A qué voy a estar atento en 2020

Adivinar el futuro es más viable de lo que se puede llegar a pensar. Las dinámicas cíclicas que mueven el mundo también se aplican al ámbito de la economía. Y, aunque no con total exactitud, ciertas previsiones están ahí esperando a que las desvelemos.

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¿Le gustaría adivinar el futuro? Si le hago esta pregunta pensará que quizás esté de broma: por su puesto, a todo el mundo le gustaría conocer el futuro, aunque todos sabemos también que eso es imposible. O quizás no.

¿Qué pasaría si ahora le pregunto: "A qué hora amanecerá mañana"? “Por supuesto que le puedo responder, todo el mundo sabe a qué hora amanecerá mañana”, podría contestar. Y no le falta razón. Cualquiera de nosotros podemos consultar a nuestro oráculo preferido y conocer la predicción de a qué hora saldrá el sol mañana por la mañana, creyendo con absoluta fe en su exactitud. Pero un momento. ¿No es acaso eso adivinar el futuro?

La llegada del día y de la noche, el calendario, las estaciones o las mareas son ejemplos claros de ciclos naturales exactos, es decir, ciclos que se repiten de forma periódica con una exactitud pasmosa, permitiéndonos prever de forma inequívoca su siguiente etapa. Y con ellos, en realidad, estamos prediciendo el futuro -además, con exactitud-, aunque conocer dichos datos futuros nos parezca ya algo totalmente normal. 

Existen fenómenos naturales que constituyen ciclos exactos y permiten prever de forma inequívoca su siguiente etapa

Sin embargo, de la misma forma que existen ciclos naturales exactos, existen otros que no lo son tanto, pero que sí muestran una periodicidad aproximada. Un ejemplo serían los picos y valles de la actividad magnética del Sol cada 11 años, sobre los que, si bien no podemos predecir con exactitud el momento en que se producirán, sí somos capaces de prever, en base a las observaciones pasadas, el espacio temporal o ventana de tiempo en que será más probable que acontezca un cambio.

Otros ejemplos de ciclos naturales no exactos son el número de meteoritos que caen sobre la Tierra, el número de auroras boreales que habrá en un año, las plagas, los virus, los terremotos, los volcanes... . Los seres humanos vivimos en continua simbiosis con la naturaleza o, al menos, en conexión con ella, aunque a veces se nos olvide y parezca que no nos podamos escapar de su influencia cíclica.

En basa a las observaciones pasadas, podemos estimar la periodicidad aproximada con la que acontecerá un cambio

Durante décadas fueron muchos los que se preguntaron si el comportamiento humano también se veía influenciado por la actividad cíclica y, aunque nadie ha podido demostrar qué, quién o cómo se producen estos ciclos, las evidencias de su existencia resultan aplastantes.

Numerosos estudios han demostrado la influencia cíclica sobre una amplísima variedad de series históricas relacionadas con el comportamiento humano, conformando secuencias no exactas, pero sí aproximadas: por ejemplo, sobre el número de guerras ocurridas a lo largo de la historia, sobre el número de bodas que se celebran anualmente, sobre el número de nacimientos… . Y, como no podía ser de otra forma, también sobre el ámbito económico y financiero.

El primer gran estudioso de los grandes ciclos económicos, con permiso de Nikoláe Kondrátiev (1892-1938), fue Edward Russel Dewey (1895-1978), autor junto a E.F. Dakin del libro Cycles: The Science of Prediction (1957). En esta obra podemos se identifican los ciclos de onda larga en la economía, los de 54 y 18 años. Muy interesantes, aunque quizás poco prácticos para la gestión moderna de la inversión.

Ya en la década de los 70, fue J.M. Hurst, un enigmático ingeniero de la NASA considerado el padre de la teoría cíclica moderna aplicada a los mercados financieros, quien publicó dos trabajos definitivos. El primero, el libro The Profit Magic of Stock Transaction Timing (1970) y poco después, un curso de análisis cíclico llamado Cyclitec Cycle Course (1973). En sus estudios describió el modelo cíclico que se podía identificar de forma repetitiva en los mercados de acciones, desglosado en un modelo nominal de 11 ciclos, desde el ciclo menor de 5 días, hasta llegar a un ciclo superior de 18 años. Modelo que hoy en día aplico a mis análisis e inversiones.

El aspecto que quizás produce mayor perplejidad a los lectores cuando hablamos de ciclos -y, más concretamente, cuando hablamos de la formación de un suelo o de un techo cíclico en los precios de cualquier activo- es que, por lo general, estos se producen coincidiendo con que las noticias fundamentales que aparecen en los medios de comunicación son completamente contrarias a la idea de una vuelta de mercado.

Y es que es muy normal escuchar muy malas noticias cuando se está formando un suelo y muy buenas, por el contrario, cuando lo que se genera es un techo, como así lo describió el legendario inversor W. D. Gann en su libro How to make money in stocks (1949), lo que obedece al simple hecho de que los mercados tienden a descontar en el precio las futuras noticias o eventos fundamentales programados.

J. M. Hurst describió el modelo cíclico que se podía identificar de forma repetitiva en los mercados de acciones

Pero, ¿qué sucede con las noticias inesperadas? Porque sí, existen otros eventos no programados o eventuales que, a priori, parecen tener un gran impacto fundamental, pero que tal y como demostró J.M. Hurst, en la mayoría de los casos solo se traducen en ruido o en una volatilidad momentánea de los precios que tiende a desaparecer en unas pocas sesiones, devolviendo el mercado a su realidad cíclica de siempre. Hurst los denomina “momentos de interacción fundamental”.

Pues bien, combinándolo todo, y respondiendo ya a la pregunta "¿en qué me voy a fijar en 2020?", mi respuesta es: en aquellos mercados en los que espero que haya un techo o suelo cíclico importante. Siendo así, sabré que existirá un hecho o cadena de hechos fundamentales que provocarán o, mejor dicho, servirán de justificación para explicar el siguiente movimiento relevante de ese mercado.

Algunos eventos no programados parece que serán fundamentales, pero luego resultan no traducirse más que en puro ruido

Así que ahora ya puedo pasar a hacer mis predicciones para 2020, con un resumen de los mercados más conocidos; pero claro, como pueden comprender, desde un punto de vista estrictamente cíclico.

1. IBEX35: "Malos tiempos para la lírica", como decía la canción de Golpes Bajos, sobre todo para la primera mitad del año. Espero un movimiento cíclico bajista que puede llevar al índice a visitar de nuevo la zona de ocho miles bajos para después formar suelo a mediados de año.

2. DOW JONES Y NASDAQ: En línea con el índice español, corrección en ciernes de misma duración, con formación de suelo a mediados de año.

3. EURUSD: Buscando suelo, más pronto que tarde, aunque es probable ver un último clímax bajista atacando el nivel 1,0850 para, ya después, ver presiones alcistas durante buena parte del año.

4. ORO: Volatilidad en la formación de un techo previsiblemente complejo, difícil de atacar.

5. PETRÓLEO WEST TEXAS: Tras un poco de volatilidad adicional en el área 65, previsión bajista para la mayor parte del año.

Y ya me guardo mi bola de cristal. Feliz y próspero año 2020.

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