¿Qué es el llamado "suelo pegajoso" para las mujeres?

Mucho se oye hablar del "techo de cristal" y las dificultades que enfrentan las mujeres para llegar a puestos de responsabilidad, pero, ¿sabes a qué se le denomina "suelo pegajoso" o "sticky floor"?

Sticky Floor
Getty Images

La desigualdad laboral entre hombres y mujeres ha dado lugar a que se generalice un término cada vez más conocido entre todos los ámbitos de la sociedad. Nos referimos al llamado "techo de cristal", una metáfora utilizada para reflejar que las mujeres encuentran graves dificultades en la estructura de las empresas e instituciones para acceder a los puestos de responsabilidad, mejor considerados y remunerados. Y que siguen estando mayoritariamente detentados por hombres.

Sin embargo, para entender la desigualdad es necesario centrar la atención en otro fenómeno complementario: el "sticky floor", también conocido como "suelo pegajoso" o "suelo de barro". 

Este término hace referencia al hecho de que las mujeres en el mercado laboral siguen desempeñando los puestos más bajos de la pirámide, además de no llegar a los de arriba. Los más precarios, peor remunerados, los que exigen menor cualificación y que gozan de menor consideración en la sociedad. Y quienes lo utilizan, creen que, mientras no se supere este fenómeno, el techo de cristal tampoco llegará a romperse nunca.

 

¿Empleos feminizados?

El trabajo de cuidados no remunerados que desempeñan mayoritariamente las mujeres (madres, abuelas, hermanas, etcétera), como amas de casa, cuidadoras de personas dependientes, niños o mayores muchas veces las aleja de los empleos remunerados, dificultando su ascenso laboral. Este trabajo invisible se considera parte de lo que suscita la existencia de ese "suelo pegajoso", pero no es el único. Otros empleos remunerados también fomentan su perpetuación.

Y muchas veces tienen que ver con situaciones en las que esos cuidados sí están capitalizados y profesionalizados. Un ejemplo bastante conocido es el de las "kellys" o camareras de piso, que se encargan de limpiar y arreglar las habitaciones de los hoteles. Ellas llevan ya unos años denunciando las condiciones de precariedad de sus contratos y las remuneraciones irrisorias que perciben y han conseguido hacerse muy visibles. Representan, quizá, uno de los casos más extremos de esta dinámica, junto a las empleadas del hogar u otras trabajadoras similares.

Pero otros sectores pero remunerados, como el de la educación o los servicios, siguen estando altamente feminizados; mientras que la informática, la ingeniería, las telecomunicaciones permanecen notablemente masculinizados, con más presencia de hombres que de mujeres.

A todo ello se suman, por supuesto, los innumerables datos que indican que ellas son las que tienen más contratos temporales o a tiempo parcial, lo que dificulta despegar en cualquier carrera profesional.

Y ahí es donde se inicia el problema. ¿Cómo va una sola a romper el techo de cristal si la mayoría de las mujeres se encuentran inmovilizadas con los pies pegados a ese suelo de barro?

Más mujeres en los tramos más bajos del IRPF

Paloma de Villota, creadora del primer doctorado en perspectiva de género de la Universidad Complutense de Madrid en 1996 y profesora de Economía Aplicada en este centro, define este fenómeno como "ese suelo pegajoso del que no podemos despegarnos y que nos hace permanecer en el mercado de trabajo desempeñando aquellos puestos que tienen los salarios más bajos".

Ella cuenta que lleva años aludiendo a este término en sus estudios, y que "a través de la función de densidad en el IRPF, se puede apreciar que en el Territorio Fiscal Común las mujeres se concentran, todavía, en los escalones más bajos de la tarifa". Por eso, la experta defiende que, entre otras cosas, "para incentivar la permanencia de las mujeres en el mercado, es aconsejable reducir estos tramos de la tarifa del tributo".

Continúa leyendo