El empleador o el empleado: un falso dilema

El coronavirus nos devuelve algunos viejos debates aquejados de inútil nominalismo. Por ejemplo: a quién ayudar, ¿al empleador o al empleado?, ¿al empresario o al trabajador?

Madrid vacío
Madrid durante la cuarentena por el coronavirus / Getty

La formulación de la pregunta es errónea; de la confrontación entre uno y otro sale poca agua y ninguna solución. La oposición empleado-empleador sirve para los mítines y para confundir y retroceder.  

Ahora, en medio de una crisis como la pandemia del coronavirus, la cuestión esencial desde el punto de vista económico-social, además de la prioritaria cuestión sanitaria, es salir de la parálisis, prepararse para recuperar la actividad y el empleo, proteger el tejido productivo congelado. Y eso pasa por evitar la destrucción inmediata de empleo que se debe recuperar cuando pase la crisis. La velocidad de esa recuperación es crítica y marcará el futuro. Se puede hacer como a principios de la década, con dificultad y lentitud o con rapidez. La crisis financiera de 2008 fue de otra naturaleza pero nos dejó una lección: casi un millón de despidos en un año; y luego otros dos millones más. Algo semejante no debe ocurrir ahora.  

Los dos ejes de la política económica de choque están claros y son compartidos: primero garantizar la LIQUIDEZ del sistema, que no se gripe el flujo de pagos y cobros. Y segundo sostener el EMPLEO que es el antídoto contra la recesión, la desigualdad y la exclusión social.  

Dos escuelas para salvar el empleo

Sostener el empleo pasa porque el empleador pueda pagar las nóminas, que disponga de la liquidez que le va a faltar por la ruptura de las ventas y la actividad. Al empleado, que bastante tiene con el confinamiento, hay que proporcionarle seguridad y confianza; garantía de que cuando pase la pandemia (que será más pronto que tarde) recupere de inmediato su puesto de trabajo, la normalidad productiva anterior, el crecimiento sostenido.  

Todos los países europeos, con el paraguas y la despensa del Banco Central Europeo (BCE), han reaccionado con razonable celeridad al primer requisito: liquidez. Los bancos disponen de recursos y de garantías para prestar a sus clientes sin demora ni exigencias, para que no quiebren con efectos demoledores en cadena. Los bancos conocen a los clientes, saben de su capacidad y, además, les necesitan. Hay liquidez, los Estados pueden aportar garantías y los créditos tienen costes muy bajos. El circuito del crédito puede funcionar y los recursos disponibles dan de sobra para aguantar un trimestre de hibernación de buena parte del tejido productivo.  

La cuestión no está en el qué: sostener el empleo. Sino en el cómo. Y se perciben dos escuelas: la primera (española) pivota sobre los subsidios directos a las personas que pierden el contrato de forma temporal, a través de un ERTE. La segunda (británica) pivota sobre el apoyo a las empresas afectadas para que no despidan recibiendo a cambio de ese compromiso, subsidios para pagar las nóminas o buena parte de ellas. En el fondo los dos caminos se parecen, pero la idea subyacente es distinta y sus consecuencias también. Subsidio al parado o subsidio al que paga las nóminas para que no despida. No es lo mismo aunque el coste es semejante.  

España apuesta por el subsidio de paro

El empleo implica un contrato entre empleador y empleado, ambos son imprescindibles y necesarios y deben ser leales al compromiso. El seguro de paro requiere la condición de parado. El modelo alemán que complementa los salarios cuando se reduce jornada funcionó bien durante la crisis anterior. No engorda la estadística de parados y, sobre todo, mantiene en la conciencia del empleado que su puesto de trabajo existe, que el contrato se mantiene.  

El gobierno español ha optado por un modelo del seguro de paro con pocas exigencias, podía haber elegido la vía italiana, más novedosa, que pasa por prohibir despidos mientras dure la pandemia y apoyar a las empresas sin recursos. Pero ha preferido pivotar sobre el subsidio de paro con el horizonte de una renta básica. 

El gobierno español ha optado por un modelo del seguro de paro con pocas exigencias

En el caso español se ha enfatizado la idea del “escudo social” (que es del PSOE más que de Podemos), que trasciende a la pandemia y que sirve de estrategia de futuro para mitigar la exclusión con subsidios. Pero no son pocos los que consideran que la mejor forma de evitar la exclusión es con integración en el sistema productivo, con empleo.

Todo sirve, el error es confrontar empleador y empleado, son caras de la misma moneda que no se pueden separar. Además, queda la batería de apoyos fiscales (aplazamientos y condonaciones) que suponen apoyos a la liquidez, aunque sea a costa de las cuentas públicas, tiempo habrá de abordar ese problema cuando se supere la crisis.  

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