Coronavirus sanitario y económico

El reto es doblegar a toda prisa la curva de afectados en su salud y acertar con las medidas para los afectados en su economía

Coronavirus sanitario
Soldados de la UME ante un hospital madrileño / Getty

Es incalculable el daño que la crisis del coronavirus va a causar a la economía. Incalculable en la primera acepción del término en el Diccionario ("Que no se puede calcular") y probablemente también incalculable en la segunda acepción: "Muy grande o muy numeroso". Cuando escribo estas líneas, el lunes 16 de marzo, segundo día del estado de alarma en España, hay muchos datos bursátiles y financieros (por ejemplo, de pérdidas enormes en las Bolsas de todo el mundo) y de desplome de la confianza de productores y consumidores (y la confianza es fundamental para que la economía de la sociedad de consumo funcione), pero aún hay pocos datos de la actividad económica real, aunque muchos indicadores que señalan que se está frenando bruscamente.

La clave para calcular el impacto real de la crisis económica y social la dará la duración de la crisis sanitaria. A más curva creciente de afectados y de fallecidos por el coronavirus, más curva decreciente del consumo, de la actividad, del empleo, de la producción, del PIB. Cuando se cambie una se cambiará la otra. 

Los expertos con los que hablo dicen que los dos países que por ahora parece que han conseguido revertir la tendencia de número de afectados y controlar las infecciones -China, donde surgió el virus a finales del año pasado, y Corea del Sur, uno de sus primeros vecinos donde se expandió el virus- experimentarán una fuerte caída en su PIB en el primer trimestre de este año, pero rebotarán con fuerza en el segundo. Si así fuera, el reto en Europa, y especialmente en España, es doblegar a toda prisa la curva de afectados en su salud y acertar y activar cuanto antes las medidas económicas (aplazamiento de impuestos, líneas de crédito bonificado, subvenciones, etc) para los afectados en su economía: familias, autónomos, pymes y grandes empresas. En ese orden, ya que mientras los tres primeros son población de riesgo económico, por bajas defensas, las grandes corporaciones tienen mejor pulmón y mejores paraguas con que aguantar el enorme chaparrón que está cayendo. 

Las grandes crisis económicas, por lo general, laminan la clase media, agrandan la brecha social entre ricos y pobres, provocan en definitiva una mayor desigualdad en la sociedad. Así pasó en la crisis global que arrancó en 2008, y en España lo vimos con multitud de datos, algunos de ellos aún no corregidos por completo. Las administraciones públicas, y especialmente el Gobierno central, deberían tenerlo muy en cuenta ahora, cuando tengan que priorizar unas medidas sobre otras. Nuestro modelo de sociedad está en juego. La crisis del coronavirus no puede traernos una nueva crisis, la del paso a una injusta sociedad dual. 

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