Desarrollo e inversión sostenible

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas son la implementación de la idea de tratar de alinear lo económico, con lo social y lo medioambiental. ¿Qué tiene que aportar el mundo financiero y empresarial?

En términos modernos, el “desarrollo sostenible”, tiene su origen a finales de los años 70 del siglo anterior, con la extensión de movimientos en defensa de la ecología, de los derechos civiles, de igualdad de género y otros conceptos de compromiso social y económico, por entonces novedosos y hoy muy cotidianos. Sucintamente, puede definirse como aquél capaz de asegurar las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las propias. En términos generales, se trata de alinear lo económico, con lo social y lo medioambiental. 

De manera práctica, este nuevo enfoque tiene su implementación a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados por 192 países en el seno de Naciones Unidas, en septiembre de 2015: se trata de 17 propósitos cuya meta es transformar el mundo a través de la conocida “Agenda 2030”, y que enmarca la necesidad universal de poner fin a la pobreza, luchar contra el cambio climático y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad…en 2030. 

No está de más recordar que toda esta explosión de la sensibilización social por el cambio de modelo de crecimiento, tuvo lugar prácticamente al mismo tiempo que se producía una crisis económica de fortísimo calado social. Caben pocas dudas de que la segunda, la crisis, ha actuado en gran medida como multiplicador de la primera, la mayor concienciación. A día de hoy, sumergidos en un nuevo shock económico, aunque de muy distinta naturaleza, nada hace pensar que esta concienciación a favor de un desarrollo equilibrado vaya a disminuir, sino más bien al contrario. 

Los ODS en el ámbito financiero y empresarial

Por lo que se refiere al ámbito financiero y empresarial, los ODS constituyen ante todo una guía para definir unas mejores prácticas en el ámbito amplio del negocio y gestión. Pero también pueden ofrecer oportunidades de inversión de tipo sectorial o temático muy atrayentes para el mercado. En esa línea, por citar algunas, podemos destacar estrategias como envejecimiento poblacional, consumo responsable, energías limpias, infraestructuras, o educación

Buena parte de las tipologías de inversión sostenible tienen un impacto social muy importante, por el destino que se da a los fondos aportados por los inversores. En verdad, estamos viviendo un auténtico auge de las emisiones de “bonos verdes” o, en una escala incluso superior, “bonos sociales”, emitidos por entidades tanto de carácter público como privado. De hecho, la proliferación de este tipo de emisiones es tal que la estandarización normativa de estos activos se ha constituido como una prioridad en el seno de la Unión Europea. No obstante, la relevancia y el apetito inversor que están teniendo, lleva a que, aún sin aportar (de momento) ventajas reglamentadas en términos de medida del riesgo, la demanda supere con mucho a la oferta.  

¿Cómo afrontar inversiones en ODS?

En todo caso, hay tres aspectos importantes a considerar a la hora de enfrentarnos a inversiones en el ámbito de las ODS:

  1. Suelen tener un carácter eminentemente estratégico, lo que implica periodos de maduración largos, con independencia del tipo de activo (renta fija, variable, fondos de inversión, etc.). 
  2. Suponen un cambio conceptual en los métodos de selección y gestión de valores frente a las estrategias tradicionales de inversión: no solo se trata de excluir a quién no cumple con los criterios definidos, sino potenciar a aquellos que contribuyen de una manera eficaz, a través del desarrollo económico, a optimizar no solo sus números financieros a largo plazo, sino también algún aspecto concreto de la sociedad. 
  3. El viejo debate acerca de si la inversión temática supone renunciar a un “extra” de rentabilidad, parece que va perdiendo fuerza. En realidad, lo que se nos ofrece ante nuestros ojos es que el desarrollo futuro será sostenible o no será tal desarrollo, por la sencilla razón de que las empresas no sostenibles estarán abocadas a una paulatina extinción.  

Ello no quiere decir, por supuesto, que la gestión de las inversiones sostenibles esté exenta de riesgos. En ese sentido, conviene no confundir la palabra “sostenible” con la palabra “asegurado”. Por tanto, hablamos de un marco de actuación, dentro del cuál siempre será necesario, como no podía ser de otra forma, una correcta gestión de los activos y de los riesgos. 

Por todo ello, hoy se nos ofrecen unas posibilidades de actuación en las cuales los agentes que participamos en el mundo económico tenemos la oportunidad de cumplir nuestra función no sólo con eficacia y ética, sino también con responsabilidad, presente y futura, hacia la sociedad en su conjunto. 

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