¿Es irremediable el deterioro mental en la vejez?

La edad de la sinrazón: a medida que el mundo se hace más rico, y más viejo, la enfermedad mental se vuelve más común

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La salud mental y el bienestar emocional tienen igual importancia en cualquier momento de la vida. La senectud es un proceso natural fruto de la combinación de nuestros genes con el ambiente. La edad cronológica se diferencia, cada vez más, de la edad biológica en un intento de marcar diferencias según la genética, los hábitos de vida y la interacción con el ambiente. A medida que cumplimos años se incrementa la probabilidad de sufrir una enfermedad, y la salud mental se puede ver afectada directa o indirectamente. La salud, al fin y al cabo, es un estado transitorio que no presagia nada bueno, como decía Winston Churchill.

Cambios en el cerebro con la edad

Creer que el envejecimiento implica enfermedad mental es un error. Si bien las conexiones neuronales o la propia morfología del cerebro cambian con los años, eso no implica una enfermedad irremediable. A partir de los 30 años se pierde 1g de cerebro cada 10 años, pero nos queda mucho cerebro a la mayoría, y la mente (la función de dicho órgano) tiene recursos suficientes para evitar la aparición de la enfermedad. Un estudio demostró que personas felices tenían síntomas de Alzheimer fisiopatológico (en una autopsia post mortem) que no se manifestaba como enfermedad. La razón de esta resistencia a enfermar parece encontrarse en la felicidad, que es un buen antídoto de la enfermedad mental. En general, todo lo que es bueno para el cuerpo en relación al envejecimiento es beneficioso también para la mente y el cerebro (el órgano).

La sociedad actual llega a edades más avanzadas que las anteriores, y en circunstancias nuevas. Aspectos como la soledad, la falta de relaciones sociales en edades avanzadas o la ausencia de familia provoca situaciones que pueden afectar a la salud mental de las personas. Asumamos que no existe una discapacidad asociada, y centrémonos en una persona adulta que avanza a los 70 años y los superará en breve. Su objetivo debe ser mantenerse en un buen estado de actividad mental y física, y combinar adecuadamente su ocio con su objetivo de vida. El ocio permanente, fruto de la inactividad en la edad de jubilación, puede no ser la mejor manera de mantenerse activo. Y una mente activa previene la enfermedad mental, como lo hace el ejercicio activo de las enfermedades cardiovasculares. Sentirse sano y estar sano previene la enfermedad mental, como sufrir una enfermedad grave nos puede sumir en una depresión.

Un tóxico cerebral: estrés

El estrés sigue siendo un tóxico para la mente de los seres humanos. En edad avanzada se tiene menos capacidad de eliminar el exceso de cortisol que producimos en situaciones de potencial peligro y vemos con más frecuencia el peligro cuando cumplimos más años, aunque sea imaginario o preventivo.

Ni la edad, ni la falta de carácter, ni ser débil tienen que ver con la aparición de una enfermedad mental. Una lesión, una disfunción neuroquímica o un desequilibrio biológico puede ser la causa de un trastorno mental. Los tóxicos, como las drogas o el alcohol, son también causas externas importantes de enfermedad mental, pero en la vejez se manifiestan con más facilidad, y pasan a cobrar su factura de toda la vida.

Las personas mayores de 60 años constituyen una parte relevante de la fuerza laboral que se duplicará hasta llegar al 25% de la población mundial en 2050. Que lleguen sanos, activos y con plenas facultades puede ser lo que marque la diferencia en una sociedad que no puede prescindir de nadie con experiencia. El activo que supone este grupo corre el riesgo de perderse y la economía se vería afectada.

Los adultos mayores pueden sufrir problemas físicos y mentales que es preciso reconocer. Más de un 20% de las personas que pasan de los 60 años de edad sufren algún trastorno mental y una parte de este grupo se atribuye a trastornos mentales y del sistema nervioso. Estos trastornos representan en la población anciana un 17,4% de los años vividos con discapacidad. La demencia y la depresión son los trastornos neuropsiquiátricos más comunes en ese grupo de edad.

El papel de la salud pública

Ya sabemos qué hacer para envejecer de manera saludable, pero evitar la enfermedad mental también es una responsabilidad de los responsables de la salud pública. Promover la salud con estrategias que mejoren las condiciones de vida, con entornos que mejoren el bienestar y estimular a las personas a que adopten modos de vida sanos e integrados es otra importante estrategia. Protección y libertad, viviendas adecuadas, programas de cuidadores, atención especial a personas vulnerables o la prevención del maltrato a mayores son también decisiones del ámbito político a tomar.

El antídoto: la reserva cognitiva

Aunque no podemos revertir el proceso del envejecimiento, sí podemos hacer que nuestra mente funcione a un nivel óptimo y esté libre de enfermedad o trastorno mental con una alta probabilidad. Los neurólogos recomiendan algo muy sencillo: cuida tu reserva cognitiva durante toda tu vida. La reserva cognitiva se define como la capacidad de algunas personas de tolerar la enfermedad asociada a la demencia. Se trata de un “depósito de reserva” que contiene estructuras cerebrales y mentales (órgano y función) que podrían evitar una enfermedad. Los tóxicos acaban con la reserva cognitiva, la consumen y desgastan, y por ello resulta tan relevante no abusar del alcohol ni otras drogas. Nuestra salud mental sigue siendo, con una alta probabilidad, una decisión personal que influye en nuestra sociedad y en la economía.

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