Covid-19: las verdades incuestionables a las que se enfrentan los inversores

Parece que la pandemia y las crisis sanitaria remite pero ¿cómo será la recuperación económica? Hay cuatro puntos clave que no debemos perder de vista a la hora de hacer previsiones económicas

Desigualdad Wall Street
Wall Street durante el confinamiento / GETTY

El Covid-19 está teniendo un importante efecto humano y económico. De hecho, las medidas de confinamiento y el cierre de la actividad económica global han puesto fin a la más larga expansión económica registrada en los Estados Unidos y ha empujado a la economía mundial a la más profunda caída desde la Gran Depresión de los años 30. Aunque hay indicios de que el virus se está controlando y los gobiernos están empezando a levantar las restricciones a la movilidad y la interacción social, dudamos que la recuperación sea rápida. 

Por eso, ante tanta incertidumbre es importante buscar pilares sólidos sobre los que hacer previsiones y análisis. Hoy analizamos cuatro temas que la crisis del coronavirus probablemente reforzará o acelerará.

Verdad 1: Los bajos tipos de interés

La combinación de unas tasas de ahorro más elevadas y una menor inversión de capital apuntaría a un crecimiento más lento y a un tipo de interés de equilibrio más bajo, es decir, el tipo de interés cuando el desempleo está en su tasa natural y la inflación es estable.

Una inversión más débil también obstaculizará la recuperación de la productividad y favorecerá un crecimiento más lento del PIB. Por consiguiente, el brote de Covid-19 refuerza nuestra conclusión de que los tipos de interés se mantendrán bajos en términos reales durante un período considerable.

 

 

Verdad 2: El aumento del gasto en salud

En nuestras primeras previsiones, señalamos el aumento del gasto en salud debido al envejecimiento de la población. Esta temática se ha acentuado a raíz del Covid-19 y formará parte de una tendencia más amplia en la que es probable que los gobiernos desempeñen un papel permanente apoyando la demanda agregada en la economía a través de la política fiscal. El gasto público será mayor para compensar la disminución de la demanda privada. En particular, esperamos que el gasto en salud aumente a medida que los gobiernos aumenten la resistencia de sus sistemas de salud.

De hecho, el gasto en salud como porcentaje del PIB ya se ha incrementado considerablemente, en gran medida como consecuencia de las presiones demográficas. En los Estados Unidos, ha crecido del 13% al 17% del PIB desde 2000, el nivel más alto de la OCDE. En Europa, donde representa el 11% del PIB, también se han producido importantes avances en los últimos 20 años. En este sentido, el gasto en salud ya representa casi una quinta parte del gasto público de la OCDE. Sin duda, esto supondrá todo un reto, ya que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la deuda pública total aumente hasta el 150% del PIB para el G20 a finales de 2021, en gran parte como resultado de Covid-19.Por tanto, los gobiernos se enfrentarán a la desagradable decisión de aumentar los impuestos o recortar el gasto público para contener los déficits presupuestarios. En nuestra opinión, es cada vez más probable que los gobiernos recurran a la represión financiera (es decir, a mantener los tipos de interés muy por debajo del crecimiento del PIB nominal) para reducir la proporción de deuda sobre el total de ingresos. Esa política se aplicaría mediante una combinación de compras de bonos del Estado por parte del banco central, el control directo de la curva de rendimiento (como se ha visto en el Japón) y una reglamentación que obligue a los inversores a mantener los bonos del Estado.

Verdad 3: El populismo sigue aumentando

La represión financiera como medio para reducir los ratios de deuda se ha utilizado antes, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y desde el Gran Crisis Financiera de 2008. Sin embargo, lleva tiempo y puede dar lugar a movimientos populistas. De hecho, el populismo en este contexto se traduciría en una pérdida de la independencia de los bancos centrales a favor de los gobiernos, alejándose de los objetivos de inflación fijados y adoptando políticas como la Teoría Monetaria Moderna (MMT) o imprimiendo dinero que se gasta directamente en la economía.  El resultado sería una mayor inflación y posiblemente una hiperinflación si se lleva lo suficientemente lejos. La relación entre deuda y PIB disminuiría, pero esas políticas no hacen que los gobiernos sean populares. De hecho, golpearía con más fuerza a una parte clave del electorado al erosionar el valor real de sus ahorros y pensiones.

Verdad 4: Impulso a la transformación tecnológica

Teniendo en cuenta este contexto, es probable que la tecnología se vea impulsada tras la crisis.

En primer lugar, está el efecto de la "crisis como madre de la invención", en el que el hecho de verse obligado a permanecer en casa ha beneficiado al  e-commerce, a las videoconferencias y al teletrabajo.  El cierre de las tiendas, oficinas y grandes almacenes ha obligado a las empresas a innovar y a hacer viable el trabajo a distancia. No es sorprendente que las empresas tecnológicas hayan liderado el repunte de los mercados bursátiles de Estados Unidos.

En segundo lugar, es un efecto a más largo plazo, ya que la experiencia de Covid-19 obliga a las empresas a replantearse sus cadenas de producción y a que aparezca una mayor diversidad de proveedores. En este sentido, es probable que la inteligencia artificial y la robótica sean las ganadoras, acelerando la cuarta revolución industrial. Asimismo, el aumento de la producción nacional -en lugar de la internacional- es un golpe más a la globalización, que ya se ha visto afectada por las guerras comerciales entre los Estados Unidos y China. A corto plazo, la mayor amenaza es el deterioro de las relaciones entre las dos superpotencias, que actualmente se encuentran inmersas en una tensión por el origen y la propagación del virus. A largo plazo, esta transformación tecnológica probablemente aumentará la productividad, ya que reducirá muchos de los insumos asociados a los negocios, como los gastos de viaje y el mantenimiento del espacio de oficinas.

Es probable que la inteligencia artificial y la robótica afecten al empleo en los mercados emergentes si se ven impulsadas por el deseo de reducir las cadenas de suministro. Si bien la economía puede llegar a pasar a un nuevo nivel de mayor productividad, el efecto inmediato es desplazar a los trabajadores que luego tendrán que volver a capacitarse o trasladarse para conseguir trabajo en la nueva economía. Esto sólo aumentará la sensación de insatisfacción y hará que las personas busquen soluciones populistas.

La característica de la tecnología de "el ganador se lleva todo" significa que el aumento de la desigualdad persistirá durante esta fase, lo que aumentará nuevamente la búsqueda de soluciones populistas. Los gobiernos se encontrarán en un aprieto cada vez más difícil; como hemos visto, es poco probable que tengan el margen fiscal necesario para evitar parte de esta presión mediante el aumento de los gastos.

Conclusión

En nuestra opinión, es probable que el virus refuerce las tendencias que impulsaban la actividad antes de que se produjera el brote, al desafiar la senda del crecimiento, crear una mayor presión sobre las finanzas gubernamentales y aumentar la desigualdad a medida que la tecnología se generalice.

La intervención del gobierno y la amenaza del populismo crecerán y los inversores tendrán que ser más ágiles que nunca para alcanzar sus objetivos ante estas “Verdades Ineludibles”.

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