¿Quedan valores refugio?

Cuando el dinero huye en periodos de crisis busca inversiones seguras, estables, sitios donde pasar la tormenta. Ahora no parecen tan seguros como antes.

Lingotes de oro
El oro ya no es una inversión tan rentable como antes

La avalancha un tanto caótica de compras y ventas en los mercados, no muy diferente de las que estamos viendo estos días en los supermercados, han alterado el comportamiento habitual de los llamados “valores refugio” que, hasta ahora eran cómodamente predecibles e inamovibles.

Los “valores refugio” son las inversiones hacia donde huyen los inversores en periodos turbulentos, normalmente muy estables y que suelen garantizar cierta rentabilidad mientras las acciones caen bruscamente y las bolsas fluctúan durante las crisis. Estos valores suelen ser metales y piedras preciosas (oro, sobre todo), deuda pública (como los bonos del Estado: prestar dinero a un país que te luego te es devuelto con intereses) y ciertas divisas más o menos estables, como el franco suizo o el yen japonés.

Pero el histerismo de los mercados como consecuencia del coronavirus y su propagación ha dejado a estos refugios para el dinero sujetos a bruscos cambios de precio y hasta a periodos de falta de liquidez que, junto a varias inesperadas caídas graves, añade riesgos casi inéditos hasta ahora a estos mercados.

Nada es lo que era

Los Bonos del Tesoro estadounidenses están cerca de su mínimo histórico, reflejando el ansia de los inversores por deuda estadounidenses a la luz de descensos bursátiles en todo el mundo, que han generalizado la opinión de que el coronavirus ha herido seriamente al crecimiento mundial. El yen japonés y el franco suizo han alcanzado también sus tipos de cambio más altos frente al dólar en años, mientras que el oro se ha revalorizado para caer de golpe esta semana -aunque sigue estándo en valores similares a los máximos alcanzados en 2012, en lo más crudo de la crisis de 2008 - .

Así, los mercados del oro sufren repentinos descensos en los precios porque las caídas en las acciones obligan a muchos inversores a poder liquidar el oro para hacer frente a las pérdidas sufridas en otros parqués.

Los vaivenes de los discursos de Donald Trump y la falta de agilidad de Christine Lagarde el pasado jueves también hicieron que el oro sufriera una caída más, que no anticipaba la sufrida ayer, con todas las bolsas a la baja y más carteras necesitadas de liquidez.

Otro de los valores tradicionalmente seguros, el de los bonos de deuda pública, se encuentra inusualmente atascado. Compradores de bonos estadounidenses o alemanes se ven incapaces de poder adquirirlos a un precio satisfactorio, con el agravante de que en casos como el alemán -y puntalmente el español- los actuales titulares de esos bonos no reciben su dinero con intereses, sino que de hecho pagan por prestar dinero a los países europeos. Los compradores no pueden comprar y los vendedores no sólo no pueden vender, sino que además les cuesta dinero no hacerlo.

Los compradores no pueden comprar y los vendedores no sólo no pueden vender, sino que además les cuesta dinero no hacerlo

Vuelta a lo básico

Esta situación para los potenciales compradores se ha visto agravada por la política de los bancos centrales, que están bajando los tipos de interés (que ya son negativos en muchos casos) que se pagan por los bonos y que, además, al comprar deuda pública, aumentan aún más el precio de ésta.

Con respecto al mercado de divisas, precisamente los tremendos vaivenes de estos días han hecho que el franco suizo y el yen estén sujetos a unos tipos de cambio inéditos, que les hacen menos rentables que de costumbre: ya sea por caros (y susceptibles de bajadas bruscas cuando se quieran rentabilizar) o por inestables en este momento.

Así que, ¿qué inversiones más o menos seguras quedan en estos momentos? Los expertos suelen recomendar aferrarse a aquellas detrás de servicios básicos, imprescindibles en periodos de crisis: alimentación, energía y telecomunicaciones.

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Carlos Hidalgo

Carlos Hidalgo

Ansioso por aprender. Intento ser periodista. Subproducto cultural del cuñadismo New Age. Antes ha pasado por las redacciones de 'El Plural' y en 'El País'.

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