El equilibrio de la deuda externa: ¿herramienta de crecimiento o camino hacia el abismo?

El concepto de deuda hace referencia a la obligación que un sujeto tiene que pagar, reintegrar o satisfacer algo a otro.

Generalmente, nos endeudamos cuando queremos hacer frente a inversiones para prosperar en la vida como la compra de la vivienda o el lanzamiento de una aventura empresarial. En este sentido, la deuda externa funciona bajo la misma lógica de mercado en la que los Estados se endeudan con la idea central de impulsar su desarrollo económico en diferentes áreas sociales y económicas tales como sanidad, educación o infraestructuras. Se puede definir como el conjunto de capitales que deben las empresas y gobiernos de un determinado país a otros países, bancos u organismos internacionales. Por tanto, es la suma de todas las deudas de un país, generalmente expresada en dólares, con entidades extranjeras incluyendo el crédito otorgado por agentes financieros extranjeros al Estado (deuda pública) y a particulares (deuda privada).

La principal causa del endeudamiento es la existencia de un déficit fiscal continuado producido cuando el Estado gasta más de lo que ingresa, viéndose obligado a la emisión de bonos de deuda incentivados por un retorno de intereses adicionales. Sin embargo, si el país tiene problemas para pagarla, los intereses aumentan pudiendo llevar al país al abismo de la bancarrota suponiendo un serio impacto en el diseño de políticas económicas autónomas y consecuentemente para el desarrollo económico de un país.

No obstante, podemos considerar que la lógica del endeudamiento no es mala, pues permite a los países conservar sus propios recursos y obtener fondos del exterior para desarrollar infraestructura, explotar, procesar o producir, exportar, importar, bienes y servicios. Independientemente de ello, el endeudamiento se puede convertir en un problema, si dicha deuda no se utiliza correctamente y provoca que su devolución se dificulte pudiendo ser una causa que impide el desarrollo económico. La tentación de los gobiernos con el aumento del endeudamiento es perniciosa ya que la política tiene unos ciclos más cortos que la economía. En este sentido, las deudas adquiridas durante una determinada legislatura han de ser devueltas en el medio y largo plazo aunque el rédito electoral se canjee en el corto.

La deuda pública española empieza a mostrar cambios significativos en su estructura a partir del año 1975. Como se puede observar en el siguiente gráfico, las épocas de crisis económica son los momentos en los que repunta el endeudamiento mientras que las épocas de bonanza son dedicadas a la amortización de dicha deuda.

Un impacto importante en el aumento del nivel de endeudamiento fue el inicio de la crisis económica y financiera internacional del año 2008 en la que se hizo indispensable el aumento del gasto público para paliar el impacto de la caída de la actividad en la economía interna.

Las políticas de austeridad que se ponen en práctica a partir de año 2011, principalmente la reducción del gasto público y aumento de impuestos, generó la necesidad el incrementar el endeudamiento del sector gubernamental, alcanzando niveles máximos, el 100,4% del PIB (1.041.624 Millones de €) en 2014. En los últimos años se ha estabilizado el crecimiento de la deuda pública, aunque no se ha comenzado la amortización correspondiente a una época continuada de crecimiento económico. De acuerdo con las conclusiones del último Observatorio de Deuda de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) y según su presidente, José Luis Escrivá, España no será capaz de reducir el peso del conjunto de su deuda pública al equivalente al 60% del PIB al menos hasta 2035. Y todo ello contando con un horizonte económico neutral, de continuidad en la reducción del déficit público y de generación de superávit primario. Es conveniente destacar que el 60% es el límite establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y es un compromiso en firme que por el momento solo cumplen Estonia, Luxemburgo, Bulgaria, República Checa, Dinamarca, Lituania, Rumanía Letonia, Suecia, Malta, Eslovaquia, Polonia, Holanda, Finlandia y Alemania.

Algunas políticas para reducir la deuda de los estados pueden ser, entre otras, la amortización de la deuda, la reestructuración de la deuda renegociando condiciones de pago o tipos de interés nuevos con los proveedores, no pagar la deuda lo que tendría grandes repercusiones sobre la reputación del estado, o su mutualización.

El futuro de la deuda española no puede ser otro que la restructuración de la misma tanto en plazos como en tipos de interés para reducirla en el medio y largo plazo.

 

César Lajud

César Lajud

Imparte las materias de Economía Europea, Mercados Emergentes y Globalización y Pensamiento Económico, entre otras en la Universidad Europea. Amplia experiencia como consultor y consejero comercial de México en diferentes países donde ha liderado estrategias de atracción de inversión y de promoción del comercio. Ha sido Cónsul General de México en California y liderado proyectos del Banco Mundial en Guinea Ecuatorial. Entre sus áreas de especialización se incluyen el comercio bilateral y el análisis económico de España, México, América Latina, Europa y Estados Unidos.

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