Primera parte

El largo camino para acabar con la brecha salarial en España: diagnóstico

La diferencia que media entre la igualdad y el igualitarismo es la distancia que separa el principio de igualdad de oportunidades y el principio de igualdad de resultados.

Como liberal y como antiguo responsable de las políticas de igualdad en España, no hay verdadera libertad si no hay igualdad de oportunidades. Y en el espacio inconcluso de las relaciones entre hombres y mujeres, la desigualdad, más allá de las expresiones abyectas de violencia sobre la mujer, se proyecta esencialmente en el ámbito del agravio permanente de las remuneraciones entre ambos sexos, donde las mujeres siguen situándose en una posición de manifiesta iniquidad.

No queda duda tampoco, si se prescinde de razonamientos doctrinarios y apodícticos, que la evolución en España en los últimos años ha sido muy favorable, máxime cuando la sensibilización social y empresarial en materia de igualdad salarial emana del advenimiento democrático. Si se compara con los esfuerzos llevados a cabo por otros países cuya lucha moderna se origina a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, el esfuerzo colectivo español ha sido nítidamente más sostenido que en el resto de sociedades. En la mitad de tiempo y en condiciones evolutivas históricamente incomparables, la brecha salarial sin ajustar en España se ha situado en 2018 en un 14 por ciento, lo que nos coloca en mejor posición relativa que países como Alemania, Reino Unido, Francia o por debajo mismo de la media de desigualdad de la Unión Europea.

La brecha salarial sin ajustar en España se ha situado en 2018 en un 14%, colocándonos en mejor posición relativa que países como Alemania, Reino Unido o Francia

Huelga decir que mientras exista desigualdad retributiva, existen necesidades reales de mutación cultural y económica, en un contexto donde, afortunadamente, pasamos por ser un país ejemplificante. Por esa misma razón, algunos discursos convulsivos recientes, más preocupados por la inminencia de las emociones y de las intenciones que por la razón o el rigor, en nada coadyuvan a mantener la senda iniciada hace algunos años en nuestro país. La prudencia, la moderación y el rigor son claves para perseverar en las políticas orientadas a la igualdad. Es frustrante que, en determinados repertorios de algún partido político, haya calado un discurso negacionista, muy alejado de las convenciones internacionales y de las legislaciones de los países más desarrollados del mundo.

Un estudio reciente de PWC para CEOE revela que la brecha salarial ajustada en España se situaría en un 12,2 por ciento en 2018, o lo que es lo mismo, las mujeres cobran de media un 12,2 por ciento menos que los hombres. A efectos de diagnóstico y de determinación de las soluciones para contrarrestar estas diferencias, el cálculo de la brecha salarial ajustada, más fiable metodológicamente, permite aislar en la comparación determinados efectos vinculados a las características socioeconómicas -antigüedad, edad, nivel de educación, elecciones académicas- como a los puestos de trabajo que se desempeñan -tipos de ocupación, sectores productivos, jornada laboral-.

Es injustificable todavía ese margen, pero también es evidente que la transformación social en España y la gestión de las políticas públicas de igualdad por parte de todas las formaciones políticas hasta ahora ha llevado a que la brecha salarial se haya reducido en casi un 30 por ciento en los últimos dieciséis años, hasta situarse en el 12,2 por ciento según los datos del estudio publicado, con el añadido de que se ha reducido en todos los grupos de edad, aunque con mayor intensidad en los menores de 30 años (-61 por ciento). Si, además, se desagregan los diferentes componentes de los salarios, una parte importante de dicha brecha, según el informe aludido, se debe a diferencias existentes en algunas compensaciones adicionales al salario base -turnicidad, nocturnidad, horas y pagas extra- que están presentes en sectores con mayor presencia laboral masculina, de donde debería analizarse si existe una discriminación en origen para el desempeño de determinadas actividades.

El análisis permite valorar la presencia de otros factores subyacentes que permitan considerar el problema de manera sincrónica. Por un lado, las brechas salariales son mayores cuanto mayor es la edad (4,9 por ciento menos de 30 años y 14,9 por ciento con más de 59 años). Este indicador invita en lógica al optimismo puesto que afecta directamente a las nuevas generaciones que se están incorporando al mercado laboral. Además, la brecha salarial es mayor en aquellas ocupaciones que cuentan con una mayor proporción de hombres, como los trabajadores cualificados en construcción o los operadores de maquinaria. Por último, la brecha salarial es mayor conforme aumenta su nivel de antigüedad y cuanto mayor es el nivel de los salarios, de modo que la brecha salarial en el percentil más alto de la escala de retribuciones se sitúa en el 16,6 por ciento.

En definitiva, existen techos evidentes, que la literatura al uso ha calificado como "techos de cristal" cuando todavía siguen siendo de un material más rígido. Existen barreras y obstáculos invisibles, impedimentos sistémicos que tienen su raíz en conductas culturales y en rigideces en la forma del desempeño de la actividad profesional o laboral. El progreso manifiesto de las últimas décadas es una razón para perseverar pero también para recalibrar allí donde se encuentran las razones materiales y estructurales de la desigualdad.

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