Secretos económicos y comerciales de China de los que Occidente debería aprender

El gigante asiático es la primera potencia económica del mundo.

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Desde las amplias reformas de Deng Xiaoping a finales de la década de los 70, China ha pasado de ser una economía empobrecida, en su mayor parte agrícola, a una formidable superpotencia industrial, superando incluso a los Estados Unidos. En este tiempo, la economía china se ha multiplicado por 42, muchos millones de personas han salido de la pobreza y el país se ha afianzado como el principal exportador del mundo. ¿Cómo ha conseguido China todo esto? Aquí te revelamos cuáles son los mayores secretos económicos y comerciales de China.

La importancia de los valores

Los valores defendidos por el filósofo chino Confucio, a quien a menudo cita el actual presidente Xi Jinping, han apuntalado el milagro económico de China y son cruciales para comprender la transformación del país. El énfasis en la armonía social confuciana, el trabajo arduo, la educación, la colectividad, la frugalidad y el desarrollo pacífico han ayudado a impulsar la economía china y han contribuido a convertirla en una fuerza mundial a tener muy en cuenta.

El taoísmo, fundado por el filósofo Laozi en el siglo VI a. C., es otra escuela de pensamiento que impregna la sociedad china y se centra en aceptar y abrazar el cambio. En un contexto económico y empresarial, seguir la corriente y adaptarse a las condiciones cambiantes puede generar dinamismo y éxito. El concepto Tao del yin y el yang es particularmente relevante para comprender el éxito económico chino, ya que encapsula la idea de que dos ideas opuestas, como el comunismo y el capitalismo o la centralización y la descentralización, no tienen por qué estar en conflicto y, de hecho, pueden complementarse entre sí.

El peso de la meritocracia

La estabilidad que genera el sistema chino permite al estado planificar el futuro. Las democracias liberales de Occidente deberían poder emular a China participando en políticas de consenso, pero la tendencia en muchos países occidentales es hacia una mayor política de adversarios y gobiernos populistas. En pocas palabras, la inestabilidad política acarrea genera altos costes para un país y puede dañar su crecimiento económico.

Los funcionarios en China generalmente tienen mucha más experiencia que los políticos en Occidente y están en mejor posición para administrar una economía compleja. Deben aprobar exámenes rigurosos para llegar a la cima. El sistema se basa en la meritocracia más que en la popularidad. Aunque los políticos occidentales tienen funcionarios de carrera para asesorarlos, cada vez son elegidos más debido a su popularidad más que a sus capacidades, lo que significa que su capacidad para supervisar sus respectivas economías puede ser relativamente escasa.

Más intervencionismo

A diferencia de los gobiernos occidentales, que en su mayoría han pasado de la economía keynesiana (que aboga por la intervención durante las recesiones), al neoliberalismo y ahora evitan intervenir en el mercado, el estado chino apuntala a las empresas. Este apoyo gubernamental es más pronunciado en el sector manufacturero, donde el estado ofrece préstamos y subvenciones, materias primas baratas y otras ventajas, dando a las empresas receptoras una clara ventaja competitiva sobre sus contrapartes de Occidente.

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