Crea tu negocio para financiar tu ‘start-up’

El desarrollo paulatino bajo prueba y observación no solo es una opción, sino que es el mejor modo de crear un nuevo modelo de negocio

Photo by Annie Spratt on Unsplash

A lo largo de los años he leído y escuchado a decenas de tipos brillantes y no tanto aproximarse a un micrófono, levantar un dedo y decir ante un foro: “Una  start-up es...”. Hay disparidad de enfoques, pero en grandes pinceladas parece haber consenso en que se trata de una empresa emergente, de nueva creación y nacida en un entorno tecnológico que le permite crecer en gran escala

Hacia 2016, en el momento en el que nos planteamos el nacimiento de una nueva start-up, mis socios y yo detectamos un largo recorrido entre nosotros y nuestra idea funcionando en todo su esplendor. Para empezar, era irrealizable de modo inmediato sin una financiación externa, y siempre habíamos visto la entrada de socios inversores como algo que no queríamos: debíamos demostrarnos a nosotros mismos que el proyecto era viable, rentable y un modelo de éxito per se.

De este modo, decidimos arrancar haciendo lo que ya sabíamos y podíamos hacer. Ojo, siempre con unos estándares de calidad altos y una eficiencia máxima de cara al cliente. Pero sí empezamos a mitad de camino del modelo de negocio que queríamos conseguir. Fue nuestro modo de ponernos en marcha y posteriormente poder implementar mejoras de modo progresivo. Bromeaba, mi socio Martín, diciendo que estábamos creando un negocio para financiar una startup. Más allá de aquello, acabábamos de tomar una decisión que de otro modo no nos habría traído hasta donde estamos.

Pasó tiempo y cayó en nuestras manos Lean Startup de Eric Ries, un manual que versa sobre algunas cosas que un emprendedor necesita saber y sobre otras tantas. En él se habla de este modo de ejecución que habíamos elegido sin conocer su nombre. Se llama Producto Mínimo Viable, y pudimos vivir todos y cada uno de los beneficios que se advierten en este libro. Al empezar con lo que ya sabíamos hacer, encontramos muchos menos clientes de lo que teníamos planeado: un proyecto menos potente atraía a menos público objetivo. Sin embargo, no solo empezamos a recibir ingresos desde el primer día, si no que estos Early Birds que testaron nuestra idea desde el día uno comenzaron a darnos datos, feedback e información relevante desde mucho antes que si no hubiéramos lanzado el proyecto hasta tener el servicio completo llevado a término.

Llevado a término y mal, debo añadir, porque si nos hubiéramos lanzado a desarrollar totalmente nuestro plan inicial, muchas piezas no habrían encajado en el puzle. El desarrollo paulatino bajo prueba y observación no solo es una opción, sino que es el mejor modo de crear un nuevo modelo de negocio.

En esta línea, son muchos los factores que van marcando rumbo durante el proceso de creación de negocio. Cuando se empieza a trabajar, y no antes, es cuando se tiene un contacto directo con la realidad y se aprende qué cosas son un valor añadido y qué otras es mejor desestimar. Además, cada nueva relación comercial e incluso en cada relación personal, se irán ganando insights que perfilan el modo en que se empuja el proyecto.

En el lado opuesto, encontramos al colectivo que tiene grandes ideas pero nunca nadie las conoce porque tienen miedo de contarlas hasta tener, por ejemplo, una app perfecta. De hecho, muchas veces ni siquiera llegamos a saber si alguna vez existió esa idea brillante, porque este perfil no suele llevar a cabo sus proyectos. ¿Por qué? Se fijan en el miedo a perder su fórmula secreta cuando deberían estar trabajando y empapándose de información y opiniones para lanzar el proyecto lo antes posible.

De hecho, estas mismas personas son las que en pasos más avanzados de su aventura empresarial -si finalmente arranca-, en los que hay que tomar determinadas decisiones como incorporar socios estratégicos, son capaces de dejar a un lado un 50% de un proyecto prometedor para coger un 100% de un gran saco de nada.

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