Mientras superamos la pandemia del Covid-19, el cambio climático espera su turno

Los datos recogidos por la Agencia Estatal de Meteorología en pleno confinamiento siguen registrando niveles máximos de CO2, pese al descenso en la actividad.

Aunque las redes sociales se están llenando de comentarios asombrados por haber recuperado cielos limpios y la calidad del aire en muchas de nuestras ciudades, el CO2 acumulado en nuestra atmósfera sigue marcando datos máximos, que no existen desde hace millones de años.

Así lo confirman los datos del observatorio de Vigilancia Atmosférica Global de Izaña, dependiente de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que confirman que se han alcanzado 418,7 ppm (partes por millón) de concentración media diaria de dióxido de carbono (CO 2) el día 18 de abril de 2020, marcando un récord histórico de la serie recogida por ese observatorio.

El pasado año por estas fechas Izaña superaba los 415 ppm, una cifra que nos obligaba a retroceder al menos 3 millones de años para encontrar concentraciones similares de CO 2 en la atmósfera. Y este año vuelve a marcarse un hito, concretamente 2,2 ppm por encima de lo alcanzado en 2019 y, en consonancia con lo previsto, que anunciaba un ritmo de crecimiento para este año como el finalmente registrado.

Hace tres millones de años que no había concentraciones tan altas de CO2

El nuevo pico se produce en un contexto en el que varias regiones han reducido significativamente su actividad como consecuencia de la crisis sanitaria de la COVID-19. Se estima que los paros temporales impuestos por la situación de pandemia han bajado las emisiones de gases de efecto invernadero en torno a un 25% en las áreas donde se han producido. Se trata de una cifra con un impacto mínimo en el cómputo global de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, en donde pesa fundamentalmente lo ya acumulado en décadas previas.

Aún estamos muy lejos del umbral seguro

Las reducciones de emisiones que se están registrando en determinadas partes del mundo ofrecen información de utilidad a los investigadores, al establecer comparativas que permiten analizar y dimensionar las acciones requeridas para hacer frente al cambio climático en los próximos años.

El consenso científico indica que para mantener el incremento global de temperaturas dentro de un umbral seguro (no superar un incremento de 1.5ºC) será necesario haber podido reducir a nivel global en el año 2030 en un 45% las emisiones de 2017, y haber alcanzado emisiones próximas a cero en 2050, lo cual implica un proceso amplio de descarbonización que consolide un modelo económico basado en energías renovables.

Según datos del Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de la UNESCO, el coste del cambio climático -de no corregirse- supondrá para nuestras economías alrededor del 20% del PIB mundial, más de lo que está suponiendo en este momento la crisis del covid-19, que la OCDE estima en hasta un 8% del PIB de todos los países del mundo.

Un gran coste, pero también un ahorro

Las medidas necesarias para que España cumpla con los objetivos de reducción de CO2 establecidos por la Unión Europea para 2050 requieren llevar a cabo inversiones por valor de entre 330.000 y 385.000 millones de euros, es decir, una media de 10.000 millones de euros al año - esa es aproximadamente la cantidad media anual que ha invertido el sector eléctrico durante la última década -. Así se desprende del informe “Un modelo energético sostenible para España en 2050”, elaborado por Monitor Deloitte, en el que se destaca que es imprescindible la implicación de todas las administraciones públicas, de las empresas y de los ciudadanos.

Entre las medidas que deben llevarse a cabo para cumplir con el compromiso ineludible de reducir las emisiones de carbono entre el 80% y el 95%, la más importante y que más inversión requiere tiene que ver con las energías renovables. Se trata, según el informe, de que la producción de electricidad de origen renovable (eólica y fotovoltaica) represente en 2050 más del 90% del total - actualmente se encuentra en el 38% -.

El cumplimiento de los objetivos de reducción de CO2 para 2050 supondría una serie de beneficios de calado para la sociedad española, aparte de los relativos a la mejora medioambiental. Uno de los más notables es que el precio medio de la electricidad para los hogares españoles se reduciría el 42%, al pasar de los actuales 120 €/MWh a 65-75 €/MWh. Este descenso se debe fundamentalmente al aumento de la demanda, que se duplicaría por su electrificación.

Además, se lograría una menor dependencia energética - en 2050 harían falta entre 7 y 15 millones de barriles de petróleo, frente a los 416 millones de 2013, con un coste que ascendió a 34.000 millones de euros – y una mayor eficiencia, ya que el avance de las energías renovables reduciría el consumo energético total del país.

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