Entrevista a Julio Aramberri

“Con la guerra comercial con China, Trump está siendo más inteligente que Obama"

El sociólogo español Julio Aramberri, autor de 'La China de Xi Jinping', ve mucha indecisión en la UE en sus relaciones con el gigante asiático y se sorprende de la pasividad de la sociedad española.

Xi Jinping y Trump
Xi Jinping y Donald Trump durante un encuentro entre los Gobiernos de China y Estados Unidos / Gtres

Julio Aramberri es un sociólogo español cuya vida académica ha transcurrido entre Estados Unidos y el Sudeste Asiático. Allí, en Asia, ha impartido clase en la universidad vietnamita de Hao Sen y en varias universidades chinas. Gran conocedor del gigante asiático, su último ensayo es La China de Xi Jinping (Deliberar, 2018).

Hace medio siglo, China se ahogaba en la hambruna desatada por las colectivizaciones de Mao. Hoy es una de las economías más poderosas del mundo. ¿A qué se debe ese cambio?

El cambio empieza con la llegada al poder, en 1978, de Deng Xiaoping,un líder consciente de que Mao había dejado al país en la ruina y convencido de que, para sacar a China de aquel marasmo, había que tirar de pragmatismo. Así que optó por desarrollar un sistema que permitiese la existencia de un mercado donde los excedentes pudiesen comprarse y venderse. A partir de ese momento se registra una evolución que desemboca en un sistema económico mixto en el que conviven los sectores público y privado –aunque el público lo sigue dominando todo– y que empieza a enriquecer a la sociedad china.

Usted define al actual presidente Xi Jinping como “el dirigente chino más tentado por la ambición desde Mao”.

Xi Jinping, que comienza a ejercer el poder en 2013, es un personaje desconocido hasta ese momento. Pero en cuanto se pone a los mandos, dice que va a profundizar en las reformas económicas para acercarse todavía más al mercado. Un mensaje que se recibe con demasiado optimismo en Occidente al entender que con él llegarán más libertades de la mano de un sector privado que irá minando, poco a poco, el sistema vigente.

¿Usted no lo cree?

Es que no se está dando un crecimiento del sector privado. Al contrario: en estos últimos años ha imperado, precisamente, la política de fortalecer el sector público.

¿Por qué no dejar crecer todavía más el sector privado si hasta ahora ha dado buenos resultados?

Porque existe el miedo a que esos observadores occidentales tengan razón. El Partido Comunista tiene miedo de que la empresa privada termine con su hegemonía. Y no solo eso: es que del sector público viven muchos de sus miembros, sus familiares y sus clientes. Hay demasiada gente –a la que yo llamo capitalistas rojos– que depende de que lo público no adelgace más.

Dice que China arrastra en estos momentos varios problemas estructurales. Problemas que cuestionan el mensaje emitido desde Pekín: que China cada vez es más poderosa. Uno de ellos es la corrupción. ¿Cuáles son los otros?

Por un lado, está la crisis demográfica causada por aquel proyecto de ingeniería social impuesto por Deng Xiaoping en 1979: la política de hijo único. Sus consecuencias –ahora se dan cuenta– están siendo desastrosas.Faltan jóvenes para sostener a los millones de chinos que se aproximan a su vejez. Además, China tiene la tasa más desproporcionada del mundo entre hombres y mujeres. Ellos son muchos más que ellas. Y esto no es ninguna tontería porque la diferencia conlleva toda una serie de crisis existenciales en el sexo masculino a la hora de intentar buscar pareja y formar una familia. Otro problema es meramente económico. China cuenta ahora mismo con un sector público ineficiente que está afectando negativamente al crecimiento del sector privado. Ahí están las cifras: la deuda pública ya está en un 320 % del PIB mientras que el crecimiento del país según las estimaciones oficiales ha caído hasta el 6 %. En otras palabras: el avance económico se está deteniendo.

"La Nueva Ruta de la Seda busca convertir al país, mediante su red de puertos, en una potencia marítima"

La guerra comercial iniciada por Trump no ayuda, supongo.

Para nada. Trump, al poner trabas a las exportaciones chinas, está poniendo al Partido Comunista en serias dificultades. Porque, claro, ¿a quién vas a exportar tanta cantidad de productos? No existen alternativas. Trump está haciendo sufrir una barbaridad al sector exportador chino. En ese sentido, está siendo más inteligente que Obama.

Uno de los proyectos más ambiciosos de Xi Jinping es la Nueva Ruta de la Seda, la red de infraestructuras que busca conectar el gigante asiático con Europa para fortalecer así su sector exportador. Para algunos, es una ofensiva geopolítica que busca consolidar a China como la potencia hegemónica y para otros un proyecto que facilitará el desarrollo de regiones olvidadas. ¿Cuál es su valoración?

La Nueva Ruta de la Seda responde a la ambición que tiene China por expandirse a lo largo y ancho del globo. A mí me parece que el proyecto busca dos cosas: exportar su sistema de inversión en infraestructuras y convertir al país, mediante su red de puertos, en potencia marítima. El problema es quién financia eso. Hay dos opciones: o la propia China prestando dinero a los países por los que va a pasar la Nueva Ruta de la Seda –dinero que presta a unos intereses usurarios– o los gobiernos locales, que asumen el gasto después de que los chinos prometan pingües beneficios a medio y largo plazo. Luego, claro, hay un interés geopolítico y un ánimo de controlar a los demás. Un ejemplo paradigmático es lo que ha ocurrido con el puerto de Hambantota, en Sri Lanka; las deudas contraídas por el gobierno local han obligado a este a cedérselo a China durante el próximo siglo. Mientras tanto, Xi Jinping trata de utilizar la Nueva Ruta de la Seda para lanzar un mensaje diplomático de lo más conciliador que viene a decir que China se está abriendo al mundo y repartiendo facilidades a países más necesitados.

¿Qué opina del desconocimiento y de la aparente falta de preocupación que impera en la Unión Europea y, por extensión en España, cuando se habla de China?

Me deja pasmado. En la Unión Europea nadie quiere –o eso me parece a mí– impulsar una política decidida en relación a China. Nadie parece sentir la necesidad de coger a los chinos para decir “hasta aquí hemos llegado” y renegociar nuestras relaciones con ellos. Tengo la impresión de que en Europa cada uno va a su aire. Solo hay que observar la cobertura del Financial Times. Su línea editorial dice que mucho cuidado con los chinos pero que, ojo, porque también tienen cosas estupendas. El clima de indecisión es evidente. ¿Y qué decir de España? Pues más de lo mismo: me sorprende la pasividad de la sociedad española ante el avance de China.

¿A qué atribuye esa pasividad?

A varios factores. Para empezar, la prensa española habla muy poco de China, y cuando lo hace suele tratar con mucho respeto al régimen. Luego hay aportaciones como la de Eugenio Bregolat. Resulta que después de haber sido embajador de España tres veces distintas –es decir, tras haber vivido allí durante 15 años– saca un libro totalmente entregado a la política china. El tipo se tragó todos y cada uno de los camelos que le contaron.

¿Y qué ocurre con otros diplomáticos españoles o con los empresarios que han hecho negocios en China?

Hay diplomáticos que son mucho más escépticos que Bregolat, sin duda. Pero no hablan. Con los empresarios pasa un poco lo mismo. El otro día, sin ir más lejos, me invitaron a un evento donde coincidí con varios empresarios que habían hecho negocios en China. No todos tenían una mala experiencia –algunas marcas españolas como Chupa Chups o el chocolate Valor están por todas partes– pero muchos, sobre todo los que se dedican al vino o a la construcción, han terminado hartos de trampas. Sin embargo, no se quejan públicamente. Por eso, hablaba antes de la inteligencia de Trump; el presidente ha cogido a Xi Jinping y le ha dicho que ya está bien, que los chinos tendrán acceso al mercado estadounidense siempre y cuando los norteamericanos tengan el mismo acceso al chino. Ha dicho, en fin, que hay que establecer las mismas reglas del juego para todos.

 * Este artículo salió publicado en Muy Negocios & Economía 2.

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