¿Y si el presupuesto militar de EE.UU se gastara en sanidad?

Tras la pandemia de Covid-19, cada vez son más los que se preguntan si no se podría destinar parte del gasto militar a sanidad.

UME en Madrid
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El Instituto de Estocolmo para el Estudio de la Paz Internacional (SIPRI en sus siglas en inglés) publicó en abril un estudio en el que señalaba en que en 2019 el gasto mundial en armamento fue de 1,9 billones de dólares. Este presupuesto se podría justificar este gasto si se tienen en cuenta las tensiones geopolíticas, los conflictos regionales, el terrorismo internacional, las labores de rescate ante catástrofes naturales y labores humanitarias. Pese a ello, la explosión del Covid-19 ha hecho que muchos se preguntes: “¿qué pasaría si una gran parte de lo destinado a los presupuestos militares se hubiera dedicado a la preparación ante escenarios como la pandemia de Covid-19? 

Greenpeace analizó el informe de SIPRI y valoró la cantidad de material sanitario que se podría haber comprado por el precio de algunas unidades de material militar. Por ejemplo, un submarino nuclear de la armada de Estados Unidos cuesta unos 2 800 millones de dólares, con lo que se podrían comprar más de 9 000 ambulancias. Según el análisis de Greenpeace por el precio de una fragata militar se podría pagar el sueldo anual de 10 600 médicos. 

El caza F-35 es el programa armamentístico más caro de la historia y cada avión cuesta, más o menos, 89 millones de dólares. Es lo que cuesta tener operativas 3 244 camas de UCI en Estados Unidos, además con los 44 000 dólares que cuesta la hora de vuelo de la aeronave se podría pagar un año de sueldo de un enfermero en la primera potencia mundial.  El tanque Leopard 2, fabricado en Alemania, cuesta 11 millones de dólares, más o menos lo mismo que 440 respiradores. La lista sigue. Con un solo proyectil de cañón de 120 mm se podrían comprar 90 tests para el Covid-19. 

El análisis de Greenpeace es muy interesante, aunque se podría argumentar que es complicado predecir qué material médico será necesario para la próxima pandemia. Pero, considerando los efectos ya conocidos del coronavirus, podría ser interesante estudiar un cambio de tendencia en los presupuestos de los distintos gobiernos en el futuro más inmediato. Pese a todo esto, parece que algunos siguen sin apreciar el valor que tiene la inversión en sanidad, como se podría entender de una de las últimas decisiones del Gobierno de EE.UU: salir de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

¿Qué supone que Estados Unidos se vaya de la OMS?

El gobierno de Donald Trump ha iniciado formalmente la retirada de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El presidente estadounidense, cada vez más crítico con dicho organismo a medida que la crisis sanitaria del coronavirus avanzaba, ha cumplido así las advertencias que venía haciendo desde hace meses de abandonar la OMS por su respuesta a la pandemia.

Muchos expertos afirman que la crisis del coronavirus va a poner en jaque a la globalización o más bien va a acelerar un proceso puesto en marcha hace ya algunos años. Al frente de ese cambio de tendencia a nivel mundial está Donald Trump, uno de los presidentes de EE.UU más polémicos de la historia, y cuyo país está siendo de los más golpeados por la pandemia. Desde la Washington, donde desde finales del año pasado ya se tenía un ojo puesto en las elecciones presidenciales de noviembre, se han buscado culpables para el desastre sanitario y económico y los principales señalados han sido China –origen de la pandemia y principal rival mundial de la primera potencia mundial- y la OMS, acusada de no haber sabido frenar la expansión de la enfermedad. 

Como muestra la siguiente infografía de Statista, con una cuota de 115,8 millones de dólares estadounidenses, Estados Unidos es, con diferencia, el mayor contribuyente de la OMS. China paga la segunda suma más alta con 57,4 millones de dólares, mientras que Japón ocupa el tercer lugar con 41 millones de dólares. La suma total de las cuotas que deben pagar todos los Estados miembros este año ascendía a unos 500 millones de dólares al 1 de enero, de los cuales unos 170 millones se habían pagado al 31 de marzo. 

La labor principal de la organización es la de informar y liderar los temas que afectan a la salud global, orienta hacia dónde debería ir la investigación médica, establece criterios de medición, describe posibles políticas a seguir según los datos científicos, da apoyo técnico a los distintos países y monitoriza y evalúa la evolución sanitaria por todo el mundo. En ningún momento tiene ninguna facultad ejecutiva, su labor es puramente consultiva. 

Puede que tras lo vivido en la pandemia muchos gobiernos se replanteen dónde gastar el dinero de sus ciudadanos. Puede que un recorte en defensa en favor de un aumento del presupuesto en sanidad sea una opción, pero mientras llegan a una conclusión Donald Trump va por libre y sigue en campaña en busca de la reelección.

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