Carlota Pi y Holaluz, la lucha idealista en el sector energético

La CEO y co-fundadora de la empresa que comercializa energía 100% renovable intenta cambiar el sector y la sociedad con un modelo de éxito.

Carlota Pi
Carlota Pi, CEO de Holaluz / Miquel Muñoz

A pesar de ser un día nublado, Carlota Pi Amorós (Barcelona, 1976) nos recibe con una sonrisa en las oficinas centrales de Holaluz, al borde de la Barceloneta. “La buena energía es contagiosa” reza un mural de la sala donde se lleva a cabo el encuentro. A nuestro alrededor, no paran de ir y venir grupos de gente joven sin traje ni corbata que, portátil en mano, hablan airadamente e improvisan reuniones en cualquier butaca. Desde donde estamos, tras una gran cristalera se puede ver el mar Mediterráneo. La luz que entra por la cristalera y los colores cálidos de este espacio, contrastan con la diáfana y oscura sala de operaciones abarrotada de pantallas y gente en silencio tecleando tras los ordenadores. Se respira buen ambiente. Ambiente de hacer cosas, de cambiar las cosas

Carlota Pi es ingeniera industrial, empresaria, emprendedora, madre. Es todo esto y mucho más.  Es  CEO y co-fundadora de Holaluz, una comercializadora de energía 100% renovable que cuenta ya con más de 200.000 clientes en España

“Nosotros en el IESE, teníamos un profesor que nos decía que el optimismo es una elección”. Carlota se refiere al fallecido José Antonio Segarra, maestro de directivos de la prestigiosa escuela de negocios al que conoció mientras realizaba un MBA. Allí también conoció a sus dos actuales socios, Oriol Vila y Ferrán Nogué. “Fundamos Holaluz con la intención de crear una herramienta  que nos ayudara a hacer del mundo un lugar mejor”.

Una líder implacable contra los mitos

Para entender el espíritu tenaz de Carlota hay que remontarse a su etapa universitaria allá por el año 1994. La Facultad de Ingeniería Industrial todavía no se llamaba así, por aquel entonces era la Escuela de Ingenieros Superiores Industriales de la Universidad Politécnica de Catalunya. Eran tiempos de cambio. Carlota, junto a unos compañeros de la delegación de estudiantes, logró cambiar el nombre de aquella facultad por un término más ecuánime; Escuela de Ingeniería Industrial. “Los nombres, las palabras, construyen la realidad. Nosotras éramos mujeres,  es de sentido común”. 

En aquella facultad, marcadamente masculina, Carlota ha declarado llegar a sentirse sola. Actualmente solo el 18% de los estudiantes de carreras STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés) son mujeres. “Mucha gente dice que las chicas no quieren estudiar carreras técnicas y esto no es verdad. A las mujeres nos interesa la tecnología, exactamente igual que a los hombres. Simplemente que el contexto que vives en una Escuela de Ingeniería cuando tienes 18 años te tiene que invitar a participar en él”.  

“Soy muy fan de las cuotas. No como concepto, pero sí del efecto que provocan”

De hecho, Carlota no lo tenía claro cuando eligió la carrera de Ingeniería Industrial. Siempre le había gustado la ciencia y las matemáticas, “quería hacer algo que me ayudara a crear”. Una vez en la carrera descubrió la energía, y conoció los principios que mueven las partículas subatómicas; “son casi de las cosas más parecidas a la magia". Contra los mitos como el que las mujeres no tienen interés por las carreras de ciencias, Pi se muestra implacable. En Holaluz, con una plantilla de 188 personas, el 50% son mujeres. El consejo de administración está compuesto por tres mujeres y cuatro hombres. Solo han tenido problemas para cubrir los puestos de desarrolladores, en los que el 30% son mujeres. Ahí, aplican cuotas. “Yo soy muy fan de las cuotas. No como concepto, pero sí del efecto que provocan. Me gustaría no necesitarlas, me gustaría que las cosas pasaran solas. Pero no es así”.  

“¿Te consideras feminista?” Carlota responde, sin dar tiempo a acabar la pregunta, con un rotundo: “Absolutamente”. 

Holaluz ¿David contra Goliat?

Competir contra gigantes de la talla de Endesa o Iberdrola  puede parecer una quimera. “A menudo nos dicen David contra Goliat,  pero nuestro Goliat no es una compañía tradicional, nuestro Goliat es conseguir el planeta 100% renovable. Esto es por lo que nosotros estamos luchando.” Holaluz compra electricidad directamente a productores de energía renovable independientes y luego se la vende a sus clientes. En 1998, tras la liberalización del sector eléctrico surgieron miles de estos productores. Una vez han adquirido la electricidad, alquilan el cable para el transporte y la distribución hasta los hogares, a los que finalmente vende esa electricidad.

Casi una década de camino desde la fundación de Holaluz da para mucho; tres hijas, premios –como el Jaume I a emprendedor del año 2019-, momentos duros y una idea en la cabeza de Pi; bajar el precio de la factura de la luz a miles, y por qué no, millones de personas.  

"Nuestro objetivo es conseguir el planeta 100% renovable"

“Podemos ofrecer de media un ahorro de aproximadamente el 10% de la facturación anual. Vamos a decir que el 15 de noviembre ya no pagas más luz en Holaluz.” Pero, ¿cómo son capaces de lograr esto? “Hemos desarrollado una serie de algoritmos gracias a los datos que tenemos de los contadores inteligentes de nuestros clientes con los que hacemos unos modelos matemáticos. Gracias a esta tecnología podemos aplicar estos algoritmos para optimizar la potencia que tenemos contratada, y así, optimizar también el precio de la energía que te estamos enviando”.

Uno de sus últimos éxitos fue la implantación en 2018 de una tarifa plana ilimitada de electricidad. “Tú utilizas tanta energía como necesites”. Solo te piden que estés a la altura, que hagas un uso responsable de esa electricidad. “Es un pacto a tres bandas entre el planeta, Holaluz y tú”. La acogida fue tal que multiplicaron la venta de este producto por dos.  

Una empresa idealista en un sector con mala fama

Holaluz, el pasado mes de noviembre salía a bolsa en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB).  Durante  su último ejercicio fiscal facturó más de 200 millones de euros, lo que supone un aumento del 39% respectó al 2018. En el año 2019,  logró un ebitda (resultado bruto de explotación) de 2,61 millones de euros. A pesar de este crecimiento imparable, Pi se mantiene fiel a sus ideales. El equilibrio entre tener cada vez más peso en el sector y no corromperse. Mantener la misma visión de querer cambiar el mundo es “súper fácil”. “Al final las compañías, no son nada en sí mismas. Son las personas que las forman, y la puesta en práctica diaria de unos valores, los que consiguen resultados buenos”.  

En los últimos 20 años el sector energético ha vivido una época de muchos cambios. Desde la liberalización del sector, hasta la transición del modelo energético. En todo este tiempo, las energías renovables han ido ganando terreno. Hoy en día, representan el 49,3% de la capacidad de generación total en España. “Esto es una tendencia imparable, transgeneracional, y absolutamente transversal”.  

Holaluz
Oficinas de Holaluz / Miquel Muñoz

En el año 2015, durante la legislatura del Partido Popular, el entonces ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, dio luz verde al polémico “impuesto al Sol”, una normativa que obligaba a los autoconsumidores de electricidad, es decir, usuarios que generaban y consumían su propia energía, a pagar una tasa por el uso del sistema eléctrico.  “El daño más grande que ha pasado en este país en los últimos 15 años ha sido este mensaje que nos han transmitido de que las renovables eran caras y no nos las podíamos permitir. Y esto es falso completamente.”  

El actual Gobierno, mediante el Ministerio para la  Transición Ecológica y Reto Demográfico, puso fin al “impuesto del Sol” en nuestro país tras firmar en abril de 2019 el Real Decreto Ley 244/2019,  con el cual regulaba nuevamente el autoconsumo y lo incentivaba al determinar que tendrá “un efecto positivo sobre la economía general, y sobre los consumidores”. Un modelo energético 100% renovable todavía es difícil de imaginar, incluso para la propia Pi, que a pesar de mostrarse optimista, no peca de idealista. “Estamos convencidos de que tener placas solares fotovoltaicas en el tejado de tu casa se va a convertir en algo tan estandarizado como tener un cuarto de baño”.  

La apuesta por el autoconsumo de energía en casa

HolaLuz apostó en octubre 2018 por el autoconsumo doméstico, es decir, la producción y consumo de la energía en los propios hogares. Comenzaron con 500 instalaciones de placas fotovoltaicas, y esperan alcanzar las 50.000 instalaciones en 2023. Si le mencionas el lobby energético, Pi echa balones fuera. Parece como si en su camino el resto no existieran. Ella tiene una meta clara: “Conectar personas a la energía verde”.

¿A caso el lobby energético es el culpable de este lento proceso de transición ecológica? “Cada uno juega a su juego, y cuando tú tienes el marcador a tu favor, la gente juega al catenaccio. Cuando tienes que remontar un resultado porque el planeta va perdiendo tienes que jugar al ataque, que es lo que hacemos nosotros”. El futuro lo ve “muy ilusionante”. Vivimos un momento de cambios, cambios de modelo, cambios en las formas de consumo. Como en aquella facultad en el 94, cuando Pi quiere cambiar algo se pone manos a la obra y trabaja por ello, el tiempo dirá el resto. “Vivimos un momento donde están pasando muchas cosas. Estamos pasando a un concepto de vida alineado con la sostenibilidad, con ser justos socialmente… Esto cada vez será más. Yo soy una persona súper positiva”.  

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