Así funciona la ayuda macrofinanciera de la UE a los países afectados por la Covid-19

A pesar de las dudas iniciales, finalmente Europa accedió a estudiar un plan de estímulo económico para paliar los estragos de la crisis económica causada por el virus.

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Nadie podía prever las devastadoras consecuencias económicas que dejaría tras de sí la pandemia de coronavirus, que llegó a Europa hace poco más de un año. En un primer momento, la mayoría de los países optaron por aplicar la medida más drástica para intentar frenar los contagios: el confinamiento domiciliario.

Esto, lógicamente, supuso que la actividad económica prácticamente se paralizase y que llegase una recesión sin precedentes. Ante esta situación, varios estados miembros solicitaron ante el Parlamento Europeo que el bloque comunitario se implicase en ayudar a sus socios a superar el bache, e intentase crear un plan global para ningún país se quedase atrás.

Préstamos y donaciones

Europa respondió enseguida y, en el acuerdo, brillaron la cooperación y el consenso. Poco después la Unión dio a conocer su plan de ayuda macrofinanciera, una forma de ayuda a los socios comunitarios que se distribuye a través del banco central de cada estado, y que cada gobierno administra para estabilizar sus finanzas públicas.

Aunque esta ayuda toma la forma de préstamos a medio o largo plazo, ocasionalmente se convierte en una donación, o una mezcla entre los dos. Los préstamos se otorgan en condiciones muy favorables y con unas tasas de interés muy bajas y asequibles, para intentar que los países no se endeuden demasiado.

Hasta 3000 millones de euros con condiciones

En respuesta a la pandemia, la Comisión Europea se comprometió a proporcionar hasta 3000 millones de euros en asistencia de emergencia a diez de sus países miembros para ayudarlos a paliar las peores consecuencias económicas que acarreó el virus.

No obstante, Europa está haciendo extensibles estas ayudas, y tiene idea de ampliarlas a aquellos países que, aunque no forman parte de la Unión, son candidatos a entrar en ella. Así, los préstamos están diseñados para países cercanos geográfica, económica y políticamente al bloque comunitario, cubiertos por la Política Europea de Vecindad.

Para recibir el dinero europeo, los países deben cumplir con varias condiciones. Entre ellas se encuentran tener un plan de financiación con el Fondo Monetario Internacional, respetar los Derechos Humanos, implementar reformas democráticas, económicas y de buen gobierno, o combatir la corrupción.

Todo amparado en el gran plan económico

Sin embargo, la matriz de toda la ayuda económica que está desplegando la Unión Europea se entronca en el Plan de Recuperación y Resiliencia, con el que el bloque comunitario pretende redistribuir casi 700.000 millones de euros, una cantidad sin precedentes.

Hace tan solo unas semanas, el Parlamento Europeo ratificó con su voto el acuerdo político alcanzado unos meses antes. De nuevo, y para acceder a la liquidez del fondo, los estados miembros deben detallar planes nacionales de recuperación que demuestren que asignarán al menos el 37% de del dinero a la transición hacia una economía más verde, y al menos el 20% a iniciativas para digitalizar sus economías. El dinero debe gastarse en inversiones públicas y reformas para fortalecer la economía del país.

Paralelamente, los países de la UE deben elaborar planes nacionales de recuperación, y detallar tanto los proyectos de inversión que financiarán con los fondos europeos como las reformas que los acompañarán.

El plazo de presentación de dichos planes nacionales finaliza el próximo 30 de abril de 2021 y, una vez recibidos, la Comisión Europea dispondrá de hasta dos meses para evaluarlos y recomendar su aprobación al Consejo, que a su vez tendrá cuatro semanas para aprobarlos.

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