10 frases feministas de John Stuart Mill

El filósofo y teórico de la economía británico trabajó mano a mano con su esposa, la también filósofa Harriet Taylor Mill, que influyó notoriamente su pensamiento sobre la libertad de las mujeres.

Hulton Archive. London Stereoscopic Company

John Stuart Mill (Londres, 1806-Aviñón, 1873) fue uno de los filósofos y teóricos de la economía más reputados del siglo XIX. Su pensamiento está enmarcado dentro de la Escuela de Economía Clásica y se le considera discípulo de Jeremy Bentham, así como uno de los grandes exponentes del utilitarismo

Quizá su obra más famosa en nuestros tiempos sea Sobre la libertad, ensayo en el que aborda los asuntos más diversos, defendiendo, sobre todo, la importancia de crear un contexto social en convivencia tal que no coarte el desarrollo de los individuos. Y es por esto que a Stuart Mill se le reconoce como padre del socioliberalismo.

Pero, además, el británico goza de una importante fama entre los círculos feministas y los estudios de género. En pleno siglo XIX, Mill trabajó mano a mano con la filósofa y defensora de los derechos de las mujeres Harriet Taylor (Londres,1807-Aviñón, 1858), con quien contraería matrimonio. Las ideas sufragistas y feministas de Taylor influirían notablemente el pensamiento de su marido, quien basándose en las ideas de ella, escribiría en 1869 La esclavitud de las mujeres

Se trató de un texto revolucionario que criticaba y analizaba exhaustivamente todas las opresiones a las que las mujeres se veían sometidas en aquella época, cuestionando desde los atributos esenciales de la feminidad hasta la institución del matrimonio.

Stuart Mill creía que nada diferenciaba a mujeres de hombres a la hora de poder desarrollar su inteligencia y servir a la sociedad en asuntos públicos, políticos, económicos o artísticos. Sin embargo, había un punto en el que disentía con Taylor. Él pensaba que, por una cuestión pragmática, las mujeres casadas y con una familia a su cargo no debían incorporarse al mercado laboral, puesto que ambas actividades resultaban incompatibles en la dedicación que requerían.

En cualquier caso, el texto de Mill sigue siendo uno de los más citados para hablar del feminismo ilustrado. Aquí os dejamos algunas de sus frases más revolucionarias:

  1. Creo que las relaciones sociales entre ambos sexos,-aquellas que hacen depender a un sexo del otro, en nombre de la ley,-son malas en sí mismas, y forman hoy uno de los principales obstáculos para el progreso de la humanidad.

  2. Así se explica el sentimiento de los hombres que muestran antipatía a la libertad y la igualdad de la mujer. Esos esclavistas temen [...] que exijan en el matrimonio condiciones de igualdad: temen que toda mujer de talento y de carácter prefiera otra cosa que no te parezca tan degradante como el casarse, si al casarse no hace más que tomar un amo, entregándole cuanto posee en la tierra.

  3. [En el] arreglo que se conoce con el nombre de régimen de la separación de bienes: es preciso que la renta pase por manos de la esposa; pero si el marido se la arranca con la violencia, no incurre en ninguna pena, y no se le puede obligar a la devolución. ¡Esta es la protección que las leyes de Inglaterra conceden a los miembros de la más alta nobleza, al casar a sus hijas!

  4. No tengo esperanzas de que este escrito cause impresión alguna sobre las personas a quienes sería preciso demostrar que los bienes que la mujer hereda o que son fruto de su trabajo, deben pertenecerle después del matrimonio, como le hubiesen pertenecido antes.

  5. Todo el mundo, en el estado actual de la opinión en materias políticas y económicas, reconocería lo injusto de excluir a la mitad de la raza humana del mayor número de ocupaciones lucrativas y de casi toda elevada posición, y decretar que por el hecho de su nacimiento las mujeres no son ni pueden llegar a ser capaces de desempeñar cargos legalmente accesibles a los miembros más estúpidos y más viles del otro sexo.

  6. En efecto, toda mujer que sale adelante en la profesión que se le ha permitido abrazar, prueba, ipso facto, que es capaz de desempeñarla.

  7. Examinemos ahora otra superioridad ya reconocida en las mujeres inteligentes: una prontitud y viveza para la resolución mayor que la del hombre. ¿Acaso el predominio de esta cualidad no hace a las personas muy aptas para los negocios?

  8. Si un hombre ejerce una profesión que le defiende contra los entremetidos o solamente una ocupación, a nadie ofende consagrándola su tiempo; puede encastillarse en el trabajo para excusarse de no atender a las exigencias de los extraños. ¿De cuándo acá las ocupaciones de una mujer, sobre todo las que voluntariamente escoge, la sirven de excusa para prescindir de los deberes sociales?

  9. El matrimonio es la única forma de servidumbre admitida ya por nuestras leyes. No hay más esclavos legalmente reconocidos sino las amas de casa.

  10. [La libertad concedida a la mujer] duplicaría la cifra actual de las personas que trabajan en bien de la especie humana y fomentan el progreso general de la enseñanza pública, de la administración, de todo ramo de los negocios públicos o sociales.

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