Entrevista

¿Podrían haberse evitado en España las políticas de austeridad?

El economista Juan Ramón Rallo hace una revisión del tipo de políticas de austeridad que se adoptaron en el país tras la crisis de 2008 y explica los efectos que produce cada una.

Rajoy y Zapatero
Los expresidentes del Gobierno Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. / GTRES

Tras la crisis económica de 2008 en España se aplicaron con fuerza políticas de austeridad que suscitaron las críticas de gran parte de la ciudadanía y dieron lugar al surgimiento de movimientos sociales como las llamadas "mareas", que protestaban contra los recortes en la sanidad y la educación pública.

Doce años y varios gobiernos después del estallido de la crisis, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman visitaba Madrid y ofrecía una ponencia en la que también hablaba duramente de las políticas de austeridad. 

En Muy Negocios&Economía hemos hablado con el economista y profesor Juan Ramón Rallo para que nos explique qué clase de medidas de austeridad se aplicaron concretamente en el país y si, en aquel momento, podrían haberse evitado. O llevado a cabo con algo más de mimo.

¿Qué tipo de políticas de austeridad se han aplicado en España a raíz de la crisis económica de 2008? ¿Qué efectos tiene cada una?

En España se han aplicado dos tipos de políticas de austeridad: reducciones de gasto y subidas de impuestos. Las segundas tienden a ser más perjudiciales que las primeras porque la Administración nunca opera a plena eficiencia, así que suele existir un margen para recortar el gasto sin necesidad de mermar los servicios públicos. O, directamente, se puede recortar gasto que sea estéril, improductivo y no valioso.

¿De qué clase de gasto estéril estamos hablando?

Por ejemplo, las subvenciones. Son incluso contraproducentes  y ya no es que no generen valor, es que lo destruyen. Desde luego, no se atajaron subvenciones improductivas que deberían haberse eliminado. Cada año el Estado da al sector empresarial cerca de 23.000 millones de euros en subvenciones y debería eliminarlas, incluso aunque no tuviéramos problemas presupuestarios. Aun así, el recorte que necesitábamos no se podría haber abordado solo con ellas, había que recortar en general. Teníamos un déficit público de 100.000 millones y con 23.000 no lo íbamos a solucionar.

Entonces, ¿era absolutamente imprescindible el recorte del gasto? ¿De dónde se recortó?

El recorte afectó sobre todo a la inversión pública, a la infraestructura. Luego se redujo también el personal en todas las administraciones, redundando en servicios como la educación o la sanidad. Y había que congelar el salario de los funcionarios y las pensiones, incluso recortarlos. Pero todo ello debería haberse combinado con aumentos de la productividad y de la eficiencia de los servicios públicos, para que el recorte de personal, por ejemplo, no afectara tan directamente en la calidad del servicio que reciben los ciudadanos. Esto es más complejo, pero es lo ideal. Y en este país, probablemente por la rapidez con la que hubo que aprobar los recortes, se optó por reducir el gasto público en general sin buscar mejoras de eficiencia. Esas no se hicieron hasta más tarde.

"No se atajaron subvenciones improductivas que cada año el Estado da al sector empresarial, cerca de 23.000 millones de euros, y deberían haberse eliminado"

¿Y respecto a los impuestos?

También hubo subidas de impuestos que se aprobaron, sobre todo, hasta el año 2014. Y tuvieron una influencia muy contractiva sobre la economía. Con esto sí consigues arreglar las cuentas, pero a costa de machacar al sector productivo.

¿Es inevitable tomar esta clase de medidas en periodos de crisis o se pueden adoptar otras alternativas?

Bueno, si no tienes mucha deuda, te podrías endeudar durante la crisis y, si esta pasa y tu déficit desaparece, ahí acabaría el problema. Ahora, si tienes mucha deuda o tu déficit no desaparece cuando llega la recuperación –en España afectan ambos casos-, sí tienes que tomar medidas de austeridad, porque no puedes endeudarte indefinidamente.

Hay alternativas de corte keynesiano que proponen que haya un aumento del gasto público para fomentar el consumo para que, con ello, se reactive la economía. ¿Son útiles?

Con esto sucede lo mismo que con quienes dicen que hay que bajar los impuestos para estimular la economía. Sí se produce algo de este efecto, pero estamos hablando de reducir el gasto -o de aumentar la recaudación- en términos netos. Aumentando el gasto puede ser que aumentes en parte la recaudación, pero ni muchísimo menos autofinancias la subida del gasto. Y con eso no reduces el déficit: lo aumentas.

¿Y complementando estas medida de aumento del gasto con otras podría hacerse algo? ¿O en periodos de crisis estas propuestas se deben evitar por completo?

Depende. Si tienes que reducir el déficit porque ya estás muy endeudado, medidas que lo aumenten no son recomendables. Si tuvieras poco déficit y poca deuda, sin embargo, podría resultar más o menos acertado, pero al menos tendrías margen de maniobra para impulsar el gasto, impulsar a corto plazo el crecimiento –porque esto no genera impulso en el largo plazo- y con ello ayudar un poquito a estabilizar la marcha de la economía. Pero claro, estando en una situación de insolvencia, o casi de insolvencia, no puedes jugar con esto.

"Con las subidas de impuestos sí consigues arreglar las cuentas, pero a costa de machacar al sector productivo"

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman afirmó en una visita a Madrid hace unas semanas que en realidad la importancia de los niveles que alcanzaba la deuda no era tanta y ponía de ejemplo el caso de Japón, que con una deuda de entorno al 200%, no había adoptado políticas de austeridad. ¿Es esto real?

Es que eso depende de si hay alguien dispuesto a financiarte. Si no hay gente dispuesta a hacerlo, la importancia de la deuda es fundamental. Krugman habla desde la perspectiva estadounidense, aunque se refiera a otros países. Y claro, si hay mucha gente que quiere adquirir deuda estadounidense, el Gobierno tiene más margen para endeudarse, sea recomendable que lo haga o no. En 2012 no había nadie que quisiera comprar deuda española porque temían que fuese a haber impago. La cuestión es que, si los inversores no confían en ti, no puedes seguir emitiendo más deuda: tienes que recortar y cuadrar las cuentas para, al menos, recuperar la confianza de los inversores.

Hay teorías que afirman que el límite recomendable que puede alcanzar la deuda existe y que se sitúa en el 90% del Producto Interior Bruto. ¿Dirías entonces que, más bien depende del país y de la confianza que este genere?

Son dos temas distintos. Primero hay que ver si los niveles de solvencia son críticos y eso depende totalmente del país: hay países del tercer mundo que con una deuda únicamente del 50%, ya impagan. Por otro lado, si nos referimos a la teoría de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, la del 90%, sí parece que hay niveles de deuda pública que terminan esclerotizando la economía. De eso parece que hay bastante evidencia, aunque no sabemos si es por causalidad o por correlación: si es que la deuda causa el bajo crecimiento, o que los países con bajo crecimiento tienden a endeudarse mucho. Desde luego, los países que están muy endeudados, como Japón, tienden a ser países que prácticamente no crecen, o que lo hacen menos que otros con mucha menos deuda.

Paola Aragón Pérez

Paola Aragón Pérez

Estudió Periodismo y tiene un Máster en Análisis Político. Especializada en Economía Feminista y Políticas Públicas.

Continúa leyendo