E-commerce: hablemos de presente

Hemos acabado haciendo nuestra una situación excepcional que jamás imaginaríamos que podríamos vivir, adaptando nuestras rutinas, nuestras formas de trabajo, nuestras costumbres sociales y sí, también nuestra forma de comprar.

En los últimos meses, términos como ‘nueva normalidad’ han pasado a formar parte de nuestro vocabulario y de nuestro día a día, hasta el punto de convertirse en compañeros habituales. No hay nada de extraño en ellos, los conocemos y los utilizamos a diario con soltura, como si siempre hubieran estado con nosotros. Hemos acabado haciendo nuestra una situación excepcional que jamás imaginaríamos que podríamos vivir, adaptando nuestras rutinas, nuestras formas de trabajo, nuestras costumbres sociales y sí, también nuestra forma de comprar. En línea con todos estos nuevos términos que hemos comenzado a utilizar, viene a mi mente otro, algo menos común, pero que nos define en este momento: resiliencia. Según la RAE, resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Un atributo que, como ha quedado evidenciado, poseemos. Y del que tras estos meses debemos estar muy orgullosos.

No sólo hemos sabido adaptarnos a la situación excepcional que ha acompañado a la crisis sanitaria que aún estamos viviendo, sino también a todos los cambios que ha provocado y está provocando en estos momentos. El confinamiento y la entrada en la conocida como ‘nueva normalidad’ han puesto de manifiesto la importancia de conceptos como la digitalización, especialmente en países como España, donde en muchos casos todavía estaba concebida como parte del futuro. Un futuro que las circunstancias han transformado en presente en tan solo unos pocos meses.

Un mundo diferente

Por el momento, somos conscientes de que la cosas no podrán volver a ser exactamente iguales que antes: se acabó el contacto físico continuo, tanto con personas como con objetos, y se acabaron por un tiempo las aglomeraciones. Lo físico, a lo que estamos enormemente acostumbrados en España, tiene que dar paso a lo digital en pro de nuestra seguridad y nuestra salud. Hablo de un cambio en el que se trabaja desde hace años, pero cuya implementación se está acelerando a un ritmo antes inimaginable y que cambiará las vidas de los españoles hacia una mayor seguridad, pero también mayor confort y accesibilidad.

Si hablamos de los ámbitos en los que la digitalización ya era una realidad antes de que diera comienzo la crisis sanitaria en la que nos encontramos, tenemos que hacer una pausa obligatoria en el sector del comercio. No sólo porque el comercio online tenga cada vez más peso en España -un peso que, como era de imaginar, ha aumentado en los últimos meses-, sino porque es el ejemplo perfecto para mostrar las muchas bondades del paso de lo físico a lo digital. El e-commerce, además de ponérnoslo fácil y permitirnos cuadrar nuestros horarios con todo tipo de compras, abre puertas y levanta barreras. A todos los niveles, aunque el más evidente sea el geográfico.

Gracias al e-commerce se generan oportunidades para todo tipo de negocios, sin importar el tamaño, la longevidad de las empresas o la procedencia. Podríamos decir que la digitalización democratiza. A través de los marketplaces, como AliExpress, venden pequeñas y medianas empresas en igualdad de condiciones y para un mercado internacional de gran tamaño. Las fronteras desaparecen y el aumento de oportunidades no va necesariamente acompañado por un aumento en la inversión. Esto se traduce en centenas y millares de PYMES capaces de prosperar y de crecer en mercados que creían inalcanzables y en contextos que, antes de la digitalización, parecían poco esperanzadores.

Las ventajas del e-commerce en tiempos de la Covid-19

El compromiso de los marketplaces con estas empresas no es algo nuevo y, sin duda, es algo en lo que debemos continuar trabajando día tras día, en especial en estos momentos especialmente críticos. Un compromiso que en AliExpress defendemos firmemente y que siempre hemos tenido presente. Esta forma de comercio electrónico es al mismo tiempo un democratizador de la venta online y una puerta de acceso a decenas de recursos, como formaciones o tecnologías, que de otro modo serían inaccesibles para muchas pequeñas empresas.

Pero las ventajas del e-commerce no quedan solo en las empresas. Esta digitalización también tiene como objetivo clave cubrir todas las necesidades del consumidor para permitirle compaginar su ritmo de vida con todo tipo de compras, también en lo que a alimentación se refiere. Durante los meses de confinamiento, los marketplaces han sido un recurso muy importante para millones de consumidores, que han encontrado en ellos una vía para adquirir según qué productos. Y, además, también han servido de refugio para quienes, por todo tipo de circunstancias, no tenían la oportunidad de acudir al supermercado para adquirir sus bienes de primera necesidad. En un contexto de cuarentena, la digitalización no sólo se ha acelerado, sino que se ha confirmado como nuestra mayor aliada y, por supuesto, nuestro presente.

Lo que antes observábamos en la distancia, mirando hacia mercados como el chino, ahora constituye nuestra propia realidad. A nivel de comercio ya hemos allanado una importante parte del camino, pero la digitalización va a formar parte de nuestra vida a todos los niveles. En los bares y restaurantes, a través de cartas mediante código QR, o en el ámbito de la salud, con consultas online como alternativa a las presenciales siempre y cuando sea posible. El futuro que antes mirábamos con incertidumbre, esperanza e ilusión es ya nuestro presente.

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