Las inciertas consecuencias económicas del coronavirus de Wuhan

El estallido de una epidemia vírica en China ha hecho saltar las alarmas entre los economistas de todo el mundo, que no se han olvidado de los importantes efectos que tuvo la epidemia de SARS en 2002.

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A finales de 2019 la mayoría de ciudadanos europeos y estadounidenses no sabían que era Wuhan, pero en apenas 30 días pocos serían los que no lo supieran localizar como una ciudad china en la que se inició una epidemia vírica provocada por el 2019-nCoV, que tiene en alerta a todo el mundo. Además de las alertas sanitarias más o menos controladas, las consecuencias de la enfermedad podrían afectar a la segunda economía del mundo y por contagio a todo el resto, sobre todo teniendo en cuenta lo ocurrido en 2002, cuando las secuelas de la aparición de un virus similar contrajo el PIB chino entre uno y dos puntos.

Lo primero que conviene tener en cuenta es que el inicio de la crisis sanitaria no se ha producido en una población remota de China sino en uno de los núcleos urbanos más importante del país más poblado del mundo. Estamos hablando de la sexta ciudad más grande de China con 11 millones de habitantes, incluidos 2 millones de trabajadores migrantes. Además Wuhan es la sede de los principales productores nacionales de automóviles y acero en la que, además, más de 300 de las 500 principales empresas del mundo tienen presencia. Tal y como señala Philippe Waechter, director de Economic Research de Ostrum AM (Natixis IM), es un centro industrial y de transporte que “ha sido impulsado por el reciente auge del mercado automotor en China”.

Los expertos todavía no se ponen de acuerdo del alcance de las consecuencias económicas de la epidemia, principalmente porque tampoco se sabe hasta qué punto se va a extender el virus a nivel global. En las primeras semanas ya se cuenta con alrededor de un centenar de víctimas mortales y miles de personas infectadas, con casos en más de 13 países además de china.

Deferencias con la epidemia de SARS

El anterior virus respiratorio de alto contagio originado en China fue el conocido como SARS y causó 800 muertes en todo el mundo y supuso una contracción de la economía china que algunos expertos cifran cerca del 2% (una cifra muy considerable si tenemos en cuenta que ese crecimiento sería todo un logro para las economías occidentales en la coyuntura actual). Pero la alerta sanitaria de 2020 tiene notables diferencias, que pueden ser positivas o negativas, dependiendo sobre todo del impacto final de la epidemia.

Gilles Moëc , economist de AXA Investment Managers, apunta que “es demasiado pronto para cuantificar el impacto económico del coronavirus, pero a la hora de afrontar shocks inesperados como este, la aproximación más razonable parece la de evaluar los precedentes”.

“La propagación del virus 2019-nCoV ha impactado severamente a los mercados asiáticos, provocando el temor a una desaceleración en la economía de China. Sin embargo, debemos ser cautelosos con las consecuencias económicas y financieras e intentar aclarar las cuestiones sanitarias y sociales”,  afirma Bartlomiej Szabat-Iriaka, analista sanitario de Edmond de Rothschild Asset Management; “hoy en día, la capacidad de respuesta de Pekín y las recientes declaraciones de XI Jinping muestran que el país está decidido a contener rápidamente el virus. Los riesgos de que se produzca una pandemia parecen bastante bajos. La similitud del virus con el SARS ha permitido a las autoridades poner en marcha procedimientos que funcionaron durante la epidemia de 2003. Es probable que cualquier desaceleración en el transporte y el comercio de restaurantes sea un fenómeno temporal más que una tendencia a largo plazo”.

¿Malas noticias, tras un 2019 más positivo de lo anticipado?

Para Moëc, tampoco se puede ser del todo optimista y si ve ciertos peligros a corto plazo. “Una de las consecuencias que ya se pueden extraer de esta crisis es que la lectura de los datos cíclicos procedentes de China será más difícil en los próximos meses. Si los datos exhiben ahora una recaída después del alentador rebote que habían experimentado en los pasados dos meses, por ejemplo, si la actividad manufacturera vuelve a retroceder, entonces será prácticamente imposible distinguir si estamos ante una reacción transitoria a las medidas tomadas para contener la epidemia o si la economía se debilita por razones más fundamentales. Si los datos de China a comienzos de año son difíciles de leer habitualmente por el factor del Año Nuevo, en este ejercicio será mucho más complicado”.

Posiblemente el más pesimista de los expertos consultados sea Azad Zangana, economista y estratega senior de Schroders: “El brote ha golpeado el sentimiento de los inversores, ya que los activos de riesgo como las acciones han corregido y la demanda de activos refugio, como el oro y los bonos soberanos, ha aumentado. Mientras tanto, el precio del crudo Brent ha caído por debajo de los 60 dólares por barril por primera vez desde la escalada de las tensiones en Oriente Medio”.

El experto de la centenaria gestora de activos británica también señala que la emergencia no ha estallado en una fecha inocua, sino que se produce justo antes (e incluyendo) las celebraciones del Año Nuevo chino, el mayor acontecimiento migratorio anual.

“Las autoridades han anunciado una extensión de tres días del periodo vacacional, pero el riesgo es que los cierres puedan extenderse. Incluso cuando se reanude la producción, las fábricas podrían no ser capaces de mantener los niveles de producción. Junto con el posible retraso en la vuelta de las empresas a la producción normal, aumenta el riesgo de que el crecimiento de China caiga por debajo del 6% interanual en el primer trimestre”, se lamenta Zangana. “En caso de que la epidemia se prolongue en el tiempo. La recuperación de la industria manufacturera mundial, que acaba de comenzar, corre ahora el riesgo de frenarse”, sentencia.

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