El sector exterior: una oportunidad ineludible

La Unión Monetaria Europea es un pilar de estabilidad absolutamente vital para la economía española

España llevaba encandenando siete años consecutivos de superávit en el saldo por cuenta corriente de la balanza de pagos. Esto no había sucedido antes, y ha permitido mejorar nuestra posición de inversión internacional y nuestros registros de deuda externa. Mantener la vitalidad de nuestro sector exterior no resultará provechoso para nuestros ciudadanos solamente en virtud de su aportación a la renta y al empleo, sino también para continuar la reducción del elevado endeudamiento exterior de la economía española, que constituye un enorme factor de vulnerabilidad.

Sin embargo, lo alcanzado es aún manifiestamente insuficiente, y es de capital importancia perseverar en el superávit corriente de la balanza de pagos y acelerar el desendeudamiento de la economía española. Alguno podrá pensar que, en estos tiempos de bajísimos tipos de interés, una elevada deuda externa no solo es un lujo que nos podemos permitir sino que es algo conveniente. Quienes así piensan seguramente han olvidado los agudos episodios de tensión financiera vividos en el año 2010 y hasta 2012, el crítico incremento de los costes de financiación de la economía española y los cientos de miles de empleos que aquella crisis financiera se llevó por delante.

El BCE, garante de la estabilidad de nuestra economía

La decidida reacción del Banco Central Europeo en este pandemia, en los tres frentes necesarios, provisión de liquidez, intervención mediante operaciones de mercado abierto y revisión de los requerimientos normativos a las entidades de crédito en materia de liquidez, capital y provisiones, recurriendo a nuevas herramientas de instrumentación de una política monetaria ultralaxa, ha evitado por el momento la reedición de una crisis de deuda soberana como la vivida en la pasada crisis. El plan de la Comisión Europea supondrá asimismo una ayuda importante para la recuperación de la economía europea.
Pero conviene ser conscientes de la intensidad de la recesión que está viviendo la economía española, por un lado, y de la fragilidad que aún aqueja a la arquitectura monetaria europea, por otro.

Aun no siendo lo robusta que a estas alturas del proceso de construcción europeo debería ser, la Unión Monetaria Europea es un pilar absolutamente vital de estabilidad para la economía española en el momento presente. Si España no formara parte del euro en estos momentos, habríamos asistido ya a estas alturas a una fuga masiva de capitales, a una severa devaluación de nuestra moneda, a un repunte intenso de la inflación, a una elevación brutal de los tipos de interés, a un cierre masivo de empresas y a un todavía mayor incremento del desempleo. Todavía recuerdo las cuatro devaluaciones sufridas por la peseta entre 1992 y 1995. La tasa de desempleo se disparó por encima del 20%.

Todo ello implica que no sea para nada descartable el regreso a la eurozona de tensiones financieras similares a las que vivimos en la pasada crisis, pero con una intensidad aún mayor, espoleada por los mayores niveles de deuda acumulados por algunos países como España, que no han sido capaces de cumplir con sus compromisos europeos de estabilidad presupuestaria, y por la intensidad de la recesión, que merma abruptamente la capacidad recaudatoria y hace explotar el gasto público. De ahí que sea imprescindible adoptar medidas fuertemente creíbles de sostenibilidad presupuestaria para conjurar el peligro del regreso de las tensiones financieras en la eurozona, esta vez con España e Italia en el punto de mira y en la posición que años atrás ocuparon Portugal, Grecia e Irlanda.

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