Inflación o deflación: ¿cuál es el punto ideal para un país?

Inflación y deflación es la cuestión. Dos términos macroeconómicos asociados al índice de evolución de los precios. Una inflación excesiva puede ser tremendamente perjudicial para la economía de un país, pero una situación deflacionaria es casi peor. Entonces, ¿en qué quedamos?

Escuchamos a menudo hablar de inflación y deflación y cuesta a veces distinguir en cuál de los dos escenarios se desenvuelve mejor un país. Sigue leyendo y te sacaremos de dudas (o al menos lo vamos a intentar).

Sin embargo, la mejor manera de entender qué es mejor si la inflación o la deflación, es llegar a comprender cómo funcionan ambos conceptos.

Inflación o deflación: ¿cuál es peor para el país?

La inflación lo que provoca es que los precios tanto de los bienes como de los servicios cada vez sean mayores. Esto significa que, con la cantidad de dinero con la que el año anterior podíamos adquirir algo, este año no podemos comprar esa misma cosa. Explicado de manera simple: si cerramos el año con una inflación del 5 %, lo que el año anterior nos hubiera costado 100 €, nos costará 105 €. Por tanto nuestro dinero vale menos.

Si la subida salarial no equipara esa diferencia de precios, obviamente perdemos poder adquisitivo.

La deflación es justo lo contrario. Los precios de los bienes y servicios van a ser cada vez más bajos, y por tanto sobre el papel, podemos pagar menos dinero por los mismos productos.

Sin embargo, esto que parecería una declaración de bondades sobre la deflación no es así en absoluto. De hecho la deflación puede llegar a ser algo más peligrosa que la inflación para el bolsillo de los ciudadanos, como veremos a continuación.

Cómo evolucionan la inflación y la deflación

Si nos situamos en escenarios de crisis como la vivida hace poco más de una década podemos entender muy bien el efecto de la deflación. Después de un periodo especulativo de larga trayectoria y alta intensidad, la caída de los mercados trae consigo un proceso de bajada que afecta a todos los ámbitos, incluidos los precios, y un proceso de deflación.

Pero la deflación no se limita a aplicarse en la bajada de precios. En épocas de deflación caen los salarios, cae el consumo y la producción. Y esto se traduce en la disminución de trabajo, los despidos y las zonas de quiebra, aplicables a las economías familiares, a las economías estatales y al sistema financiero y los mercados, como ya hemos vivido no hace tanto tiempo.

Sobre el papel, para medir la influencia tanto de deflación como de la deflación, utilizamos un indicador al que se denomina IPC o Índice de Precios al Consumo. Este indicador lo que va a reflejar son las variaciones de diferentes precios y servicios, otorgando un porcentaje, que es el que se utiliza de referencia.

Cuando este índice es positivo, lo que marca es la subida de precios. Por ejemplo un IPC del 1,5 % se traduce en un coste medio de los servicios y bienes que aumenta en 1,5 %.

 

Es en el equilibrio entre crecimiento y aumento de precios donde se encuentra el mejor punto para un país. Cuando el crecimiento es capaz de sostener el poder adquisitivo que el aumento de precios trae consigo, se puede considerar un escenario óptimo o cercano a ser óptimo. En general se considera que el escenario ideal es una inflación baja ligeramente superior a cero.

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