El Covid no creará un mundo nuevo. En verdad, sabemos lo que viene. No te excuses y prepárate.

Como demuestran las mayores pandemias de la historia, aunque el coronavirus sí tendrá consecuencias de cambio, no provocará una nueva normalidad sino que acelerará los procesos de transformación en marcha.

Mortalidad coronavirus
Un sanitario italiano en una morgue provisional durante la pandemia de coronavirus / Getty

Como estamos desconcertados, tendemos a inmovilizarnos para observar, atónitos, lo que acontece a nuestro alrededor, sin ser capaces de reaccionar ni de anticipar. Vemos como líderes políticos y empresariales quedan paralizados y bloqueados ante unas circunstancias inesperadas que todo lo confunden y trastocan. El asombro, el pasmo o el temor nos impiden la clarividencia y la decisión necesarias para actuar. Nos refugiamos tras la cómoda excusa de que, como nadie sabe lo que nos encontraremos dentro de unos meses, mejor esperar y ver lo qué pasa, pues nada, ya, será igual a lo que conocimos. Y nos quedamos tan tranquilos, sin ser conscientes de que, en verdad, nos escudamos y excusamos tras un cobarde error que puede ocasionarnos fatales consecuencias para nuestros empleo y bienestar. Porque, en verdad, sí que sabemos lo que viene y deberíamos prepararnos para ello sin más dilación. Día que nada hagamos, día que retrocedemos. 

Continuamente escuchamos afirmar que, tras la pandemia ocasionada por el Covip19, nacerá un nuevo mundo, con formas distintas de comportarse tanto a nivel privado como público y, cómo no, también con cambios profundos y novedosos en el ámbito laboral y profesional. ¿Realmente será así? Desde luego, y en eso todas las opiniones coinciden, la crisis ocasionada por el coronavirus dejará una honda huella que modificará comportamientos y reforzará determinados valores. Pero, ¿son suficientes estos cambios para afirmar que entraremos en un mundo nuevo? ¿Tan radicales serán los cambios que no podemos, ni siquiera, preverlos? 

La crisis ocasionada por el coronavirus dejará una honda huella que modificará comportamientos y reforzará determinados valores. Pero ¿hasta qué punto?

En las anteriores pandemias, como la de la mal llamada gripe española de 1918, nada pareció cambiar después de la mortandad, y eso que fue muchísimo más mortífera que la actual. La sociedad siguió como si tal cosa, sin que se percibiera cambio alguno ni en los modelos sociales ni políticos ni económicos del país. Y eso que dejó casi 250 000 muertos en España, que vendrían a equivaler a unos 600 000 actuales. El Covid-19 maldito, con toda su mortífera parafernalia, ha asesinado, hasta principios de mayo de 2020, a menos de 30 000 personas, según datos oficiales. Quiere decir que la gripe de 18 fue mucho más letal que la actual del coronavirus y no alumbró un mundo nuevo. ¿Por qué en esta ocasión si habría de suceder esa revolución anunciada? 

Covid: ¿motivo de cambio o simple acelerador?

A lo largo de la historia se sucedieron las epidemias y las pestes, que diezmaron periódicamente la población, desde las terribles pestes bíblicas hasta las aterradoras pestes medievales. La más célebre de todas ellas, la Peste Negra de 1348, producida por la bacteria Yersinia pestis, asoló Europa dejando tras de sí, al menos, 25 millones de muertos, más de un tercio de la población total, sin que se modificaran por ello, substancialmente, el modelo civilizatorio. Periódicamente, padecimos pestes a lo largo de nuestra historia, no se trata de un fenómeno nuevo ni desconocido. La peste bubónica que asoló el levante y el sur español en 1648, mató a más de la mitad de la población de Sevilla, por citar un ejemplo. Experimentamos mortandades tremendas, inconmensurablemente mayores que las que hoy padecemos pero que, sin embargo, nada parecieron cambiar en el sentir y el trabajar de las gentes. ¿Por qué estamos convencidos, entonces, que vamos a experimentar un cambio tan radical?

Pues estamos convencidos porque, en verdad, ya cabalgábamos el potro desbocado de las tecnologías que nos hacían hollar, por vez primera, el nuevo continente de la sociedad digital. Ya vivíamos en el sobresalto de la innovación, del cambio, de la sorpresa cotidiana cuando el Covid-19 llegó con la fuerza de un huracán a trastocarlo todo… al menos en apariencia. La pregunta que deberíamos hacer, pues, es la siguiente: ¿El virus creará un mundo nuevo o, simplemente, acelerará los cambios que ya veníamos experimentando? ¿Es el coronavirus un creador de nueva civilización o, por el contrario, se trata de un simple acelerador de las dinámicas que ya nos iban conformando? 

Creemos que, con alta probabilidad, el virus actuará como un acelerador, como un catalizador de las dinámicas previas, con la incorporación, eso sí, de nuevas variables hasta ahora no tan influyentes. Y, de resultar cierto este postulado, podemos anticipar por dónde irán los tiros, aunque, en estas breves líneas, simplemente las esbocemos con brocha gorda. Y, si podemos anticipar, ya no tiene excusa para no prepararse para el escenario previsto.  

De dónde venimos y a dónde vamos

¿Cuáles eran las dinámicas previas que ya venían determinando el quehacer de las empresas y el rumbo de la sociedad? Pues básicamente podríamos agruparlas en tres familias: las de los cambios que ya experimentaba la globalización, las de las tecnológicas digitales y, por último, las vinculadas a los objetivos de desarrollo sostenible, ODS. Esas dinámicas preexistentes ya nos estaban transformando y el covip, ahora, las acelerará sin haberlas creado. Comprobémoslo sucintamente. 

La globalización, una dinámica que comenzó en los 80 del siglo pasado, dominó por completo la gestión empresarial, la economía y la política durante décadas. Pero el arrollador éxito de China forzó, como sabemos, a los EEUU a adoptar medidas proteccionistas que rompieron el omnipresente paradigma globalizador. Este rearme arancelario, junto a la tentación de proteger a las industrias nacionales, se reforzará a consecuencia del virus, como podemos comprobar cada día en los medios de comunicación. En un futuro próximo nos encontraremos con una globalización restringida en mayor o menor grado, con barreras arancelarias y dificultades aduaneras. Personalmente, no me gusta, pero es lo que hay. Esa tendencia ya venía de atrás, pero el virus la acelerará sin ningún género de dudas. En este eje queda demostrado, pues, su carácter catalizador sobre el creador.

El coronavirus, por otra parte y con toda seguridad, acelerará la velocidad en la que nos transformamos hacia una sociedad digital. Los sistemas inteligentes, el teletrabajo y el comercio y negocios online experimentarán un fortísimo avance, con aparición de nuevos modelos de negocio y empleo, con la desaparición de los antiguos. Esa dinámica ya la veníamos experimentando, pero el virus la ha acelerado. Debemos, pues, prepararnos para ello. Que nadie se descabalgue de la digitalización, pues quedaría, sencillamente, fuera de los tiempos.

El rearme arancelario, junto a la tentación de proteger a las industrias nacionales, se reforzará a consecuencia del virus

Y, como último eje básico, las empresas y administraciones venían comprometiéndose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Que nadie dude que el virus – con su rol de acelerador - reforzará la inquietud ambiental y la obsesión por la sostenibilidad. Lo que sí aparecerá con mucha mayor fuerza de la hasta ahora experimentada, será la honda preocupación por la salud, lo saludable y por la prevención sanitaria, como prioridad social, que afectará a todos los niveles, desde el personal hasta el público, pasando por empresas y organizaciones.  

La epidemia no creará, por tanto, un mundo nuevo que no podamos otear, sino que acelerará dinámicas preexistentes que ya conocíamos. Podemos anticipar las circunstancias que nos encontraremos a nuestro regreso. No existen, pues, excusas para no comenzar a prepararnos, desde hoy mismo, para ello. Desconfiemos de quiénes afirman que nacerá algo nuevo, por completo desconocido, que no podemos ni figurarnos. Ni conocen la historia ni, probablemente, se habían enterado de los cambios radicales que ya hacían temblar los suelos bajo nuestros pies. No acepte excusas para la inacción, comience a prepararse para lo que ya sabemos a ciencia cierta que va a ocurrir. Se alegrará, y mucho, si así lo hace. El virus no era un creador sino un simple y malvado acelerador. Podemos pues ganarle con la mejor vacuna posible, la de la anticipación y la acción inteligente. Pues a ello. 

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