantidades de oro, plata y piedras preciosas fueron extraídas y exportadas al Viejo Mundo a través de los galeones del tesoro español. En su apogeo, en 1700, el Imperio Español tenía un PIB de 24.000 mil millones, lo equivalente al 6,5% de la riqueza total mundial, pero sus días estaban contados. Los movimientos revolucionarios de Sudamérica se desarrollaron en las colonias y el imperio perdió la mayor parte de sus territorios tras las guerras de independencia hispanoamericanas a principios del siglo XIX.

Imperio Romano

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El Imperio Romano surgió después de la caída de la República en el 27 a. C. y alcanzó la cúspide de su poder y prestigio en el siglo II d. C. cuando cubrió millones de kilómetros cuadrados que abarcan gran parte de Europa, el norte de África y Oriente Medio. El imperio tenía 70 millones de habitantes en su apogeo, alrededor del 21% de la población mundial. Según un análisis de varios economistas, el PIB de Roma superó los 43.000 millones en el año 150 d.C., cuando representaba alrededor del 30% de la economía mundial. Víctima de su tamaño, el Imperio Romano se volvió demasiado grande para ser gobernado con solvencia y entró en declive durante el siglo III, aunque su influencia en la civilización occidental ha sido profunda. Las invasiones bárbaras acabaron con él en el siglo V, pero la parte oriental, el Imperio Bizantino, sobrevivió hasta 1453.

Imperio Otomano

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Surgido en el siglo XIII, el opulento Imperio Otomano pasó a cubrir Anatolia y gran parte del sudeste de Europa, el norte de África y Oriente Medio en su cénit, bajo el mandato del sultán Suleiman el Magnífico, que gobernó casi todo el siglo XVI. El Imperio Otomano destacaba por su conquista militar, prosperidad sin precedentes y grandes logros artísticos, pero todo empezó a ir cuesta abajo y fue superado económicamente por las principales potencias europeas en el siglo XVIII. Después de ponerse del lado de Alemania en la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se derrumbó y renació en 1922 como la República de Turquía, mucho más reducida territorialmente.

Imperio Austrohúngaro

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Devastado por la guerra austroprusiana de 1866, el Imperio Austríaco se vio obligado a entrar en una unión mutuamente beneficiosa con su vecino, el Reino de Hungría, al año siguiente. Inmediatamente se convirtió en una potencia a tener cuenta, ya el recién formado Imperio Austrohúngaro fue un actor clave en el poder europeo de principios del siglo XX. Además de presumir de una destreza militar envidiable, el imperio era uno de los principales productores del mundo en la industria de los transportes. Al igual que el Imperio Otomano, Austria-Hungría cometió el error fatal de entrar en la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania, y se disolvió en 1918, lo que dio lugar a varios estados sucesores menos poderosos, incluidos Austria, Hungría, o Checoslovaquia.

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