El refugio de oro contra el coronavirus

Ante el desplome de las bolsas mundiales y los mercados por miedo a las consecuencias de la pandemia por COVID-19, muchos inversores están recurriendo a valores seguros como el metal precioso dorado.

Compro oro
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Oro es posiblemente la palabra, el color y la imagen que se le viene a la mente a la gente cuando piensa en riqueza. Por muchas crisis que vengan y vayan, el precioso metal dorado es el objeto de deseo de todos. Y más cuando vienen mal dadas, como ahora con el coronavirus.

Cuando se despiertan los miedos económicos muchos buscan poner a salvo sus ahorros comprando oro en los mercados. Y, cumpliendo con las leyes no escritas de las crisis, ante las inciertas consecuencias de la pandemia de coronavirus el valor del metal precioso en los mercados tradicionales se ha vuelto a disparar.  

Récord histórico del precio del oro

El primer lunes de marzo el precio del oro alcanzó un valor de 1.678 dólares estadounidenses la onza, valor récord desde finales de 2012, es decir, más de ocho años atrás. Además, desde septiembre de 2018, esta tendencia alcista ha sido especialmente pronunciada y solo ha sido interrumpida en contadas ocasiones. Desde finales de diciembre de 2019, coincidiendo con las primeras noticias de un posible nuevo virus que estaba infectando a la ciudad china de Wuhan, su precio volvió a dispararse. 

Según la web inverso.es, el precio del oro en los últimos 20 años se ha incrementado en más de un 365%. En este tiempo han pasado tres crisis económicas mundiales el desplome de las puntocom y 11-S, el crack financiero de 2008 y ahora la crisis del COVID-19 y sus consecuencias económicas. 

Pero, la tendencia alcista iniciada en 2018 se había visto espoleada por la política proteccionista de Estados Unidos y sus tensiones con algunos de sus principales socios comerciales y las perspectivas de una recesión económica. La epidemia del coronavirus no ha hecho más que echar gasolina al fuego de los temores de los inversores. El metal precioso es considerado generalmente un valor refugio, al que se recurre en los mercados cuando prevén un panorama de inestabilidad. 

Un símbolo de riqueza milenario

El oro ha sido reverenciado como un símbolo de riqueza y prosperidad desde hace milenios. El metal dorado ha conseguido mantener su valor e imagen de prestigio a lo largo de la historia y, al contrario de lo que pasa con los billetes, monedas y otros métodos de intercambio de riqueza, ha sido un vehículo estable para transmitir la riqueza de una generación a otra.

Los bancos centrales y los Estados siguen guardando reservas de oro como garantía de de las promesas de pago de su deuda o para fortalecer su moneda. En ese sentido, según los datos publicados por Statista a finales de 2019, Estados Unidos, como casi todos los años, lidera el ranking mundial de reservas del metal dorado con más de 8 133 toneladas métricas. Le seguirían Alemania con 3 366 toneladas, Italia con 2 451 toneladas y Francia con 2 436 toneladas. 

El oro sigue siendo un refugio

Aunque algunos inversores se han sorprendido de que el oro no se haya disparado más en los días más calientes de las bolsas, lo achacan más a hechos circunstanciales que a un cambio en la percepción del metal precioso. Para Carsten Menke, de la consultora Julius Baer, los principales motivos por los que el oro no aumentó más su valor fue por las consecuencias indirectas del desplome del precio del petróleo y porque muchos inversores se vieron forzados a vender oro para cubrir otras pérdidas. “Pese a que hay que tener en cuenta los vaivenes del mercado, seguimos considerando que el oro como refugio”, aseguran desde Julius Baer.

La profundidad de las consecuencias del coronavirus sigue siendo un enigma para la mayoría de los expertos. Muchos apuntan a que dependerá de cuánto dure la pandemia. Lo que ha quedado patente es que el primer golpe, como casi siempre que se avecina una crisis económica, se lo han llevado las bolsas y los mercados financieros, que a finales de febrero y primeros de marzo han vivido sus días más negros en una década. Y, como casi siempre que se avecina una crisis, los inversores buscan oro

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