Cajeros cerrados e inflación por las nubes: así es el día a día de la economía en Afganistán

En pocas semanas los talibanes han destruido la economía del país.

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A poco más de un mes después de que los talibanes tomaran el control de la capital de Afganistán, Kabul, sus residentes aún se están recuperando de una grave escasez de dinero en efectivo, ya que los bancos permanecen cerrados y las remesas del exterior se agotan con muchísima rapidez.

Los cajeros automáticos en toda la ciudad están vacíos y el cambio de moneda no está disponible en medio de la incertidumbre que rodea a los tipos de cambio y el temor a los saqueos. La situación con los bancos es desesperada. La gente hace muchas horas de cola frente a los bancos, pero éstos permanecen cerrados. Nadie tiene acceso a su dinero, especialmente en Kabul. Otro de los problemas es que a algunos trabajadores no les han pagado desde hace más de un mes. Los funcionarios del gobierno y los maestros no están recibiendo sus salarios, la gente de a pie se está quedando sin efectivo y sus ahorros están bloqueados en los bancos.

Escasez de efectivo y bloqueo de divisas

La situación se ha visto agravada aún más por una aguda escasez de dólares estadounidenses. Estados Unidos ha bloqueado el acceso del gobierno talibán a prácticamente la totalidad de las reservas de 9.000 millones de dólares del banco central de Afganistán, la mayoría de las cuales se encuentran en territorio estadounidense. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también suspendió el acceso de Afganistán a sus recursos tras la toma de Kabul por parte de los talibanes.

Sin que llegue un nuevo envío de dólares para apuntalarla, la moneda local, el afghani, se ha desplomado a mínimos históricos, lo que ha disparado la inflación. Los precios de alimentos básicos como la harina, el aceite y el arroz han subido hasta un 130% en unos pocos días. Hace un par de meses, por ejemplo, hace el precio de una bolsa de harina era de 1.800 afganis, pero ahora hay que pagar 5.000. El precio de una lata de aceite de 16 litros, que ahora cuesta 6.500 afganis, hace unas semanas se vendía por poco más de 2.000.

Los afganos han dependido tradicionalmente de las transferencias de efectivo de sus seres queridos que viven en el extranjero, pero en la crisis actual, incluso ese salvavidas se ha perdido. Los servicios de transferencias bancarias Western Union y MoneyGram han suspendido sus operaciones en el país. El año pasado, las remesas a Afganistán fueron de alrededor de 790 millones de euros, alrededor del 4% del producto interno bruto del país, según estima el Banco Mundial.

Estas transferencias de dinero han sido extremadamente relevantes durante años, ya que los afganos tienen una de las diásporas más grandes del mundo y han dependido durante mucho tiempo de la ayuda de sus familiares en Pakistán, Irán y los Emiratos Árabes Unidos, así como de la ayuda de Alemania y Estados Unidos.

Los precios del combustible también se han disparado durante el último mes. La gasolina subió a 900 dólares la tonelada en medio de una demanda masiva de afganos que huyen de las ciudades para ponerse a salvo de los militantes talibanes. Irán ha contribuido a aliviar la situación tras una solicitud del nuevo gobierno afgano. Teherán, sancionado por Washington, ha reanudado las exportaciones de combustible a su vecino, que habían estado suspendidas desde el 6 de agosto por motivos de seguridad.

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