8 frases de Friedrich Engels sobre la salud de los trabajadores

El filósofo y teórico comunista alemán desarrolló en su texto 'La condición de la clase obrera en Inglaterra' (1845) un minucioso análisis que denunciaba la mala calidad de vida y salud de la clase obrera de la época.

Friedrich Engels
El filósofo alemán Friedrich Engels.

Friedrich Engels (Prusia, 1820-Londres, 1895) es el nombre más reconocible del materialismo dialéctico y los principios del comunismo junto a Karl Marx. El filósofo y sociólogo alemán fue su gran compañero a la hora de elaborar el texto más popular del marxismo en la historia: El manifiesto comunista. Asimismo, colaboró y ayudó a Marx en la edición de los distintos tomos de El Capital, una de las obras más extensas de la filosofía y la economía de los últimos siglos.

Pero además, este teórico hijo del propietario de una importante fábrica textil en Mánchester elaboró multitud de textos propios que sentaron las bases de esa metodología denominada materialismo dialéctico, tales como Del socialismo utópico al socialismo científico (1880) y Dialéctica de la naturaleza (1883).

Fuertemente comprometido con la revolución de la clase obrera, a mediados del siglo XIX Engels elaboró un minucioso análisis en el que trató de exponer y denunciar cuáles eran las condiciones de vida del proletariado en la Inglaterra industrial: La condición de la clase obrera en Inglaterra (1845). Y uno de los focos que más le preocuparon fue el estado de salud y las enfermedad crónicas que el sistema capitalista y las exigencias sobre los trabajadores, en su opinión, provocaban.

Os dejamos algunas de sus reflexiones, referidas a aquella época. ¿Podría tener alguna de estas afirmaciones vigencia todavía hoy?

Marx y Engels
Monumento a Karl Marx y Friedrich Engels en Berlín. / Wikimedia Commons. VardanMn
  1. Si se recuerdan las condiciones de vida de los trabajadores, si se piensa hasta qué punto sus viviendas se hallan amontonadas y cada rincón literalmente abarrotado de gente, si se tiene presente que los enfermos y los sanos duermen en una sola y misma pieza, en una sola y misma cama, resulta sorprendente que una enfermedad tan contagiosa como esa fiebre (tifus) no se propague más aún. Y si se piensa en los pocos recursos médicos de que se dispone para atender a los enfermos, en el número de personas sin ninguna atención médica y que desconocen las reglas más elementales de la dietética, la mortalidad puede todavía parecer relativamente baja.

  2. Hay otra serie de enfermedades cuya causa directa no es tanto la vivienda como la alimentación de los trabajadores. El alimento indigesto de los obreros es enteramente impropio para la sustentación de los niños; y, sin embargo, el trabajador no tiene ni el tiempo ni los medios de dar a sus hijos un sustento más adecuado.

  3. Ahora demostraré que la sociedad en Inglaterra comete cada día y a cada hora lo que los periódicos obreros ingleses tienen toda razón en llamar crimen social; que ella ha colocado a los trabajadores en una situación tal que no pueden conservar la salud ni vivir mucho tiempo; que ella mina poco a poco la existencia de esos obreros, y que los conduce así a la tumba antes de tiempo; demostraré, además, que la sociedad sabe hasta qué punto semejante situación daña la salud y la existencia de los trabajadores, y sin embargo no hace nada para mejorarla.

  4. La concentración de la población en las grandes ciudades ejerce ya de por sí una influencia muy desfavorable […] El gas carbónico producido por la respiración y la combustión permanece en las calles, debido a su densidad y a que la corriente principal de los vientos pasa por encima de los techos de las casas. Los pulmones de los habitantes no reciben su plena ración de oxígeno: la consecuencia de ello es un entumecimiento físico e intelectual y una disminución de la energía vital. Por eso es que los habitantes de las grandes ciudades se hallan, es cierto, menos expuestos a las enfermedades agudas, en particular de tipo inflamatorio, que los del campo que viven en una atmósfera libre y normal; en cambio, ellos sufren mucho más de enfermedades crónicas. Y si la vida en las grandes ciudades ya no es de por sí un factor de buena salud, es de suponer el efecto nocivo de esa atmósfera anormal en los distritos obreros, donde, como hemos visto, todo se reúne para emponzoñar la atmósfera.

  5. Desde luego, no tengo necesidad de decir hasta qué punto todos esos males son agravados por las vicisitudes a las cuales las fluctuaciones del comercio, el paro forzoso, el escaso salario de los períodos de crisis exponen a los obreros.

  6. Hay también otras causas que debilitan la salud de un gran número de trabajadores. En primer lugar, la bebida. Todas las seducciones, todas las tentaciones posibles se unen para arrastrar a los trabajadores al alcoholismo. […] El trabajador está abrumado, se siente mal, es llevado a la hipocondría: esta disposición de ánimo debido esencialmente a su mala salud, sobre todo a su mala digestión, es exacerbada hasta el punto de ser intolerable por la inseguridad de su existencia, su dependencia del menor azar, y su incapacidad para hacer lo que fuere a fin de tener una vida menos precaria; su cuerpo, debilitado por la atmósfera contaminada y la mala alimentación, exige imperiosamente un estímulo externo; su necesidad de compañía sólo puede ser satisfecha en la taberna, no hay otro lugar donde encontrar a sus amigos.

  7. En una fábrica donde el obrero sólo trabaja para el burgués y tiene poco interés en hacer bien su trabajo él ciertamente no se sentirá estimulado a hacer nada que sea agradable y ventajoso para el industrial; los obreros deben por tanto sacrificar la salud de sus miembros a fin de que sea estropeada un poco menos la materia prima del burgués.

  8. La grandeza industrial de Inglaterra no puede ser mantenida sino mediante un tratamiento bárbaro a los obreros, mediante la destrucción de la salud y el abandono social, físico y moral de generaciones enteras.

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