El futuro de las pensiones: bendita inmigración

La evolución de la población de España nos enseña que en 15 años el problema serán las pensiones, no el empleo

La silueta de las pirámides de población de España lo explica todo. La población española de 1960 colocada por edades y sexo dibuja una pirámide perfecta, la base es el tramo más numeroso, el de las personas con entre 0 y 6 años, y el pico es el menos numeroso, donde están los de más de 85. En cambio, si vemos el dibujo que configura la población de España en 2033, según las estimaciones del INE, (hoy ya es muy parecido) nos encontramos la silueta casi perfecta de una hucha, donde el tramo más numeroso es el que tienen entre 55 y 59 años. No es un espectro, es la hucha de las pensiones, la que hay que llenar.

Hoy seguramente el principal problema de la economía española es el paro, esos 3,23 millones de personas en edad de trabajar y que no encuentran empleo, según dice la Encuesta de Población Activa. Sin embargo, la evolución de la población de España nos enseña que en 15 años el problema serán las pensiones, no el empleo.

En 2033 habrá en España 2,7 millones de personas menos en el tramo de edad que va entre los 35 y los 50 años, seguramente la edad de la plenitud laboral, con todo el respeto por los que están entre 50 y 60 años. Ese fuerte descenso en ese tramo de población lo cambia todo y es que ahí está recogida buena parte del gran boom de la natalidad en España.

El año récord de nacimientos en la historia de España se produce en 1964, con 688.708, pero es que entre 1963 y 1977 siempre hubo más de 650.000 nacimientos de niños vivos por año, lo que hizo que la población creciera muy rápido. Sin embargo, la tendencia de caída coge realmente velocidad en 1983, cuando ya está al frente de los mandos el primer gobierno socialista de Felipe González y el número de nacimientos cae por debajo del medio millón hasta llegar al mínimo de 362.626 en 1996, el año que José María Aznar llegó al Palacio de la Moncloa.

Al final de la Guerra Civil, en 1939, hubo más nacimientos (419.848) de los que hay ahora. En toda la década de los 90 la cifra de nacimientos estuvo por debajo de los 400.000. Repunta hasta superar el medio millón en 2008, pero la crisis quiebra la línea y ya llevamos dos años consecutivos perdiendo población (56.262 en 2018), porque los fallecimientos superan a los nacimientos, que de nuevo no llegan a 400.000.

Si tomamos el último informe de proyecciones de población que ha elaborado el INE (noviembre de 2018) podemos ver que la población entre 20 y 65 años el año pasado era de 28,29 millones de personas, cifra que bajaría en 180.000 en 2033. Esta cifra no cae más gracias a los inmigrantes que entraron desde finales del siglo XX y hasta el comienzo de las crisis, que hizo que en 2010 volviera a haber más emigrantes que inmigrantes. De los 46,6 millones de habitantes que tenía España a fin de 2018, prácticamente el 10% son extranjeros.

Es más, las expectativas de crecimiento de nuestra población están puestas exclusivamente en la capacidad de atracción de ciudadanos de otros países. El INE proyecta que en 15 años la población de España aumente en 2,3 millones de habitantes, hasta superar los 49 millones en 2033. Este escenario lo dibuja contando con una entrada de 3,4 millones de inmigrantes.

En ese 2033, España tendrá 12,3 millones de personas con más de 65 años, lo que supone tener que pagar 3,4 millones más de pensiones de las que tenemos hoy. Es casualidad, pero coinciden el número de aumento de pensionistas con el de inmigrantes. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) hizo un informe el año pasado en el que prevé una media de entrada de 270.000 inmigrantes por año hasta 2050, lo que da una cifra de algo más de cuatro millones para el periodo de 15 años que contempla el INE, de manera que los dos organismos públicos ven un horizonte parecido.

Las expectativas de crecimiento de nuestra población están puestas exclusivamente en la capacidad de atracción de ciudadanos de otros países

Por tanto, si la inmigración va a ser determinante en el futuro de las próximas generaciones, si de ella va a depender que se pueda sostener el sistema de pensiones, todos los partidos políticos deberían ser más cuidadosos con los mensajes que trasladan.

“El aumento de la cantidad de inmigrantes y de su proporción sobre la población no debería reivindicarse como una opción sencilla y globalmente ventajosa. Puede traer consigo movimientos de resistencia social y política como los observables en otros países de nuestro entorno desde hace décadas”, señala la demógrafa Elisa Elisa Chuliá en el Cuaderno del Círculo Cívico de Opinión titulado “Ante el envejecimiento demográfico”.

La baja fecundidad y el aumento de la esperanza de vida son las claves que han configurado el cambio en la forma de la pirámide de población en España. Solo la inmigración puede cambiar el final, puesto que no se pueden inventar españoles en edad de trabajar de la noche a la mañana.

La inmigración va a ser determinante en el futuro de las próximas generaciones

El resultado de varios éxitos

La actual situación demográfica de España se puede analizar de diferentes maneras, pero sobre todo de dos, hacia atrás o hacia adelante, desde una perspectiva sociológica o economicista.

Si miramos hacia atrás, el cambio en la silueta de la pirámide es el reflejo del fuerte avance de la sociedad española. Que haya aumentado la esperanza de vida, hasta el punto de que en pocos años pasemos a Japón, dónde más años se vive,  solo puede ser positivo. Que se haya reducido la tasa de fecundidad es el reflejo de que la mujer ha tomado el control de su maternidad, se ha incorporado al mercado de trabajo y ha recortado la brecha de desigualdad con el hombre.

Eso sí, si proyectamos números hacia adelante, al margen de la capacidad de corrección que la propia sociedad pueda llevar a cabo apoyándose en la inmigración, se pueden construir mensajes del tipo: “En 15 años no nos vamos a poder pagar el estado del bienestar. Adiós a los sistemas públicos de pensiones, sanidad y educación; los tres pilares de nuestra democracia social.”

Si queremos apuntarnos a una visión más positiva, tomemos la que dio María Dolores Puga, científica titular del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, en su comparecencia en el Senado en la Comisión Especial sobre la evolución demográfica en España. “Este proceso de cambio demográfico no solo no es un problema sino el resultado de varios éxitos. El primero, que somos más iguales ante la muerte, y eso difícilmente es una mala noticia. Antes se moría mucha gente muy pronto y unos poquitos llegaban a los 65 o 70 años. Ahora, la mayoría de los nacidos alcanzan la vejez. El segundo éxito es que todos vivimos más, mucho más; vivimos hasta edades muy avanzadas. Y el tercero es que somos más eficientes desde el punto de vista reproductivo. ¿Qué quiere decir esto? Que malgastamos menos vida, que no necesitamos generar tanta vida, que perdemos muy pronto, como ocurría en el pasado. Ahora, con los nacimientos que tenemos logramos trayectorias de vida muy prolongadas”. 

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