70 años de políticas económicas en España: de la posguerra a la Gran Recesión de 2008

Desde el final de la Guerra Civil hasta el siglo XXI España ha pasado por distintas fases que le han llevado de un país destruido y arruinado y alejado del mundo a ser una economía de primer orden

El general Franco durante la posguerra. GETTY

1. Posguerra y autarquía (1939-1952)

Tras tres años de guerra civil, en 1939 España era un país completamente destruido y arruinado. La población se redujo en más de medio millón de personas y habrían de pasar más de 15 años, hasta 1954, para que se recuperase el nivel de renta de 1935. En términos estrictamente económicos, la guerra supuso dos décadas perdidas de bienestar y desarrollo material, dolorosamente puntuadas por el hambre, la escasez y la falta de libertades.

La solución del nuevo régimen franquista a tanta penuria estuvo inspirada en el extravagante modelo creado en la Italia de Mussolini y consolidado en la Alemania de Hitler: la autarquía, una política económica basada en la búsqueda de la autosuficiencia económica y la intervención estatal. Fueron los años del gasógeno y las cartillas de racionamiento.

El intervencionismo se extendió por la economía española. El Estado fijaba los precios agrícolas y obligaba a los campesinos a entregar los excedentes de sus cosechas. En 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI), para tratar de controlar la desangrada industria nacional, y se estableció un rígido control restrictivo para el comercio exterior.

Los durísimos años de la posguerra quedarán así marcados por una tremenda regresión económica en la que se produjo un retroceso inédito en las economías modernas: durante mucho tiempo, el sector primario agropecuario volvió a suponer más de la mitad de la renta nacional. 

En semejante contexto de escasez e intervencionismo estatal, el mercado negro (estraperlo) y la corrupción generalizada (nepotismo y enchufes, concesión de licencias de importación y exportación para los adictos al régimen) se enquistaron en nuestra economía. La coyuntura internacional sólo agravaría la situación: a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) le sucedió en España un largo periodo de aislamiento, por la unánime condena de todos los países del mundo al régimen de Franco como ex aliado del Eje derrotado. La únicas excepciones serían Portugal y Argentina, así como Irlanda, Suiza y la Santa Sede. En consecuencia, el fracaso del modelo autárquico condujo a que desde principios de los años cincuenta se empezase a producir un giro hacia el realismo en nuestra política económica, sutil e imperceptible al principio: comenzó con la aplicación de una liberalización parcial de los precios agrícolas e industriales y, en 1952, se puso fin al racionamiento de alimentos instaurado en mayo de 1939.

2. El decenio-bisagra y el Plan de Estabilización (1950-1959)

Franco y Eisenhower en Madrid. GTRES

La guerra fría y el consiguiente cambio de alianzas en la política exterior norteamericana propició que, a partir de 1953, con la victoria de Eisenhower, empezase a llegar a España la ayuda económica norteamericana. Son los años de Bienvenido Mr. Marshall, la leche en polvo y “el abrazo de Madrid” entre Franco y el nuevo presidente norteamericano. Con él, se firmaron los acuerdos bilaterales de defensa mutua, cooperación económica y asistencia técnica. Aunque inferiores a las recibidas por los países beneficiarios del Plan Marshall –Alemania y Austria, Francia, Grecia, Países Bajos, Noruega y el Reino Unido–, estas ayudas permitieron las importaciones de bienes de equipo imprescindibles para nuestro desarrollo industrial.

 

Pero ese incipiente desarrollo también llevó aparejada una fuerte inflación y el consiguiente malestar social, como las primeras huelgas y disturbios estudiantiles de 1957. La necesidad de reformas estructurales en la economía española se hacía evidente y, finalmente, Franco, tras veinte años de erradas políticas económicas falangistas, va a bendecir la entrada en el gobierno de los jóvenes tecnócratas del Opus Dei. Sus nuevos y modernizadores ministros abandonaron la “revolución pendiente” y prepararon lo que fue el gran giro de nuestra política económica: el Plan de Estabilización de 1959, el primer intento de apertura de la economía española que, en este verano de 2019, ha cumplido 60 años.

 

En su libro “INI, 50 años de industrialización en España”, el catedrático e historiador económico Pablo Martín-Aceña cuenta cómo, en la primavera de aquel año, el nuevo Ministro de Comercio Alberto Ullastres, catedrático a su vez de Economía y Hacienda informa a Franco de que la situación del Instituto de Moneda Extrajera

–creado en 1939 para encargarse de la política monetaria y del tipo de cambio oficial de la peseta a otras divisas–es alarmante:

– “Excelencia, no disponemos de un solo dólar para pagar las importaciones más imprescindibles”.

– “¡Pero eso no lo sabía yo! ¿Por qué no se me ha dicho?”, contesta el Caudillo.

Tras esa conversación, Franco encarga al opusdeísta de 45 años la elaboración de un plan de apertura de nuestra economía. Enterrada a regañadientes la patriótica e imposible autarquía, nuestro país abandonará su nunca asumida falangitis y se abrirá a la inversión exterior y a la competencia de los mercados mundiales. Las medidas estructurales del Plan de Estabilización se concretaron en: convertibilidad de la peseta; elevación de los tipos de interés; limitación de los créditos bancarios y congelación de los salarios para reducir la inflación. Además se fomentó la inversión extranjera y se abordó una gran reforma fiscal que incrementase la recaudación y la limitación del gasto público.

Y el PIB empezó a dispararse. Año tras año. Daba inicio así el famoso “milagro económico español”: entre 1960 y la muerte del dictador, en 1975, nuestra economía creció de manera sostenida a una media del 7% anual, sólo superada en la época por Japón; y dio un salto para incorporarse al engranaje liberal de las economías europeas con pasos sucesivos –CEE, mercado único y unión monetaria–, que supusieron en cada momento grandes avances cuantitativos y cualitativos en la generación de riqueza y el bienestar material de los españoles. Durante los años 60 y primeros 70, el desarrollismo económico, unido a la explosión del incipiente turismo y a la emigración interior hacia Europa de nuestra mano de obra sobrante, consiguió mejorar de forma notable el nivel de vida de la mayoría de la población y sentó las bases para el surgimiento de una poderosa clase media, hasta entonces casi inexistente; aunque los niveles de libertad personal y política no aumentaron del mismo modo.

3. La crisis del petróleo (1973)

El 16 de octubre de 1973, la OPEP (Organización árabe de Países Productores de Petróleo) decidió no exportar más petróleo barato a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kipur; lo cual incluía a Estados Unidos y a sus aliados, España entre ellos. La consiguiente y fortísima subida de los precios del crudo produjo serias consecuencias a nivel global de las que España, país no productor y fuertemente dependiente, no podía quedar exenta. De hecho, esa fecha marcará el fin del periodo de expansión económica que se había sostenido desde 1960. Los años posteriores, coincidentes con la muerte del dictador, en 1975, y el fin de su régimen, añadieron dificultades a la salida de una profunda crisis política, económica e institucional.

Si bien el encarecimiento de la energía sumió en la contracción a las economías industriales del mundo, España superaría a todos los demás países europeos en sus tasas de paro e inflación. A principios de 1977, nuestro país se hallaba sumido en una profunda depresión y, en vísperas de las primeras elecciones democráticas tras 40 años de dictadura, la tasa de inflación alcanzó la cifra récord del 26,4%. El país volvía a ser un polvorín.

4. Los Pactos de la Moncloa (1977)

Los Pactos de la Moncloa. GTRES

Nuestra economía presentaba en 1977 un cuadro clínico explosivo, al que se unía la delicadísima situación política de un cambio de régimen que se estaba pactando entre las distintas fuerzas políticas, con el acoso a izquierda y derecha del terrorismo etarra y el riesgo de involución militar. ¿Ruptura o reforma? La Transición estaba en marcha. En semejante contexto, tras las primeras elecciones, se produjeron iniciativas de acuerdo político que habrían de resultar decisivas. El consenso se convirtió en concepto mágico y así llegamos a los llamados Pactos de la Moncloa, firmados el 27 de octubre de 1977, por el Gobierno de Adolfo Suárez, los principales partidos con representación parlamentaria –incluido el recién legalizado Partido Comunista de España–, y los sindicatos y asociaciones empresariales. Su objetivo era crear un acuerdo político y social básico, necesario para la aplicación de las medidas de ajuste que precisaba nuestra economía. Los Pactos, sin precedentes en nuestra historia, marcaron un cambio drástico en el tratamiento de los problemas: se reconoció la flexibilidad en el despido, el derecho de asociación sindical y la fijación de un límite de incremento para los salarios; se estableció una contención de la masa monetaria, la devaluación de la peseta y una gran reforma del sistema tributario para acabar con el déficit público. Por desgracia sus iniciales efectos benéficos se vieron lastrados por la segunda crisis del petróleo (1979).

A partir de 1983, con el nuevo gobierno socialista de Felipe González se llevó a cabo una política económica basada en el control de la inflación, la reconversión industrial y la moderación salarial. La consolidación de la democracia y la desaparición del fantasma del involucionismo militar que trajo nuestra entrada en la OTAN, facilitó un proceso de acercamiento a Europa que culminó en 1986 con nuestro ingreso en la Unión Europea.

5. España en Europa (1986-2007)

Primeros Billete de Euro. GETTY

El 1 de enero de 1986, nuestra entrada en la Unión Europea (UE) aceleró y fortaleció el impulso económico iniciado con la Transición y los Pactos de 1977. España tuvo que abrir su economía a la inversión extranjera y a la competencia exterior. También abordó un incremento notable de la inversión públicaen infraestructuras que culminó con empresas nacionales como los Juegos Olímpicos de Barcelona y La Exposición Universal de Sevilla (1992). El país aceleró el crecimiento de su PIB y redujo la deuda pública, la tasa de desempleo y la inflación, que se situó por debajo del 3%. Pero tras esa fase de crecimiento, la economía española volvió a entrar en recesión antes de acabar el año 1992. Durante varios años el desempleo se situó otra vez por encima del 20 %, alcanzando su máximo en 1994.

Desde ese mismo 1992 nuestra política económica estuvo marcada por el Tratado de Maastricht, un nuevo gran acuerdo de la UE dirigido a la instauración del euro como moneda común de la Unión. Sus principales medidas suponían el control de la inflación y el déficit público establecidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. 

Los indicadores económicos volvieron a subir a partir de 1995, iniciándose una fase expansiva que duraría hasta la crisis de 2008, con incrementos anuales del PIB del 3,5%, nunca vistos en la democracia. A partir de 2002, ese crecimiento trajo consigo una afluencia masiva de emigrantes, lo que provocó nuevos impulsos al consumo y un boom de la construcción. Fueron los años del “España va bien”.

 

Y en eso llegó la Gran Recesión.

José Pardina

José Pardina

José Pardina es periodista y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad de Barcelona. Dirigió 'Muy Interesante' durante más de 25 años, hasta 2015 y fundó la cabecera 'Muy Historia' en 2005. Es asesor editorial de Zinet Media Group.

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