El impacto demográfico del COVID-19 en España: esperanza de vida, longevidad y fecundidad

A lo largo de los últimos quince meses, hemos asistido a la ceremonia de la confusión en relación a las consecuencias demográficas de la pandemia en nuestro país. Hoy se pueden ofrecer datos concluyentes sobre la base de las estadísticas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística en materia de mortalidad, longevidad y fecundidad.

pareja de ancianos
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A lo largo de los últimos quince meses, hemos asistido a la ceremonia de la confusión en relación a las consecuencias demográficas de la pandemia en nuestro país, resultado en ocasiones de la escasa consistencia de algunos datos estadísticos, y, de otra, de la volatilidad de cierta información en caliente. La demografía se caracteriza precisamente por la contundencia y robustez de sus datos empíricos y no puede sustraerse del rigor científico. La acción política y hasta lo que ahora se denomina biopolitica reemplazaron a la fiabilidad extrema y gélida de los datos y amenazaron con convertir la demografía en un juguete roto al servicio de los agentes políticos. Hoy se pueden ofrecer datos concluyentes sobre la base de las estadísticas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística en materia de mortalidad, longevidad y fecundidad.


Como no podía ser de otro modo, y así lo testimonia el Instituto Nacional de Estadística, el exceso de defunciones provocado por la pandemia reduce sensiblemente la esperanza de vida, al situarse en 2020 en 79,6 para los hombres y en 85,1 para las mujeres, que, en términos de serie temporal, supone que los hombres se colocan a niveles de esperanza de vida del año 2013 y las mujeres diez años, hasta situarse a niveles de 2010. Si se compara el dato con los datos de 2019, hay una reducción de la vida media de ambos sexos de 1,3 años. Puestos a compararnos con otros países europeos, España encabeza el top 5 de los Estados con mayor caída (Bulgaria, Rumania, Letonia, Polonia y España) mientras que, según datos registrados por Eurostat, en Francia la caída ha sido únicamente del 0,7 y en Alemania del 0,2. 


De otro lado, el Instituto Nacional de Estadística (INE), a la vista de los resultados demográficos provocados por la pandemia, se ha visto obligado a reconsiderar la proyección de población sobre base 2018 para determinar la esperanza de vida en 2060, que, antes del Covid 19 se situaba en 85,9 para los hombres y en 90,3 para las mujeres. El propio INE alerta de la existencia de tres factores que afectarán a la evolución de la esperanza de vida en los próximos años: las consecuencias ligadas a la salud de la población provocadas por la pandemia; los daños asociados al estrés al que ha estado sometido el sistema sanitario a consecuencia de la crisis sanitaria; y, por último, el impacto sobre la salud mental de la población.

En materia de fecundidad, la pandemia no ha hecho sino agudizar intensamente la caída que se registraba en años anteriores. Desde 2009, el número de nacimientos en España viene descendiendo a un ritmo anual medio del 3 por ciento. Para que se entienda de una manera nítida el orden de magnitud, en 2019 nacieron 360.000 niños, lo que representa unos 160.000 niños menos que en 2008, año en que se registró un dato de más de medio millón de nacimientos. Como es sabido, en España el modelo de fecundidad arrastra un perfil tardío y escaso, muy parejo al nivel del resto de países occidentales. Hay que recordar que el nivel de remplazo debería situar la fecundidad en 2,1 niños por mujer, mientras en 2019 nos situábamos en un pírrico 1,24 hijos por mujer. Pues bien, y a partir siempre de datos provisionales, el INE estima que en 2018 se alcanzará una cifra de 1,18 hijos por mujer, lo que representará una caída del 5 por ciento respecto del año anterior, casi dos puntos más que el año precedente. 

Según datos ya firmes, los nacimientos de los dos últimos meses de 2020 y de los dos primeros meses de 2021 se situó en un orden del 15 por ciento, o lo que es lo mismo, en esos cuatro meses nacieron 10.000 niños menos en España de lo que estaba previsto. Definitivamente, y a pesar de lo que vaticinaban algunos augures, el incremento del tiempo compartido por el confinamiento no derivó en un fenómeno de recuperación de la natalidad sino que se ha impuesto la incertidumbre aparejada a la situación, aspecto este que también ha incidido en la disminución de la nupcialidad. 

En estos momentos de salida de la crisis sanitaria, puede concluirse que el impacto que la pandemia ha tenido sobre las tasas de mortalidad y sobre los procesos migratorios ha sido contingente y coyuntural. De hecho, que el impacto de la mortalidad se haya concentrado en los percentiles más altos de edad ha reducido considerablemente el impacto sobre la esperanza de vida de la población española. Por el contrario, y por lo que se refiere a la natalidad, la pandemia ha intensificado un problema estructural cuya tendencia a la baja, al menos a fecha de hoy, es irreversible. La precariedad del mercado laboral, el precio de la vivienda o las dificultades de conciliación de la vida laboral y familiar son condicionantes constantes que mitigan la posibilidad de que existan mayores proyectos reproductivos de futuro. Asimismo, no se puede ignorar el impacto que la huella del descalabro económico tenga en el futuro, tanto a efectos de fecundidad como de procesos migratorios. Ahora ya queda sólo el tiempo, y la estadística, como siempre.

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