¿Qué es una huelga de cuidados?

Con el impulso social que ha tomado el 8 de marzo en todo el mundo, Día Internacional de la Mujer, ha comenzado a escucharse desde los sectores feministas la expresión "huelga de cuidados", cada vez más normalizada. Pero, ¿sabes a qué se refiere exactamente?

huelga de cuidados
Mujeres en la manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid. / Getty Images

En los últimos tres años ha comenzado a popularizarse en países de todo el mundo la celebración del Día Internacional de la Mujer, que tiene lugar cada 8 de marzo. España no ha sido menos y desde 2017, la Comisión 8 de Marzo -un espacio de coordinación creado en 1977 con el fin de acordar las acciones que se llevan a cabo para reivindicar el fin de la desigualdad entre hombres y mujeres- ha organizado llamamientos masivos, no solo a acudir a las manifestaciones que tienen lugar por todo el país. También ha buscado movilizar a las mujeres para sumarse a las llamadas "huelgas feministas"

Este 2020, la Comisión 8M no ha realizado esta convocatoria de forma unánime para todo el ámbito estatal, pero en las diferentes regiones se han hecho llamamientos específicos para repetir las actuaciones de los años anteriores. Incluyendo la huelga laboral, incluso siendo un domingo, en Comunidades Autónomas como Catalunya, con el apoyo de los sindicatos Confederación General del Trabjo (CGT), la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC) y la Intersindical-CSC (Confederación Sindical Catalana).

Así, las huelgas feministas son un concepto que se va haciendo hueco en la agenda y que se articula en torno a cuatro ejes: huelga laboral, huelga de consumo, huelga estudiantil y huelga de cuidados. En qué consisten las tres primeras parece bastante claro, pero, ¿sabes qué quiere decir exactamente hacer una "huelga de cuidados"?

¿En qué consiste una "huelga de cuidados"?

La idea de una huelga de cuidados surge en el seno del movimiento feminista como reacción ante la llamada "división sexual del trabajo", que se refiere a la desigualdad que cruza a hombres y mujeres en torno al tipo de actividades que realiza cada uno dentro del mercado laboral, así como fuera del mismo, posibilitando su sostenimiento.

Desde este punto de vista, la perpetuación de los roles tradicionales de género serían la causa por la cual las mujeres siguen desempeñando ciertas tareas que pertenecen al que consideran ámbito reproductivo -incluso aunque también trabajen fuera del hogar-, y que tiene que ver con el sostenimiento de la vida. Mientras tanto, los hombres se dedicarían al ámbito productivo, todo lo que el sistema económico y social sí reconoce como generador de valor. 

Esta es la principal motivación que encuentran para explicar que sean las mujeres quienes suelen encargarse de las tareas del hogar y su gestión. De limpiar el baño, hacer la comida, ir a buscar a los niños al colegio, encargarse del abuelo o los familiares dependientes e incluso de ser quienes consuelan a quien está triste. Tendrían, por tanto, una dimensión de carga material y otra de carga mental.

A todas estas actividades inherentes a la supervivencia de las personas se las considera "trabajo de cuidados". Pero en muchos casos, a efectos prácticos, no están reconocidas como trabajo per se, ya que por ellas no se recibe un salario. Se llevan a cabo por amor, afecto, costumbre, educación o responsabilidad. Y, si nadie las hiciera, el resto del sistema económico (el que sucede en el seno de las empresas, de las instituciones, etcétera) no podría salir adelante.

La huelga de cuidados consiste, precisamente, en instar a las mujeres a que dejen de realizar todas estas tareas para hacerlas visibles, tal y como se insta a los trabajadores de una empresa a no desempeñar sus labores en cualquier huelga común. El lema que se ha promulgado en España es, en esta línea, Si nosotras paramos, se para el mundo.

¿Tiene sentido hablar de huelga para actividades no remuneradas?

Sin embargo, no se trata de una huelga común. El concepto de huelga tradicional ha tenido históricamente que ver con el cese durante un periodo determinado por parte de un grupo de trabajadores por cuenta ajena de sus actividades laborales, con el fin de generar un impacto negativo en los beneficios de la empresa de forma que quede visibilizada la importancia de su actividad y se atienda a sus demandas.

En el marco legislativo español, el derecho a huelga queda reconocido como un derecho fundamental en el art. 28 de la Constitución y se desarrolla en el Real Decreto Ley 17/1977, de 4 de marzo. En todo caso se habla de "trabajadores" y "empresarios afectados" -posteriormente también se reguló este derecho para los empleados públicos-, dos términos que no se aplican a la situación referida a la huelga de cuidados. Las mujeres, en sus hogares, no están conceptualizadas como trabajadoras, no perciben un salario por estas tareas ni les vincula una relación contractual con sus familias en cuanto a su desempeño. 

Aun así, existen situaciones, como la de las empleadas del hogar, las enfermeras, las trabajadoras sociales o las camareras de piso en las que estas actividades sí están profesionalmente reconocidas. 

A pesar de todo, el impacto económico que se generaría si las mujeres "pararan", sería real. Un ejemplo puede encontrarse en que, cuando en un hogar ningún miembro del mismo limpia o cuida de los niños o personas dependientes, esto se externaliza a las otras personas que realizan estas actividades de forma profesionalizada percibiendo por ello una remuneración. 

De esta forma, la huelga de cuidados, que afecta a lo simbólico y a hacer visible todo este entramado, adquiere un significado que va más allá de la huelga tradicional, pero que a su vez tiene mucho que ver con esta.

¿Qué demandas persigue esta clase de huelga?

Con todo esto, las demandas que se persiguen con una huelga de cuidados se articulan de forma algo distinto a cómo lo hacen las demandas de una huelga tradicional, puesto que no se dirigen directamente a un empresario. Muchas quedan recogidas en los argumentarios anuales presentados por la Comisión 8M

Por un lado, se busca que los hombres se sientan interpelados a participar y fomentar la corresponsabilidad de estos cuidados en el ámbito de lo privado, en las familias y las redes cotidianas. 

También se llama a que el Estado provea a la sociedad de los servicios públicos necesarios para el cuidado de menores, enfermos, personas mayores o personas dependientes, de forma que se convierta en una responsabilidad colectiva y que no la asuma cada mujer en su entorno de forma individual. 

Igualmente, apela a que el tejido empresarial se ajuste a las realidades cotidianas de los cuidados para que las mujeres no vean entorpecidas sus carreras al tener que abandonar su puesto laboral o reducir sus jornadas.

Y exigen, junto a todo ello, que se reconozcan estas labores y se pongan en valor, que la sociedad entienda que son esenciales para el desarrollo de cualquier otra actividad productiva.

Continúa leyendo