¿Es el Covid-19 el peor enemigo de la globalización?

La pandemia de coronavirus ha hecho que muchos analistas y expertos a pongan en duda los paradigmas económicos que han marcado el mundo en las últimas décadas.

Fronteras y coronavirus
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“No podemos pensar que el mundo volverá a ser como que era antes. Esto va a ser muy diferente”, vaticinan los analistas de inversión de Schroders. “El orden capitalista relativamente liberal, con la ‘mano invisible’ de Adam Smith operando los mercados, está a punto de ser reemplazado por una mano gubernamental burocrática bastante grande para muchas industrias”, auguran con cierto pesimismo en medio de la crisis económica consecuencia de la pandemia de Covid-19. Es muy posible que este como muchos otros comentarios pre-apocalípticos se queden en meros avisos de Pedro y el lobo, pero son muchos los que opinan que las cosas van a cambiar después de 2020

Las fronteras entre territorios han adquirido un nuevo significado desde el comienzo de la epidemia del coronavirus. Las autoridades y ciudadanos son conscientes de que el movimiento de personas entre regiones ayuda a propagar el virus SARS-CoV-2, hecho que está teniendo un efecto devastador en sectores como el del turismo y de los viajes. Además, se teme que los grupos nacionalistas puedan coger impulso con la recesión derivada de la hibernación económica. 

En cuanto a la economía, en algunos sectores es de esperar que los consumidores locales se decanten por los productos regionales frente a los importados, estos últimos ya dificultados por las trabas puestas a los viajes de personas. En este escenario, el comercio se podría volver más local, tendencia que iría acorde con la experimentada en la última década en el mundo, en la que los intercambios internacionales se estabilizaron en un valor de alrededor del 60% del PIB tras años de crecimiento gradual, según datos del Banco Mundial. 

¿Quién se beneficiará de la reversión de la globalización?

“A menudo, los medios de comunicación han ridiculizado los excesos de la división del trabajo, como varias paradas de una misma patata en su trayecto transformador hacia la mesa. En cuanto a las dudas relativas a la sostenibilidad, ahora existen cadenas de suministro de incluso los artículos más mundanos. Si bien todos nos hemos beneficiado de productos baratos fabricados en Asia, la pandemia ha puesto de manifiesto los límites de la globalización”, analizan desde Sven Schubert, Head of Strategy Currencies y Frank Häusler, Chief Strategist de la gestora de fondos suiza Vontobel AM. 

“Para prepararse ante posibles crisis futuras, los Gobiernos intentarán ser más autosuficientes a la hora de abastecerse de determinados productos básicos y suministros médicos. Alejarse de la globalización no es algo nuevo: siempre ha habido idas y venidas en el intercambio internacional de bienes y servicios. Durante la última década, la globalización empezó a estancarse debido a varias tendencias”, continúan los analistas helvéticos, que señalan tres claves a seguir: 

  • Geográficas: la demanda global está cambiando ahora que China y otros países en desarrollo están aumentando el consumo de bienes y servicios de producción local en lugar de exportarlos.
  • Cadenas de suministro más cortas: la rapidez en llegar al mercado y la mejora de la coordinación y visibilidad en las cadenas de valor son factores cada vez más importantes.
  • Nuevas tecnologías: la robótica, la automatización y la impresión en 3D, por ejemplo, están reduciendo los costes de producción y la necesidad de externalizar la fabricación. Además, se da un aumento del populismo en muchos países, sumado al deseo de devolver la producción a territorio nacional o, al menos, a países más cercanos. Por tanto, la "deslocalización de proximidad" (nearshoring) podría ser la opción elegida, aunque supondría mayores costes y una eficiencia ligeramente inferior en comparación con el modelo completamente extraterritorial actual.

“La globalización se basa en cuatro grandes pilares: circulación de mercancías, personas, prestación de servicios y flujo de capitales”, asegura Begoña Casas Sierra, profesora del departamento de Economía y Empresa Universidad Europea. El coronavirus ha puesto en jaque al sistema económico mundial y puede que obligue a un cambio drástico de los paradigmas por los que nos hemos guiado en las últimas décadas. 

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