Restaurantes italianos hay muchos en Madrid pero ¿auténticos?

El Bacaro de Fabio Gasparini (calle Hartzenbusch, 9) es uno de ellos y ya está dando mucho que hablar en el barrio de Chamberí, junto a Fuencarral. Su fórmula mágica: recetas caseras típicas y artesanas pero genuinas.

Menos de 10 mesas. El chef sale a saludar a cada cliente. El olor al entrar rememora la cocina de tu madre o tan auténtica como la de tu abuela. Una pequeña y selecta bodega. El reputado cocinero veneciano Fabio Gasparini se ha unido a los hermanos Guerrero -Aarón y Mesala-, con la firme intención de recrear en Madrid un trocito de la legítima cultura de la pizza -aquí se llaman pinsas- y la pasta, con una Carbonara originale como plato estrella que merece más de una visita. Y como se nota la pasión, el amor por cocina, y el corazón en cada una de las recetas. Obligatorio pedir alguna pinsa, y si me permiten aconsejar la picante del Bacaro. Quien se atreve a poner el nombre del restaurante en un plato es que confía plenamente en la delicia. ¡Comprobado!

Sus platos llevan sello italiano 100% de principio a fin. Y es que desde el chef; las materias primas -las mejores marcas importadas del país-; hasta las recetas -llenas de tradición-, lo convierten en un rincón de lo más auténtico.

 

Detrás de este pedacito del Véneto están los hermanos Aarón y Mesala Guerrero -que ya han sorprendido con restaurantes de éxito como La Malaje o las tabernas La Tía Feli-, y el chef Fabio Gasparini en los fogones. Este cocinero, especializado en su gastronomía nativa, lleva ya 12 años en España haciendo como nadie gala de lo suyo y trabajando por ejemplo para la Embajada italiana en Madrid.

En cuanto al nombre del local, un ‘bacaro’ es una tasca típica de Venecia, donde se puede comer o cenar, pero sobre todo son los elegidos para tomarse un vino acompañado de un cicchetti, la versión veneciana de nuestra tapas. Todo esto acompañado por el clásico aperitivo Aperol spritz, que preparan con un vino local "secreto".

Los platos más ricos...

Sin embargo la oferta de este pequeño restaurante va más allá de los pinchos… y destaca sobremanera una de sus pastas, la Carbonara originale, con yema de huevo, queso pecorino y guanchale -como debe ser- que sin duda se convertirá en un plato digno de peregrinación. También bordan la Lasagna -imprescindible preguntar por la casera cada día-, y tienen Gnocchi al pesto, Ravioli de boletus con salsa de trufa -hechos a mano- y pastas clásicas con salsas como la amatriciana o la puttanesca.

Contribuyen a popularizar las originales y deliciosas pinsas -que empiezan a ponerse de moda- y que están a caballo entre una pizza y una focaccia, realizadas de manera artesanal con masa madre, una mezcla de harinas de maíz, arroz y trigo, aceite de oliva y una fermentación de hasta 72 horas. El resultado es una base ovalada, muy ligera y crujiente que resulta más digestiva y que admite diversas combinaciones: Mortadella, burrata y pistachos, Cecina, parmesano y rúcula o La piccante de El Bacaro.

 

Para terminar... algo más que un postre

Sus platos son perfectos para compartir. Como es de esperar, pero también sorprenden, no faltan entrantes como la burrata o el Vitello tonnato. Para los dulceros, su Tiramisú casero, la Pannacotta con miel de trufa o el Mini cannolo siciliano obligan a dejar hueco.

Para la gente del barrio y para cualquiera que pasee por el céntrico barrio, cuentan con un menú del día por 12 euros en el que además de una tosta de aperitivo, se puede elegir cualquier pinsa o pasta de la carta.

Ya estamos saboreando solo de recordar el nombre del restaurante: el Bacaro de Fabio Gasparini.

Non puoi perderlo di vista… vorrai tornare!

ana palicio

Ana Palicio Pire

Digital Product Manager del grupo editorial Zinetmedia. Estudió Periodismo y Ciencias Políticas.

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