Así ha sido la batalla centenaria por explotar los recursos naturales de la Antártida

Muchos países llevan años intentando extraer materiales como petróleo o valiosos minerales.

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La Antártida no es exactamente el gran edén de naturaleza virgen y sin explorar que quizá imagines. El lugar más frío, seco, ventoso y despoblado de la tierra, totalmente intacto por la actividad humana hasta hace menos de 200 años, ahora contiene 70 estaciones de investigación permanentes y en 2019 recibió la visita de unos 56.000 turistas.

Aun así, el gran bloque de hielo más meridional del planeta es bastante desconocido, y desde hace décadas varias potencias mundiales están invirtiendo mucho dinero para intentar extraer los abundantes recursos naturales, que se cree que esconden las toneladas de hielo del continente helado.

Hacemos un pequeño recorrido por la historia del gran glaciar blanco, desde los primeros exploradores hasta la actualidad, donde muchos se preguntan si el fin del Tratado Antártico en 2048 podría abrir la veda a la explotación de minerales, petróleo y gas en la región.

Caza de ballenas

En 1773 el Capitán James Cook fue la primera persona en cruzar conscientemente el Círculo Antártico, a bordo de su barco Resolution. Sin embargo, el primer avistamiento del continente no se produciría hasta casi 50 años después. Hay debate sobre la primera persona que vio el continente, pero en 1819, el marinero inglés William Smith divisó, y dejó constancia de ello, la isla Livingston, parte del archipiélago de las Shetland del Sur que se encuentra en la Antártida Occidental.

A principios de la década de 1900, la caza de ballenas se volvió muy lucrativa, ya que los animales eran apreciados por su aceite y su carne. Inicialmente, los balleneros noruegos y británicos constituían la mayor parte de la industria, pero en 1908, los británicos hicieron un reclamo territorial sobre la Antártida, con la intención de cobrar impuestos a los balleneros de otros países. Más tarde, en 1939, llegó una expedición alemana para apoderarse del territorio noruego, estableciendo allí una estación ballenera para dejar de depender del aceite de ballena de importación.

Solo para fines científicos

Más tarde Chile y Argentina se unieron a la fiebre antártica y esto marcó el comienzo de una lucha por el territorio, con hasta siete países reclamando tierras en el continente entre 1908 y 1911. Es por esto por lo que se firmó el Tratado Antártico y se celebró la Convención sobre la Regulación de las Actividades sobre Recursos Antárticos (CRAMRA), con la intención de establecer protecciones ambientales para las posibles actividades mineras que pudieran tener lugar.

La Convención duró poco: mientras que 33 naciones la firmaron, Francia y Australia se negaron, diciendo que la minería debería estar completamente prohibida en el continente. Tras las reuniones que tuvieron lugar entre 1989 y 1991, CRAMRA fue revocada y en su lugar entró en vigencia un nuevo Protocolo de Protección Ambiental, que prohíbe cualquier actividad relacionada con los recursos minerales, que no sea la investigación científica.

Aunque actualmente sigue en vigor dicha prohibición sobre la minería, está previsto que se someta a revisión en 2048. Puede parecer mucho tiempo, pero algunos países, incluidos China y Rusia, ya han expresado su interés en suprimirla. Los expertos han comenzado a especular sobre lo que podría suceder en 2048.

Cuando se revise el Tratado Antártico dentro de 20 años, estará en juego el futuro del continente más olvidado del mundo. A medida que el cambio climático ejerce presión sobre el abastecimiento de recursos, muchos creen que los mayores desafíos surgirán antes de que finalice el Tratado, a medida que las diferentes partes implicadas e interesadas especulen con intereses ambientales y económicos en la zona.

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