Del rapto de Europa al pacto con Europa

La Unión Europea está de nuevo en una encrucijada y, como ha ocurrido las últimas décadas, su evolución será simétrica a la de España, que sigue siendo uno de los países más europeístas de la Unión.

El rapto de Europa
'El rapto de Europa', P. P. Rubens. Museo del Prado / Wikicommons

El rapto de Europa es uno de los mitos griegos más representativos y más próximos a nuestro entorno de civilización. Zeus acostumbraba a forzar a sus amantes, a raptarlas o a engañarlas metamorfoseado en algún bello animal. Y a veces todo a la vez. El día que se encaprichó de la hermosa hija de Agenor, rey de Tiro, la toponimia del viejo continente quedó marcada para siempre.

Zeus se enamoró irremediablemente (como siempre le ocurría) de Europa y nada ni nadie iba a impedir su unión. Pero la historia de Europa arrastra una crisis permanente de vigencia y de compromiso, que provoca que, como en la mitología, el continente se estremezca entre un océano de incertidumbres: "Europa, entonces, prorrumpió en gritos de espanto, tendió sus brazos hacia la ribera, palideció y se estremeció al ver cómo las olas se abrían a su paso y los animales marinos saltaban a su lado. Ocupada hasta entonces en coger flores y tejer alegremente coronas para las ninfas, ahora y en la inmensidad de la noche no divisaba sino estrellas y aguas infinitas. Tan pronto como hubo tocado tierra firme, traspasada de dolor, exclamó: «¡Oh, padre mío! Oh, hermanos y amigas mías con quienes he pasado tantos días felices! ¿Dónde me encuentro? ¿Adónde voy? ¿Es todo esto una pesadilla que me atormenta?" (J. HUMBERT Mitología griega y romana sobre textos de Ovidio y Horacio). 

La crisis sanitaria ha reabierto el debate, siempre presente, sobre el sentido y el porvenir de la alianza de países europeos, una comunidad de intereses compartidos tras la calamidad devastadora de la Segunda Guerra Mundial, que necesita buscar permanentemente una razón de ser a su existencia. España ha sido fuerte cuando Europa ha sido fuerte, y a la inversa, Europa ha sido fuerte cuento España también lo ha sido. Una propiedad conmutativa inspira esta relación. 

Los Pactos de la Moncloa y la incorporación de España a la Unión Europea han sido los dos grandes hitos de nuestra historia democrática. Y si bien es cierto que nuestro europeísmo es tardío y no inaugural, ha de reconocerse que el sentimiento de pertenencia a ese movimiento transnacional cuajó de inmediato. España sigue siendo uno de los Estados miembros en los que el proyecto europeo sigue concitando el apoyo de un mayor porcentaje de la población, pero este apoyo también ha decaído. En cambio, también se ha producido un fenómeno inverso y es que los euroescépticos radicales en España han acabado convertidos en eurodeudores por razón de necesidad y conveniencia, invocando a la Unión Europea en un Gran Hacedor que puede nutrirnos ilimitadamente de recursos como si tuviéramos un derecho natural para poder hacerlo. 

El mercado único, la única solución; el Brexit, la gran preocupación

Hoy más que nunca es indispensable preservar el mercado único comunitario y evitar la reaparición de barreras al libre intercambio de productos y factores de producción. El mercado comunitario es simplemente imprescindible para nuestra economía en términos de producción y empleo. Nuestras exportaciones de bienes y servicios representaban, antes de la llegada de la crisis, cerca del 32 por ciento de nuestro PIB, es decir, más de 350.000 millones de euros anuales. Cerca del 65 por ciento de las exportaciones españolas de mercancías van destinadas al mercado europeo en sentido amplio y, la inmensa mayoría de ellas, al mercado comunitario. En materia de exportaciones de servicios y, en particular, de servicios vinculados con el turismo, nuestro gran mercado emisor es el europeo. El peso de la exportación en los servicios turísticos en Comunidades autónomas como las Islas Baleares o Canarias, o en los productos agroalimentarios en Andalucía, Región de Murcia o Comunidad Valenciana, refleja con claridad la importancia de preservar estos mercados libres de barreras y restricciones al mercado.

Nuestra economía ha sufrido y está sufriendo con enorme dureza los efectos de la limitación a la movilidad de los ciudadanos europeos en esta etapa de pandemia. Las decisiones de los gobiernos europeos de prohibir los desplazamientos turísticos a España constituye un choque adverso de demanda de enorme intensidad cuyo origen no está en el libre funcionamiento del mercado, sino en una decisión de política pública. Conseguir revertir esas decisiones de política pública cuanto antes tendrá un enorme impacto positivo sobre la actividad económica. 

Otro asunto relevante es el Brexit. El abandono por parte del Reino Unido de la Unión Europea tiene muy preocupados a cientos de miles de empresarios y de empleados españoles, con mucha razón. La reimplantación de barreras a los intercambios entre España y el Reino Unido post Brexit destruiría una parte importante de nuestra actividad económica y de nuestros empleos en numerosos sectores productivos, con un impacto demoledor en algunas regiones españolas. El Reino Unido es, además, el país con mayor volumen de inversión directa española en el exterior. Detrás de las grandes inversiones de las empresas españolas en el Reino Unido están los ahorros de millones de pequeños accionistas españoles, cuyos intereses conviene defender.

Europa en la encrucijada y España en el centro de la encrucijada. La recuperación económica de nuestra economía en 2013 y abruptamente finalizada en el pasado trimestre solamente fue posible gracias a la pertenencia de España a la Unión Europea y a la apertura de la economía española al resto del mundo mediante su integración en el club europeo. La salida de esta crisis también pasará por Europa, una Europa solidaria, en la que España tiene que ser creíble y respetada por el rigor de sus finanzas públicas. Europa bien vale nuestra responsabilidad. 

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