De Samurai a Bono Basura: te contamos quién es Carlos Ghosn

El ejecutivo francés pasó de crear una de las más espectaculares asociaciones en la industria del automóvil, a huir de Japón en un baúl

Carlos Ghosn en una intervención en el Foro Económico Mundial
Carlos Ghosn en una intervención en el Foro Económico Mundial

Carlos Ghosn es un ejecutivo nacido en Brasil con tres nacionalidades: brasileño, francés y libanés. Se le apodaba como “el Asesino de Costes”, porque cuando Renault recurrió a él, en 1996, puso en marcha un agresivo programa de reestructuraciones, recorte de gastos y despidos que hicieron que la empresa francesa volviera a dar beneficios en sólo un año. Ghosn siempre ha sido partidario de la diversidad como activo de una empresa y es experto en sacar lo mejor de los procesos y particularidades de equipos situados en diferentes países. “Aprendes de la diversidad y te consuelas con lo que tienes en común”, solía decir.

O salía bien, o le linchaban

Así en 1999 protagonizó una alianza inédita de empresas automovilísticas, entre Nissan (en serios apuros en ese momento) y Renault. Las empresas compartirían diseños, desarrollos y tecnología, sumando esfuerzos y ahorrando gastos. Ghosn entró sin piedad en el tradicional sistema empresarial japonés, cerrando plantas, despidiendo a 20.000 empleados y desmontando el sistema cerrado de empresas proveedoras. Para mayor escándalo de los desconcertados japoneses, liquidó el tradicional sistema de ascensos por antigüedad, basándolo en el mérito y capacidad, además de no dudar en nombrar a ejecutivos no japoneses, algo muy poco habitual. El propio Ghosn ha sido el cuarto no japonés en dirigir una gran empresa japonesa. Además, su sueldo superaba los 1 000 millones de yenes (unos 7,7 millones de euros), cuando en Japón lo habitual es que los grandes ejecutivos tengan un nivel de vida muy modesto, comparado con el de sus homólogos occidentales. Desde el Wall Street Journal ya advirtieron que si Ghosn no era capaz de revertir la decadencia de Nissan (algo considerado imposible) era bastante posible que fuera linchado.
 
Pero todo salió bien. En sólo un año, Nissan pasó de perder 6 460 millones de dólares a ganar 2 700. En dos años liquidó la mayor parte de sus deudas. Y sus modelos pasaron de estar a la cola en las ventas a ser de los más vendidos, como el Nissan Qashqai (y su equivalente francés, el Renault Kadjar). A la alianza franco-nipona no tardó en unirse Mitsubishi y hasta la automovilística rusa AutoVAZ acabó siendo propiedad de Renault-Nissan.

Coches eléctricos, mangas y comida con su cara

Siempre con su enfoque global de los negocios, Ghosn puso en marcha un proyecto de coche eléctrico asequible y sostenible, que pudiera servir tanto para ser comercializado tanto en países del Primer Mundo, como en el Tercer Mundo. “Ya que es inevitable que el Tercer Mundo siga comprando coches, al menos hagamos que compren coches eléctricos”, declaró Ghosn. Y de esa idea nacieron el Nissan Leaf y el Renaul Zoe, que son el segundo y el tercer coche eléctrico más vendidos del mundo.
 
Así, lejos del linchamiento que vaticinó el WSJ, Ghosn pasó a ser un héroe en Japón. Se hizo un tebeo manga con su vida, el Gobierno nipón le usó para lanzar mensajes de optimismo sobre la economía. Y hasta comercializaban cajas de comida preparada (bento box) que dibujaban su cara con los ingredientes.

Fuga con celda, baúl, mansión y bodega

Todo esto saltó por los aires en noviembre de 2018. La Fiscalía japonesa le acusaba de delitos de fraude fiscal y de usar los fondos de Nissan para sus fines privados. El 19 de noviembre, en cuanto bajó de su avión privado y puso pie en Japón, fue detenido y recluido en una celda de 7,5 metros cuadrados. Nissan enseguida despidió al directivo, pidió disculpas públicas y renegó de sus prácticas “avariciosas”. Las acciones de Renault y Nissan se estrellaron en Bolsa y la alianza comenzó a correr peligro.
 
En cuando pudo, Ghosn pagó sin pestañear los 12 millones de euros de fianza y pasó a estar en arresto domiciliario, donde denunció que los cargos contra él eran falsos y puso todo en manos de sus 50 abogados.
 
Hasta que, en diciembre de 2019, Ghosn desapareció de Japón para reaparecer en Beirut, a donde llegó en un vuelo privado. De lo que se ha ido pudiendo saber, Ghosn escapó de un hotel japonés dentro de un baúl, que fue transportado a un avión privado. De ahí viajó a Turquía, donde hizo escala antes de aterrizar en el Líbano, donde entró con su pasaporte francés y su DNI libanés.
 
Ahora, Ghosn vive en su mansión libanesa, denuncia que todos los cargos contra él son producto de una conspiración de Nissan para poner fin a la alianza con Renault y dice que sólo está dispuesto a ser juzgado en un país donde vaya “a tener un juicio justo, algo que no voy a tener en Japón”. Mientras tanto, la Interpol tiene un aviso rojo contra él (lo que para muchos países equivale a una orden de extradición) y Ghosn sigue viviendo de sus otros negocios, entre ellos una bodega en el Líbano.

Carlos Hidalgo

Carlos Hidalgo

Ansioso por aprender. Intento ser periodista. Subproducto cultural del cuñadismo New Age. Antes ha pasado por las redacciones de 'El Plural' y en 'El País'.

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