Las causas de la crisis de la Unión Europea, a examen

Solo ocho países de la Unión Europea mantienen gobiernos monocolor tras varios años en los que la ultraderecha se ha asentado en casi todos los parlamentos, algo que hace tambalear los cimientos del sistema

Reunión de líderes de la extrema derecha europea. GETTY

Estos días, la Unión Europea vive posiblemente sus horas más inciertas. Lleva tres años intentando ver qué hace con la primera defección del proyecto; no son pocas las voces que reniegan del Euro; Estados Unidos ha dejado de ser el hermano mayor en el que se podía contar para todo; Rusia sigue siendo un vecino incómodo y, para colmo, la ultraderecha parece que ha venido para quedarse. Estas dudas se han trasladado a la composición de los parlamentos nacionales y donde hasta antes de ayer había dos colores (rojo y azul) con alguna mota suelta, ahora hay un auténtico arcoíris que ha provocado que proliferen los gobiernos de coalición.

“Lo que subyace es un problema de identidad en un mundo global e interdependiente, donde hay un conocimiento acumulado y una celeridad del cambio sin precedentes”, afirma Santiago Álvarez de Mon, titular de la Cátedra José Felipe Bertran de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública del IESE; “además Europa ha perdido el centro geopolítico mundial que se ha situado en el Pacífico”. Esta crisis identitaria global se ha traducido en Europa en el crecimiento de distintas propuestas políticas que han fragmentado los parlamentos nacionales y el de la Unión.

De los 27 estados de la UE, solo en ocho - España, Reino Unido, Dinamarca, Grecia, Chipre, Malta, Portugal e Irlanda -  el gobierno lo componen miembros de un solo partido y ninguno tiene mayoría absoluta. Este panorama además se puede afianzar antes de que acabe 2019. En España parece improbable que el PSOE pueda renovar su gobierno en solitario con su exigua mayoría parlamentaria, el nuevo Premier británico, Boris Johnson, ya ha dicho que en octubre dejan la UE por las buenas o por las malas, y Austria tiene un gobierno de transición desde mediados de 2019 tras saltar por los aires el gobierno de coalición creado en 2017.

Para Jaime Ferri Durá, director del departamento de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), algunos “sistemas son más dúctiles y facilitan los gobiernos de coalición” y recuerda el caso de Italia que ha llegado a tener gobiernos compuestos por cinco partidos. Mientras que para Álvarez de Mon “en los países más avanzados no se rasgan las vestiduras por las grandes coaliciones”, recordando el caso de Alemania.

Para Ferri Durá, la principal causa del fraccionamiento ha sido “la crisis económica de 2008 y la respuesta muy desafortunada por parte de la UE, cuyas medidas se han terminado volviendo en contra de los ciudadanos”.  Tanto Ferri como Álvarez Mon concuerdan con que este clima de atomización política ha dado pie a la llegada de movimientos populistas de distinto signo.

La ultraderecha ya toca poder

Junto a esta fractura parlamentaria han resurgido los partidos de ultraderecha. Esta corriente política y de pensamiento  fue uno de los factores que impulsaron que Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo e Italia dejaran de lado sus históricas desavenencias y pusieran en marcha el Proyecto Europeo en 1956. Los partidos retrógrados, ultraconservadores, extremistas y euroescépticos han obtenido los suficientes apoyos en sus países para estar presentes en todos los parlamentos salvo en el de Reino Unido –en este caso más debido al sistema electoral que a la falta de seguidores, ya que tienen representantes en Bruselas desde 1999- . En algunos países como Polonia, Hungría e Italia y, hasta 2019, Austria, incluso gobiernan (aunque en coalición con gobiernos conservadores).

“La responsabilidad de las élites gobernantes ha coadyuvado al auge de los populismos. Los partidos que han permitido el auge del populismo deberían hacer autocrítica, pero para ello no deben pensar en la siguiente curva, eso es un caldo de cultivo para la demagogia”, asegura el profesor del IESE, que incide en que “hay que ahondar en las identidades propias y aceptar la diversidad para poder moverse hacia el gran estado nación”.

De 19 países con un gobierno de coalición, cuatro -Suecia, República Checa, Finlandia y Eslovenia- tienen un talante de centro izquierda, cinco son de centro – Rumanía, Luxemburgo, Lituania, Francia y Eslovaquia-, otros cinco son de centro derecha – Holanda, Letonia, Estonia, Croacia y Bélgica – y Polonia, Hungría, Italia y Bulgaria tienen en su gobierno partidos de extrema derecha. 

Mención aparte merece Alemania que, en torno a la canciller Angela Merkel, ha renovado la gran coalición de conservadores, socialdemócratas y verdes con el principal objetivo de aislar a los ultraconservadores de Alternativa por Alemania, que en 2018 se convirtió en el primer partido de discurso y pensamiento fascista que consigue asientos en el Bundestag desde la derrota de los Nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Educación e instituciones como solución

Tanto Ferri Durá como Álvarez Mon no están preocupados porque este auge de partidos pseudofascitas tenga una deriva parecida a la que se vivió en los años 30 del siglo XX. “”Los sistemas políticos y la sociedad están mejor preparados. Nada vaticina una deriva violenta”, explica el profesor del UCM; “en Estados Unidos, los posibles desequilibrios y desmanes que puede llegar a provocar un presidente como Donald Trump se ven compensados por otras instituciones, la Unión Europea, aunque tiene menos control político, debe buscar contrapesos para que no se desequilibre el sistema”.

“La historia me invita al optimismo y la esperanza, pero la solución pasa por la educación, sino tendemos a comportamientos gregarios y comportarnos como adolescente en un parque que hacen lo que hace el resto de la pandilla. Por desgracia, el pensamiento crítico sosegado no es trending topic y si a la gente le das carnaza responde. No se pueden tomar atajos identitarios”, opina Álvarez Mon; “para ello por supuesto se requieren reformas en profundidad y pensar en crear una Unión más transparente, más ágil y más cercana, no buscar un chivo expiatorio”.

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