¿En qué invertir en bolsa en el actual entorno económico?

A la hora de valorar qué puede hacer el mercado bursátil los próximos meses nos encontramos ante una serie de preguntas cuyas respuestas no son sencillas y que, además, son susceptibles de cambiar en función de múltiples factores

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La situación en Reino Unido, la guerra comercial, las políticas monetarias de los bancos centrales, la inflación, los diferentes episodios electorales… Todos y cada uno de ellos son sucesos de difícil pronóstico y cuyos resultados admiten numerosos grises entre el blanco y el negro.

Ante un escenario así, lo que sí podemos valorar son las variables que, en gran medida, afectan a la evolución del mercado español: la evolución de la macro, particularmente Europa; las políticas de los bancos centrales (nada se entiende ya sin ellos); el devenir de Latinoamérica y la marcha de la economía española.

1)  En Europa estamos asistiendo a una significativa desaceleración en la actividad industrial (los servicios se siguen comportando bien). Es cierto que parte de ella podría mejorar si se relajan las tensiones comerciales globales pero, aun así, a corto plazo será difícil que la demanda recupere la intensidad necesaria para apuntalar un sólido crecimiento. En el lado positivo, la lectura actual del mercado es tan negativa, que cualquier sorpresa positiva podría cambiar esta tónica e impulsar los valores cíclicos en bolsa.

2)  Ante esta ralentización, el BCE ha intensificado su política de tipos de interés bajos (más que bajos, negativos), dejando entrever que la inflación de momento no llega y que las herramientas para impulsar la economía no están funcionando como se esperaba.

Siendo constructivos a corto plazo, esta política de tipos bajos y estímulos monetarios, con una inversión de 20.000 millones de euros al mes en compra de activos de renta fija, ayuda a soportar los balances de los Estados y de muchas compañías. Y, en el caso de España, apoya y mucho a las economías familiares toda vez que el 80% del capital de las familias (según el Banco de España) se encuentra invertido en inmuebles.

3) Respecto a Latinoamérica, las incertidumbres de los últimos trimestres no están ayudando y, de hecho, explican gran parte del mal comportamiento del mercado español frente al resto de mercados europeos. La inestabilidad de Argentina en ciernes de un posible cambio en el gobierno, con una fuerte devaluación de su divisa, y su efecto contagio en otras economías, unido a las dudas político-económicas surgidas en México y Brasil no contribuyen a tranquilizar el ánimo inversor. No obstante, las reformas económicas en Brasil arrojan cierta esperanza.

4) En España entramos en un periodo de cierta desaceleración económica pero, eso sí, con una inercia todavía positiva. Es de esperar que la creación de empleo, la construcción, la afiliación a la Seguridad Social y el escenario de tipos bajos sostengan estos crecimientos, no exentos de ciertas sombras como la caída de las exportaciones fruto de un comercio global parado por las tensiones arancelarias.

En cualquier caso, la economía española es una de las que más crece en Europa y en 2020 debería seguir esta tendencia.

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Esta situación de mercado, junto al pesimismo y los tipos de interés en negativo, nos están llevando desde hace trimestres a una situación compleja y, si me apuran, anómala, con valoraciones en algunos casos extremas de sectores como el de las utilities o concesiones (bond proxys), por un lado, y el financiero o cíclicos, por el otro. Pero estas son las reglas con las que tenemos que invertir y esperar una reversión a la normalidad en el corto plazo que puede tener sus riesgos.

También hay que apuntar que el Ibex35 es uno de los índices con peor comportamiento de Europa con una revalorización c. 6%  hasta mediados de septiembre, frente a un 17,5% del Euro Stoxx 50, el 9,25% del FTSE británico o el 18,6% del CAC francés. Este peor comportamiento se explica en parte por la composición del propio índice. Un 25% del Ibex son compañías financieras que se ven perjudicadas por este entorno de tipos negativos y, por otro lado, por la mencionada exposición a Latam y sus divisas.

Con todo ello, y en mitad del debate de si hay que rotar la inversión desde valores de crecimiento y proxys de los bonos, que son los que mejor se han comportado estos trimestres, hacia valores más value y cíclicos, pensamos que hay que mantener la calma y no dar giros bruscos en las decisiones de inversión. Se puede construir una cartera de inversión prudente pero que, a la vez, incluya valores cíclicos con potencial. La clave, como siempre, está en la selección de valores. 

Buscamos compañías sólidas, con visibilidad en sus negocios, balances saludables y sectores menos expuestos a estas volatilidades que sean capaces no solo de competir, sino de crecer en este entorno. Concesiones, infraestructuras de telecomunicaciones, farma o salud serían los mejores ejemplos. Es cierto que son sectores que cotizan a unos múltiplos exigentes, pero ahí está el trabajo de buscar el mejor player dentro de cada sector.

Además, como hemos comentado, no descartamos la inclusión de valores cíclicos. De hecho, somos unos firmes defensores de las pequeñas y medianas compañías y seguimos pensando que es en ellas donde se puede encontrar más valor y potencial. No hay que perder de vista que estas compañías están mucho menos expuestas a los devenires macro, tienen cuotas de mercado más pequeñas y, por tanto, más flexibilidad y menos presiones por llenar sus volúmenes, generalmente menos deuda, un foco más local y un management muy implicado.

No tenemos la bola de cristal ni la respuesta a todas las preguntas iniciales, pero sí podemos trabajar para ofrecer un buen retorno ajustado a riesgo a nuestros partícipes en un entorno de mercado muy complejo. ¡Partido a partido!

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