John Forbes Nash Jr: ¿una mente maravillosa o atormentada?

La vida de este brillante matemático, que padeció esquizofrenia, fue interpretada en el cine por Russel Crowe en ‘Una mente maravillosa’.

John Forbes Nash
John Forbes Nash

Fue uno de los matemáticos más brillantes de la historia y consiguió el Premio Nobel de Economía en 1994 por “su papel pionero en el análisis de los equilibrios en la Teoría de Juegos No Cooperativos". El conocido como “equilibrio de Nash’ fue publicado en 1950 y supuso una revolución que sería aplicada en campos tan diversos como la economía, biología evolutiva o política. Estamos hablando de una de las mentes más prodigiosas de la historia. Pero no puede obviarse en su recuerdo la esquizofrenia que sufrió durante 30 años y de la que pudo recuperarse para obtener tan merecido reconocimiento social.

Hollywood, como en otros muchos casos, difundió sus vivencias a través de la película ‘Una mente maravillosa’, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Russel Crowe. El film, basado en la biografía no autorizada de Sylvia Nasar, obtuvo cuatro premios Óscar: mejor película, mejor director, mejor actriz de reparto y mejor guion adaptado. John Forbes Nash se mostró más receptivo con la producción cinematográfica que con el libro, que contaba detalles de su infancia y adolescencia que marcaron el resto de su vida.

Nash fue lo que comúnmente se llama un superdotado. De una inteligencia desbordante, era incapaz de prestar atención en clase y carecía de habilidades para relacionarse socialmente. Con el par (literal) de amigos que tuvo tampoco le fueron mucho mejor las cosas. Herman Kirschner falleció mientras manipulaba un artefacto en el sótano donde Nash instaló un laboratorio de fabricación de explosivos, mientras que Donald Reynolds fue enviado por sus padres a una academia militar para alejarle de él, que por aquel entonces tenía 15 años.

En 1945 ingresó en el Instituto Carnegie de Tecnología de Pittsburg para estudiar ingeniería química, pero pronto encontró la motivación que le faltaba en otra rama: matemáticas. Su gran proyección como científico estuvo manchada por sus conductas infantiles y sus alteraciones emocionales, que cada vez le aislaban más del resto de sus compañeros.

Coincidió con Einstein, Oppenheimer y Von Neumann

Las mejores universidades se le rifaban y optó por entrar en Princeton, en una época considerada dorada para los científicos, recién terminada la II Guerra Mundial. Entre otras destacadas mentes maravillosas con las que coincidió allí, se encontraban Albert Einstein, Robert Oppenheimer (creador de la bomba atómica) y John von Neumman (pionero en la teoría de juegos que marcó a Nash). Fue precisamente la teoría de este último la que aplicó a diversas situaciones, en donde los agentes que interactúan entre sí escogen la mejor acción en función de lo que hará su adversario. Conocido como “equilibrio de Nash” fue una enorme contribución al análisis de la conducta de esos agentes racionales en multitud de escenarios. Esa tesis doctoral, escrita a los 21 años de edad, supondría una revolución en la teoría económica.

Tras acabar su período universitario inició su carrera como profesor en el MIT. En esa época se le conocen varias relaciones homosexuales y en 1957 acaba casándose con una alumna, Alicia Larde, con la que dos años después tuvo un hijo, John Charles. A partir de ahí se sucedieron acontecimientos que mancharon la imagen de Nash. Rechazado en la prestigiosa corporación RAND para científicos por “escándalo público”, sufrió episodios cada vez más comunes de esquizofrenia paranoica que le obligaron a internarle en instituciones psiquiátricas.

A finales de los años 50, en uno de los peores períodos de la enfermedad, afirmaba que le perseguían unos hombres con corbata roja pertenecientes a una conspiración criptocomunista, que era el elegido para ser emperador de la Antártida, y que los extraterrestres se comunicaban con él a través del periódico The New York Times. Fue solo el principio de los 30 años que le esperaron de decadencia mental, sumido en el abandono y la marginalidad, sobreviviendo gracias al apoyo de su familia y amigos.

Sorprendentemente, en los años 90 se recuperó mentalmente, recobró la razón, pero ya no era capaz de trabajar con la genialidad que le caracterizó en sus inicios. Sus trabajos anteriores fueron reconocidos en 1994 con la obtención del Premio Nobel de Economía, un galardón que no se le otorgó en su época en el ostracismo. Ya con una vida fuera de sobresaltos, la película de Ron Howard le lanzó de nuevo a los focos, y eran comunes las peticiones de conferencias de apoyo a los enfermos mentales, a las que acudía con su hijo John Charles, también un excelente matemático que sufría psicosis esquizofrénica.

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