En defensa del empresariado

6 reflexiones y 6 conclusiones de una empresaria al desnudo y sin complejos tras tres meses de estado de alarma, pandemia y a las puertas de una incierta crisis económica

Empresariado
Eakrin Rasadonyindee, iStock

Estos tres meses han dado para mucho. Para ser conscientes de la fragilidad del ser humano, de que nos enfrentamos a una crisis sanitaria, humana y socio-económica global de una magnitud enorme, no prevista, y de que, en nuestro querido país, ha sido especialmente severa pues la economía española ya contaba con elevado nivel de déficit público, de desempleo y de una estructura asentada en sectores muy afectados como el turismo, la automoción… 

Pero también he tenido el espacio para reflexionar sobre el papel de los empresarios y autónomos. En lo macro (tras todo lo leído, estudiado y especialmente, después escuchar algunas intervenciones como las de Pablo Isla y Juan Roig en la Cumbre telemática empresarial de la CEOE) y en lo micro. Y, como no, desde mi vivencia. He reflexionado mucho en estos días sobre el sentido de ser empresario o empresaria hoy. Yo, que soy novel en esto de ser mi propia jefa (apenas cuatro años) y, sin embargo, muy senior (más de 25 años) en trabajar para otros, no he podido evitar comparar una situación con otra. Primero, porque es humano y segundo, porque desde la reflexión es como uno se comprende profundamente. 

En las próximas líneas, me gustaría compartir mis reflexiones y conclusiones a la hora de responder a la pregunta: ¿qué significa ser empresario hoy en día?  

6 reflexiones de una empresaria española

En lo Macro:

  • Para afrontar esta crisis no hay soluciones mágicas ni fáciles. El plan para salir de la crisis exige comportamientos altamente responsables, disciplina, rigor, constancia, imaginación, audacia y madurez.  
  • Es esencial generar certidumbre y seguridad jurídica a empresarios e inversores para poder generar empleo y crecer. No se puede ni se debe vivir de la deuda. Hay que ajustar lo que gastamos a lo que tenemos. 
  • Es importante no desmontar lo que ya funciona y/o es eficaz. Pero también es esencial huir de dogmas, recetas pasadas e ideas preconcebidas. Lo que necesitamos es ser flexibles, competitivos y no generar rigideces. 

En lo Micro:

  • El Valor: la satisfacción y alegría que experimento cuando un cliente me da la enhorabuena por nuestro personal, elogia nuestro servicio y buen hacer en Yucoach, desde el área de marketing&negocio, tecnología hasta el coach que presta el servicio.  
  • La Cultura: especialmente en estos días de confinamiento, es vital estar ahí para el equipo, trabajar juntos aun en la distancia para los clientes. Escucharlos, transmitir confianza, valentía, visión de futuro, sostener los ánimos, acompañarlos en sus planes de acción y también entender sus frustraciones, porque esto del Covid-19, nos ha afectado a todos. 
  • La Incertidumbre: el vértigo que siento a veces por tener cuentas de clientes sin cerrar, sin cobrar, algunas perdidas en volumen, la tesorería temblando y la proximidad de los días 30 de cada mes, o 20 de cada trimestre vencido…es inversamente proporcional a la adrenalina que experimento por saber que estás construyendo algo insólito, disruptivo, único, atractivo, apetecible para clientes e inversores.  

6 conclusiones tras tres meses de pandemia

En lo Macro:

Tan importante como las medidas que se tomen es que sean resultado del acuerdo entre los agentes sociales y económicos.  

Hay que mantener las medidas que impliquen evitar que se destruya tejido empresarial ( ERTE´s, financiación público-privada). 

En España hay que apoyar y apostar por la microempresa y especialmente a las start ups (algunas que han desaparecido por falta de liquidez) para que crezcan y sean más sólidas y hay que promover la internacionalización de las empresas.  

En lo Micro:

  • La responsabilidad: ante todo, un empresario, es persona (sí, también). Siente, padece, pelea, lucha, se cae, se levanta… como cualquiera. Sin embargo, no lo haces por ti, para forrarte, para prestigiarte... lo haces por lo que hay detrás de tu empresa (personas, empleo, familias, inversores, comunidad). Te pones delante, la defiendes, la vendes, la compras, la sostienes por todo ese ecosistema. Y esa es la diferencia esencial: la responsabilidad hacia otros (en el sentido de habilidad de responder) y el compromiso (en el sentido de la promesa con otros). 
  • El compromiso: Es tanto lo que uno aporta, que no puede sentir otra cosa que el orgullo ser empresario para poder contribuir al desarrollo económico en nuestro país, y aun fuera del mismo, aportando resultados, evidencias para potenciar organizaciones globales y una sociedad civil responsable, comprometida y sólida. 
  • La visión: la mayor garantía de una empresa está en sus líderes. No sólo por el papel que han jugado hasta ahora para aguantar los golpes sino por la visión que aportan tras la crisis: es el “Quiero estar ahí”. Si un empresario no tiene esa visión de dónde quiere estar en 2021, no hace esa apuesta de futuro desde su realidad de junio 2020 para adaptarse, reinventarse, pivotar…estamos hablando de otra cosa. No de un empresario.

La economía española tiene mucho potencial porque tiene buenos empresarios y emprendedores. Recuperarse de la caída, remontar, va a exigir mucho esfuerzo, “sudar la gota gorda”, tomar decisiones difíciles, poco populares…Pero mantengo que hoy más que nunca merece la pena ser empresario y hacer visible con nuestros hechos, el serlo. Merece la pena que existan pequeños, medianos y grandes empresarios que mantengan la actividad, la refuercen e inviertan en transformación digital y apoyen a otros más pequeños (emprendedores y autónomos) para fomentar ese espíritu emprendedor tan necesario en nuestro país. Eso supone ser responsable y tener proyectos cuando la sociedad está abatida y sin norte.

Cierro con palabras de Juan Roig en la Cumbre Telemática de CEOE inaugurada el pasado 15 de junio (y, con su permiso, las hago mías y vuestras): 

“Si hay empresarios y emprendedores honestos, hay empresas.

Si hay empresas, generarán beneficio, e invertirán en empleo.

Si hay empleo, hay riqueza.

Y si hay riqueza y sabemos gestionarla adecuadamente, habrá bienestar.

Que la sociedad vea que las empresas son generadoras de riqueza y bienestar.”

Así sea. 

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